Por Rev Eli Moshe Levitansky
Hay momentos en los que uno mira hacia atrás y descubre que una historia que comenzó hace décadas recién ahora llega a completarse.
Esta es una de esas historias.
Mis padres, el rabino Avraham "Avremel" Levitansky ז״ל y la rebbetzn Levitansky, שתיבדל לחיים טובים וארוכים, llegaron a S. Mónica en 1973 para establecer allí las actividades de Jabad.
Durante los primeros años, las actividades funcionaron en distintos locales alquilados. Finalmente, en 1977, junto con los miembros de la comunidad, adquirieron una pequeña casa que se convirtió en el primer Beit Jabad de S. Mónica.
Uno de los grandes amigos y benefactores de mi padre en aquellos años fue el Sr. Semelman. Gracias a su ayuda, se concretó la compra de aquella propiedad, y juntos viajaron para entregar la llave del nuevo Beit Jabad al Rebe.
Era el 12 de Tamuz de 5737 (1977), cincuenta años después de la milagrosa liberación del Rebe anterior de la prisión soviética. Durante aquel histórico farbrenguen, presentaron la llave al Rebe.
Tres años más tarde, esa primera casa fue vendida y se adquirió una propiedad más amplia: el edificio que hasta hoy alberga a Jabad S. Mónica.
Durante más de cuatro décadas, esa propiedad fue el corazón de innumerables actividades: servicios de Shabat y de Yamim Noraim, campamentos de verano, clases para niños y adultos, farbrenguens, Kaparot y mucho más.
Pero con el paso de los años, el espacio comenzó a resultar insuficiente.
Mi padre soñaba con expandir el Beit Jabad, pero las propiedades vecinas no estaban disponibles. Así que seguimos adelante, aprovechando cada rincón y esperando la oportunidad adecuada.
Hace un tiempo, nuestra familia encontró una grabación de aquella presentación de la llave al Rebe en 1977. Habíamos oído hablar muchas veces de ese momento, pero nunca lo habíamos visto.
Y entonces descubrimos algo extraordinario.
Al aceptar la llave, el Rebe les dijo:
"Que el Todopoderoso los bendiga para que hagan lo mismo en el segundo Yovel, dentro de cincuenta años."
Nos quedamos asombrados.
Era una bendición inusual. Específica. Cincuenta años después volverían a entregarle una llave al Rebe.
Nos impresionó profundamente, aunque no teníamos idea de cómo podría llegar a cumplirse.
Hasta este año.
A comienzos de marzo, de manera inesperada, la propiedad contigua al Beit Jabad salió a la venta.
Después de décadas esperando esa oportunidad, presentamos una oferta. Tras algunas negociaciones, Baruj Hashem, fue aceptada y firmamos el contrato.
Y entonces nos dimos cuenta de algo increíble.
La compra se concretará justamente al comenzar el quincuagésimo aniversario de aquella entrega de la llave. Este Yud Beis Tamuz. 5786.
Quedamos atónitos.
Por supuesto, sabíamos que esta adquisición transformaría nuestro trabajo: duplicaría el espacio disponible, permitiría ampliar nuestros programas y haría realidad un sueño que mi padre había perseguido durante años.
Pero ahora entendíamos que era mucho más que eso.
La Brajá del Rebe se estaba cumpliendo.
Cincuenta años después, una nueva llave estaba llegando a nuestras manos.
Nos sentimos profundamente conectados con el Rebe en estos días. La bendición que otorgó a nuestro padre y al querido Sr. Semelman está cobrando vida ante nuestros propios ojos.
No existen palabras para describir lo que sentimos.
Pero sí sabemos una cosa:
Debemos completar esta adquisición. Debemos inaugurar el Beit Jabad ampliado. Y debemos entregarle la llave al Rebe.
Porque hace cincuenta años el Rebe lo dijo.
Y hoy, cincuenta años después, estamos viendo cómo sus palabras se hacen realidad.
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