Publicada para los días posteriores a Jag Hashavuot 5786
Reb Itche der Masmid solía viajar de ciudad en ciudad para recaudar fondos destinados a sostener las instituciones y la casa del Rebe Rashab, (incluso algunos años antes del liderazgo del Frierdiker Rebe).
En cada lugar al que llegaba, durante Seudá Shlishit pronunciaba un Maamar Jasidus. Pero no eran discursos breves ni adaptados al público: eran maamarim profundos, largos y exigentes, que podían extenderse por más de una hora y media.
Los baalei batim simples que asistían no tenían ni la capacidad ni las fuerzas para seguir semejante profundidad durante tanto tiempo. Poco a poco comenzaban a retirarse. Algunos se reunían en un rincón para organizar un minián de Maariv e irse a sus casas. Sin embargo, Reb Itche continuaba diciendo el maamar hasta el final, completamente ajeno a lo que ocurría alrededor suyo.
En uno de esos viajes lo acompañó Reb Simja Gorodetsky. Al ver la situación, le sugirió discretamente:
—Tal vez esta vez permita que yo diga el maamer, y luego usted entre a recaudar los fondos.
Reb Itche aceptó.
Aquella vez, Reb Simja pronunció un maamar breve, claro y conciso. Los presentes quedaron muy satisfechos e inspirados por lo que escucharon. Más tarde, cuando Reb Itche pasó a recaudar, los baalei batim entregaron las donaciones con gran entusiasmo y generosidad, mucho más de lo habitual.
Al ver el éxito de la estrategia, Reb Itche comentó:
—¡ Oib Azoi... Si es así, acompáñame siempre y hagamos esto en cada viaje!
Cuando regresaron, entraron a yejidut a lo del Rebe Rashab y le relataron todo lo sucedido: cómo habían decidido “invertir” los roles, cómo el público había reaccionado favorablemente y cómo las sumas recaudadas se habían multiplicado.
Pero, para sorpresa de ambos, el Rebe Rashab no se mostró conforme.
Con tono serio dijo:
—Reb Itzjok es un איש רוחני -ish rujni-. Su tarea es ocuparse de Jasidut. ¡Y ese no es tu Shlijus!
Con esas palabras dio por terminado el yejidus.
La expresión quedó resonando profundamente en Reb Simja. ¿Qué significaba realmente ser un “ish rujní”? Quiso preguntar más, pero no encontró el momento adecuado.
Poco tiempo después, el Rebe Rashab falleció y el Frierdiker Rebe asumió el liderazgo. Reb Simja continuó siendo enviado en distintos shlijuyot, y en una de esas oportunidades sintió que finalmente había llegado el momento oportuno para formular aquella vieja pregunta.
Entró al Frierdiker Rebe y le relató toda la historia con Reb Itche der Masmid. Luego preguntó:
—¿Qué quiso decir el Rebe Rashab cuando dijo que Reb Itzjok era un “ish rujni”?
El Frierdiker Rebe no respondió.
Pasaron algunos días.
Una noche, en plena Rusia soviética, en aquellos años oscuros de hambre, persecución y sufrimiento, se cortó la electricidad. El Frierdiker Rebe hizo llamar a Reb Simja y lo hizo entrar en su habitación. Luego se acercó a la ventana y le dijo:
—Asómate. ¿Qué ves allí?
—No veo nada, Rebe. Solo oscuridad.
—Mira bien —insistió el Rebe—. ¿No ves?
Reb Simja volvió a observar, pero seguía sin distinguir absolutamente nada.
Entonces el Rebe le dijo:
— En aquella casa, en este mismo momento, varios jasidim están estudiando Tania juntos. Estoy seguro de que en las últimas veinticuatro horas no probaron un trozo de pan. Quizás hayan comido alguna verdura o algo pequeño, pero pan no. Sin embargo, el shiur de Tania no lo interrumpen por nada.
El Rebe permaneció unos instantes mirando hacia la oscuridad y luego continuó:
— Ahora mismo está saliendo una luz inmensa de esa casa. Un ish rujní podría ver esa luz claramente saliendo de ese hogar.
*
La historia deja una enseñanza profunda sobre qué significa realmente ser una persona espiritual.
Reb Itche der Masmid no buscaba “éxito” ni popularidad. Aunque la gente se fuera en medio del maamar, él seguía diciendo Jasidut con la misma seriedad y verdad. Porque para un ish rujní, el Jasidut no es una herramienta para impresionar o convencer, sino una verdad viva que debe ser transmitida con pureza.
Y quizás la enseñanza más actual para nosotros, especialmente ahora que acabamos de salir de Shavuot, el momento de la entrega de la Torá:
Aquellos jasidim vivían en una pobreza indescriptible. No tenían pan para comer, soportaban frío, oscuridad y persecución… pero el shiur de Tania no se suspendía por nada. Porque entendían que un shiur de Torá no es simplemente “una clase”: es una fuente de vida, una luz espiritual que ilumina el mundo entero.
El Frierdiker Rebe revela que de aquella pequeña casa salía una luz inmensa. Una luz real. Invisible para ojos comunes, pero completamente perceptible para un verdadero ish rujni.
También nosotros debemos asumir nuestros shiurim (o comenzar un nuevo Shiur de Torá) con esa seriedad y ese compromiso. Que el estudio de Torá sea algo fijo, intocable, vivo. “No se corta por nada”. Y cuando un grupo de iehudim se reúne para estudiar Torá con constancia y entrega, esa luz no queda encerrada entre cuatro paredes: ilumina toda la ciudad, y especialmente llena de brajá, kedushá y claridad a las familias y hogares de quienes participan.
Fuente: Teshura Farkash 5777
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