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jueves, 18 de abril de 2024

Los invitados sorpresa - Maise para Yud Alef Nisan 5784 - Cumpleaños del Rebe


Miércoles por la noche, Rosh Jodesh Nisan 5760 (Abril del 2000). La Seudá y fiesta de casamiento en Boca Ratón aún no había comenzado, la flamante pareja, Reb Menajem Mendel Gutnick y Ester Biston, estaban todavía ocupados en sus respectivos preparativos. Sin embargo, la banda tocaba alegres melodías y muchos invitados ya estaban acomodándose en las elegantes mesas. El padre de la Kalá, Reb Yosef Biston, uno de los principales Shlujim de Jabad en esa región de Florida, caminaba por el salón entre las mesas; con el rostro radiante y el corazón rebosante de felicidad, estrechaba la mano y abrazaba a los invitados que se hacían presentes en el salón. Los invitados también estaban llenos de emoción y alegría; eran muy conscientes de los largos años que los Biston habían estado casados esperando con ansias tener familia hasta que naciera su hija.

De repente, el rabino Biston divisó entre los invitados a Y.H., que vivía en Flatbush (Brooklyn) y era un viejo amigo de su padre. Se sorprendió bastante al verlo. Aunque le había enviado una invitación, su relación no era tan estrecha como para esperar que hiciera el largo viaje desde Nueva York a Florida.

Después de intercambiar saludos cordiales y Mazeltov's, el rabino Biston dio rienda suelta a su curiosidad. "¿Qué mérito tengo para que se moleste tanto y haya hecho semejante viaje?", le preguntó. Y.H. sonrió intrigantemente. "No tengo dudas, esta historia te resultará verdaderamente extraordinaria."

"Todo comenzó hace unos veinte años, el año anterior al nacimiento de la novia. Como sabes, tu padre y yo fuimos amigos cercanos durante muchos años. Por supuesto, fui invitado a tu boda. Pasaron varios años y aún no tenían ustedes la suerte de ser bendecidos con hijos. Empatizaba con tu dolor y el dolor de tu familia, y seguía preguntándome si había algo que pudiera hacer para ayudarte.

Una noche, de repente tuve una idea. Iría a lo del Rebe de Lubavitch y le pediría una Broje para ti, a pesar de que yo mismo no sea un jasid. ¡Así como lo pensé, lo hice! Conduje hasta Crown Heights, al Shul principal en 770 Eastern Parkway, y esperé a que el Rebe saliera de su oficina para irse a su casa. Tomó aproximadamente una hora. Cuando el Rebe salió, rápidamente me acerqué y le pedí: 'Por favor, una Broje para hijos para Yosef Itzjak ben Svetta Guitel y Beila Rajel bat Devora."

"El Rebe inmediatamente me corrigió: 'Bat Devora Leah'. Luego añadió: 'Ya tienen una Broje'.

"Como dije antes, no soy un Jabadnik, así que me permití un poco de Jutzpe (descaro) y le dije descaradamente: 'Rebe, una Broje no es suficiente. ¡Necesitamos una Habtoje (promesa)!'

El Rebe guardó silencio durante unos segundos. A mí me pareció una eternidad. Luego alzó sus ojos y, mirándome intensamente, dijo, y estoy citando textualmente: 'Tú y yo bailaremos en la Jásene'.

"Me sorprendieron mucho sus palabras, por lo que respondí en el momento: '¿Pero no es sabido que el Rebe nunca asiste a fiestas de casamiento?' El Rebe sonrió. "Pero en esta boda estaré."

"Ese fue el final de nuestra conversación, y quiero que sepas que hasta este momento, nunca se la conté a nadie."

"Menos de un año después de aquel encuentro nació tu hija. Pasaron muchas cosas desde entonces. Tu padre falleció. La conexión entre nuestras familias se fue debilitando. Incluso olvidé aquella extraordinaria conversación con el Rebe.

Hace unas dos semanas recibí la invitación a la boda de Esti. Me alegré mucho al enterarme la buena noticia, y más aún de que todavía te hayas acordado de mí. Pero ni se me pasó por la cabeza la idea de asistir. Y aunque sí se me hubiese ocurrido, tampoco podría darle mucha importancia: últimamente mi situación financiera se ha vuelto extremadamente complicada y no había manera de que pudiera conseguir el dinero para un pasaje a Florida y además estadía (un alojamiento en un hotel).

"Entonces, ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Y cómo llegué aquí? Escucha bien."

El Shabat pasado, viernes por la noche tuve un sueño. Vi al Rebe y a tu difunto padre, Reb Yudel, parado junto a él. El Rebe me miró y me dijo: 'Te prometí que nosotros bailaremos en la jásene. Ahora te toca a ti cumplir tu parte." Entonces me desperté, pero no le atribuí mucho significado al sueño. Como dice el Talmud, "la mayoría de los sueños no tienen sentido", pensé.

Pero el sábado por la noche volví a tener un sueño, aunque esta vez el Rebe se me apareció sin tu padre. Me dijo: '¿Por qué no te estás organizando para viajar a la boda de los Biston?' En el sueño le respondí diciendo: "No tengo dinero para viajar a Florida. No tengo plata para nada."

La respuesta del Rebe fue inmediata. "Los jasidim nunca se han preocupado por el dinero en tales situaciones". 'Pero no soy un josid', me resistí recatadamente. "¡Sí lo eres!", afirmó el Rebe con firmeza.

"La noche siguiente, el domingo, soñé por tercera vez. El diálogo entre el Rebe y yo fue muy parecido a la segunda noche, pero esta vez el Rebe terminó con las palabras: 'El dinero ya está disponible, de alguna manera u otra.'

"Aunque se había repetido tres noches seguidas, seguí descartando los sueños, como un mero producto de mi imaginación. El lunes, cuando me dirigía a mi oficina, me encontré con un amigo del círculo empresarial, que trabajaba cerca de donde yo trabajaba. '¿Qué te pasa, querido? Me preguntó con genuino interés por un colega. "Te ves preocupado."

"'Nada inusual, sólo problemas financieros como todos los demás', me encogí de hombros.

"'Escucha, haceme caso', me instó mi amigo enérgicamente. 'Lo que necesitas son unas vacaciones. Andate a algún lado por unos días y olvídate de tus problemas. Ya verás, hará una gran diferencia'.

Sonreí con tristeza. No tenía ni siquiera suficiente dinero para cubrir la semana, el día a día, ¿y él me está hablando de tomarme unos días y gastar un dineral en unas vacaciones?

Supongo que mis pensamientos eran obvios. Ciertamente mi amigo los leyó correctamente. Deslizó su mano en su bolsillo y sacó 400 dólares. "Toma esto", ,me dijo, ofreciéndome el dinero. "Incluso si te vas por sólo un día ayudará.'

Por supuesto, no quise aceptar el dinero, aunque sabía que era un hombre bastante pudiente. Pero fue muy insistente, de una manera que negó cualquier posibilidad de discusión.

Le agradecí y seguí con mi día. Cuando llegué a casa, antes de que pudiera contarle a mi esposa lo sucedido, ella me dice: '¿Por qué no llamas a Biston de Florida y les deseas Mazel Tov? ¿No te acuerdas? ¡Su hija se casa en dos días!

En ese instante todos los hilos se entrelazaron: la promesa del Rebe veinte años atrás, los tres sueños, mi generoso amigo, el recordatorio de mi esposa... Así que aquí estoy, en la boda de tu hija en Boca Ratón."

Mientras hablaban, el primer plato ya estaba servido y terminado. Se dio la señal y la banda comenzó con una melodía alegre tradicional: ¡los novios estaban a punto de entrar! El Jatan fue rápidamente alzado sobre los hombros de sus amigos. Pero el rabino Biston, en lugar de dejarse levantar también, como se esperaba, llevó a Y.H. de la mano y lo llevó al centro de la ronda que giraba enérgicamente. Bailaron juntos delante de su nuevo yerno, y bailaron y bailaron y bailaron. Cuando casi todos los demás se cansaron, incluyendo los jóvenes, ellos seguían bailando, y con ímpetu. La banda también necesitaba hacer un descanso, pero ellos mantenían valientemente su acompañamiento animado.

La sala estaba llena de curiosidad. ¿Por qué el padre de la novia bailaba durante tanto tiempo con alguien que no era un pariente directo? ¿Y quién era este extraño? Nadie podía adivinar el secreto de la pareja de bailarines... ¡porque sólo ellos dos estaban percibiendo que no eran un par, eran tres bailando allí.
"Tú y yo bailaremos en la boda".


[Traducido y adaptado por Yerajmiel Tilles de Sijat HaShavua #704]

Carta del Rebe a todo Am Israel para Pesaj (11 de Nisan 5734) - Traducida Pesaj 5784

Carta Rebe Pesaj 5784-2024 

Las Matzot extra que pidió el Rebe de Vishnitz

Rabi Eliezer Zushe Portugal (1896-1982), el Skulener Rebe, fue el Rebe de un pequeño pueblo, Sculeni, en lo que era entonces el noreste de Rumania (ahora Ucrania). Hacia fines de la Segunda Guerra Mundial, en marzo de 1945, se encontraba, junto con otros sobrevivientes del holocausto y personas desplazadas, en la ciudad de Czernovitz, Bukovina, gobernada por Rusia. Aunque Alemania no se rendiría oficialmente sino hasta el 7 de mayo, gran parte de Europa del Este ya había sido liberada por el ejército ruso.

Pesaj estaba a unas pocas semanas de distancia. Aunque algunos alimentos de Pesaj podían conseguirse proporcionadas por organizaciones benéficas, el Rebe procuró conseguir trigo que pudiera hornear para Matzá Shmurá, debidamente cuidada y tradicionalmente horneada. A pesar de la opresiva situación económica de los judíos, logró hornear un número limitado de estas Matzot. Envió un mensaje a otros Rebes de la región, ofreciéndoles a cada uno tres Matzot.

Una semana antes de Pesaj, Rab Moshe Hager, hijo del Rebe de Seret-Vizhnitz, vino por las Matzot que le habían ofrecido a su padre, Rabi Boruj Hager. Después de recibir las tres Matzot asignadas, le dijo al Skulener Rebe: “Sé que ud. ha enviado un mensaje de que solo entregaría tres Matzot, pero no obstante mi padre, el Rebe de Seret-Vizhnitz, me dijo que necesitaba seis Matzot." El Skulener Rebe sintió que no le quedaba más remedio que cumplir el pedido, muy a su pesar.

El día víspera de Pesaj, Rab Moshe regresó a lo del Skulener Rebe y le dijo: "Quiero devolverle tres Matzot."

"Pero no entiendo. Pensé que tu padre tenía que tener rotundamente seis Matzot."

"Mi padre además me indicó preguntarle (a usted)si se había guardado alguna Matzá Shmura para usted mismo."

 El Skulener Rebe respondió, un poco avergonzado: "¿Cómo podría hacerlo cuando tantos otros las necesitaban?"

"Mi padre asumió que eso es exactamente lo que haría", explicó Rab Moshe. "¡Estas tres Matzot son para usted!"

Matzá Shmurá para el florista

A.G. de Ierushalaim cuenta lo siguiente:

"Como todos, yo también estoy ocupado los días previos al Jag con la limpieza de la casa, las compras, y todo eso. Una de las etapas finales de la renovación de la casa, después de que todo está más o menos listo para el Jag, incluyendo la cocina, es cambiar las macetas del living y del balcón en honor al Yom Teb. Dicen que si Pesaj empezaría una semana más tarde, igual habría algo que queda por hacer a último momento.

Fuimos a una florería donde compramos de vez en cuando, cerca de Ierushalaim. El dueño del negocio nos saludó amablemente, como siempre, y mientras su empleada estaba ocupaba combinando coloridas flores de distintos tipos en macetas y ramos, iniciamos una amistosa conversación.

Aquí precisamos hacer una introducción: hace unos días, escuché una historia contada por el Gran Rabino y Sheliaj de Rusia, Rab Berel Lazar:

"Una vez, vino un Yehudi al Rebe antes de Yud Alef Nison (el 11 de Nisan) y le dijo al Rebe que quería darle un cheque abierto por el monto que el Rebe determine, como regalo para el cumpleaños del Rebe. El Rebe le dijo que si quería hacerle un regalo, que done ese dinero para la distribución de Matzá Shmurá. El judío quedó asombrado y le explicó al Rebe que quería hacer algo grande! El Rebe le respondió: "¡Estoy hablando de algo muy grande! Que todo judío reciba una Matzá Shmurá."

'No', insistió el judío, 'estoy hablando de algo grande, un gran edificio, una gran institución, construir algo enorme, como regalo de cumpleaños'. El Rebe respondió: "Grandes edificios - hay en Williamsburg, el regalo que me puedes dar es hacerle llegar a otro judío una Matzá Shmurá."

Entre todos los preparativos para Pesaj, la historia me "atrapó". ¿Qué hace feliz al Rebe, qué es una "gran cosa"? No hay necesidad de dar vuelta el mundo, ¡solo entregar una Matzá Shmurá (Avodat Yad)! Sin edificios y sin demasiado esfuerzo. Sólo que llegue la Matzá a otro judío... eso es todo. Una revolución conceptual, si lo piensas un poco.

Es cierto, hay muchos Shlujim para quienes repartir Matzá es una parte integral de su agenda antes de Pesaj, pero para mí, que vivo en un barrio observante de Ierushalaim, no me encuentro todos los días con alguien que necesite una Matzá para la noche del Seder.

Pensé para mis adentros: "¿Tal vez debería ofrecerle al vendedor de flores Matzot?" Pero luego, pensándolo bien, me dije a mi mismo: “No puede ser que en una zona con una población observante tan grande nadie le haya ofrecido… ¿Quizás ya lo 'cargaron' de Matzot? Después de todo, la mayoría de sus clientes son judíos religiosos, así que quedaría en ridículo... Sin embargo, me volví hacia él y le pregunté: "¿Tiene Matzá Shmura para la noche del Seder?"

Al escuchar mi ofrecimiento, se mostró muy entusiasmado. "¿Hablas en serio? No tengo en realidad y me gustaría francamente tener alguna Matzá Shmurá para la noche del Seder", respondió emocionado.

Como esto no estaba en mis planes, como fuera mencionado, le prometí que mañana vendría especialmente y le traería tres Matzot Shmurot Mehudarot.

A la mañana siguiente, empaqué 3 Matzot en una bolsa pequeña y me dirigí al local. Aunque se lo había prometido el día anterior, se veía completamente sorprendido. Quizás hoy no todas las promesas dicen mucho... Le di un fuerte abrazo y le entregué las Matzot. 

No dijo nada, sólo me miró a los ojos. Lágrimas corrían por los suyos.  Luego de unos instantes corrió emocionado con el paquete de Matzot para mostrárselo a todos en el negocio. "¡Tenemos Matzá Shmurá...!"

"El regalo que me pueden dar es hacerle llegar a otro judío una Matzá Shmurá."

martes, 19 de marzo de 2024

Un Ángel de Mil - Maise del Rebe Rayatz cuando llegó a América (9 de Adar)

A principios de la década de 1940, Rab Shmariahu Gurary ז"ל que estaba casado con la mayor de las tres hijas del sexto Rebe de Lubavitch, Rabi Yosef Itzjak (Rayatz), fue enviado por su suegro a un Shlijut específico a Toronto junto con el rabino Shlomo-Aharon Kazarnovsky. Llegaron y encontraron la ciudad completamente paralizada por una tormenta de nieve. La profunda nieve lo había enterrado prácticamente todo y los vientos tormentosos azotaban las calles. Al no disponer de ningún tipo de transporte, se vieron obligados a refugiarse en un hotel cercano.

Varios jasidim y allegados a Lubavitch se dirigieron al lugar donde se alojaban para recibir y saludar a los distinguidos invitados de su ciudad. Entre ellos se encontraba un prestigioso rabino local, un destacado estudioso de la Torá en la ciudad, quien expresó su gran respeto y estima por el Rebe Rayatz y lo explicó con una historia asombrosa.

"No hace mucho, uno de los miembros de mi Shul, Reuven, un hombre rico, cayó gravemente enfermo. En realidad, sucedió en el Shul, en Shabat. Lo llamaron para una Aliá, y en su camino a la bimá sufrió un derrame cerebral! (ר"ל) Llamaron a una ambulancia y lo llevaron rápidamente al hospital.

Tan pronto como pude después de Shabat, fui a visitarlo. Cuando llegué a su piso, me encontré con los familiares que se habían apostado en la habitación contigua a la del paciente. Me contaron los detalles preocupantes de su condición: Además de tener una pierna paralizada, apenas podía hablar.

Su estado de ánimo era realmente sombrío. La situación del padre de familia ya era motivo suficiente. Pero además, su hijo iba a casarse, y debido al repentino y trágico acontecimiento, tuvo que posponer su boda.

Me advirtieron que no entrara en la habitación. Sin embargo, el paciente escuchó mi voz mientras hablaba con ellos y le pidió a su enfermera que me hagan entrar.

"Tan pronto como me vio, logró decir: 'Escuché que el Lubavitcher Rebe ahora vive en los Estados Unidos.'

"Es cierto", respondí. Llegó en el 5700 (1940). [El 9 de Adar II]."

"'¡Por favor!' -imploró, jadeando las palabras. 'Escríbele de mi parte y pregúntale qué puedo hacer para salvarme de esta espantosa enfermedad y recuperar mi salud.'

Por supuesto que accedí a su pedido. Tan pronto como llegué a casa, envié un telegrama urgente. La respuesta del Rebe llegó enseguida, también por telegrama expreso. Me indicó que le dijera al afligido hombre que una rama de la Yeshivá Tomjei Temimim de Lubavitch se estaba estableciendo en Montreal y que debía donarle $1000, porque 'Tzedaká salva de la muerte'. Específicamente mil, ya que el ángel [defensor creado por la Mitzvá] de [dar] cien es incomparable al ángel de mil, como dice [en el Libro de Iyob], אִם יֵשׁ עָלָיו מַלְאָךְ מֵלִיץ אֶחָד מִנִּי אָלֶף 
'Si un hombre tiene un intercesor, ángel, uno de mil...'. En este mérito, se recuperará y podrá utilizar plenamente sus piernas", concluyó el Rebe.

"Me apresuré a regresar al hospital con la carta del Rebe en la mano. Todos los familiares todavía estaban allí. Cuando la esposa del paciente me vio, dijo sorprendida: '¡Qué! ¿Ya recibiste una respuesta del Rebe?'

Le conté lo que el Rebe había dicho. Su hermano, que también había venido de visita, escuchó. Le comentó sarcásticamente: '¡Ah! Ya han comenzado a tratar de sacarle dinero. Ya sabes cómo son esta gente.'

"No me molesté en responderle. En cambio, entré directamente al paciente. Le dije lo que había escrito y que el Rebe había respondido de inmediato. Luego le leí la carta del Rebe. Cuando terminé, se volvió a su hijo, que había estado de pie junto a su cama todo el tiempo. '¡Hijo!' dijo, tan enfáticamente como pudo: "¡Quiero vivir! Por favor, toma mil dólares y entrégalos personalmente en Montreal, a la dirección que te indique el rabino."

"El hijo, cuyo matrimonio fue pospuesto, hizo exactamente lo que su padre le pidió, sin dudarlo. Unos días más tarde, un médico del hospital, conocido por ser un destacado especialista en este problema en particular, vino a hacerle un examen. Le despejaron la habitación y permaneció algún tiempo solo con el hombre postrado en cama. Cuando salió, con el rostro furioso, se dirigió directamente a los familiares del paciente, que aún mantenían su fiel vigilia.

"'¿Quién les dio permiso para traer a un médico externo y que iniciara el tratamiento?' -preguntó. 'Y sin informarme, nada menos. ¡Esto es indignante!'

Los familiares se miraron unos a otros y luego volvieron a mirar al médico, completamente perplejos: 'Doctor, por favor, no sabemos de qué está hablando. No hemos consultado a ningún otro médico ni sabemos de qué tratamiento adicional está hablando.'

"Si es así', respondió el médico en un tono más calmo, pero con un persistente tono de sospecha, 'entonces aquí se ha producido un milagro. El estado del paciente ha cambiado radicalmente. Ya no hay signos internos de la enfermedad. No lo puedo entender. Si sigue así, le daremos el alta muy pronto."

Y eso es lo que sucedió. Poco después fue dado de alta, y aunque necesitaba muletas para ayudarlo a caminar, no pasó mucho tiempo antes de que pudiera descartarlas. Su condición continuó mejorando rápidamente hasta curarse por completo.

La boda reprogramada se celebró con una alegría excepcional.


Fuente: "Shmuot Vesipurim" de Reb Fole Kahn que oyó la historia directamente de Reb Shlomo Aharon Kazarnovsky.
Traducido por JasidiNews
 
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martes, 12 de marzo de 2024

Maamar Im Ruaj Hamoshel 5684 en Español

Maamar Im Ruaj Hamoshel 5695

sábado, 2 de marzo de 2024

La cadena de Méritos de una Mitzvá

Todas las mañanas el carnicero observaba el modo de proceder del Shamesh, y un deseo y envidia sana comenzó a invadirlo por dentro, hasta que se dirigió al Shamesh y le ofreció un trato.


Esto sucedió en la ciudad de Donaiska Strada (Serdhely como la llamaban los Yehudim) al sur de Eslovaquia. Muy temprano por la mañana el Shamesh se ocupaba de encender las lámparas de aceite del Shul. Y cómo lo hacía... Era un yehudi temeroso de Hashem, y un Oived Hashem con sinceridad y simpleza, cuando se disponía a encender las lámparas primero se ceñía su Gartl y rezaba una pequeña y emotiva plegaria que él mismo había compuesto: "Leshem Ijud Kudsho Brij Hu Ushjintei, me dispongo a encender e iluminar el Beit Hakneset."
Y agregaba: “Yehi Ratzón, que sea considerado como si hubiera puesto todas las Kavanot e Ijudim en este encendido que pensaba el Kohen Gadol cuando encendía las Nerot del Beit Hamikdash."

El carnicero también solía madrugar, ir al Shul y leer capítulos de Tehilim. El carnicero era un hombre sencillo y común, y no sobresalía en Torá o Jasidut. Sin embargo, cuando veía al Shamesh en su proceder, se llenó de un sentimiento de Kedushá y de una envidia sana por el gran privilegio que le había tocado al Shamesh.
Como hombre de acción, se volvió hacia el Shamesh y le ofreció un trato: "Te pagaré un Dorado por cada día que me cedas el derecho a encender las lámparas del Shul."

El Shamesh se encogió de hombros. "No me interesa el dinero, la Mitzvá no está a la venta", respondió brevemente. Pero el carnicero no desistió. Al día siguiente regresó al Shamesh y formuló la misma oferta. Y así también los días siguientes.

En aquellos días vivía en la ciudad el rabino Yehuda Asad, uno de los más grandes rabinos de Hungría. Cuando el Shamesh vio que el carnicero no lo dejaba, decidió llevar el asunto a la decisión del Rab.

Después de considerar el asunto, el rabino dictaminó: "Si, tal como dices, todas tus acciones son sólo Leshem Shamaim, de forma desinteresada y no para recibir una recompensa, entonces Ahabat Israel también es una gran Mitzvá. Mi consejo, por lo tanto, es que cedas el privilegio de encender las lámparas al carnicero." E inmediatamente continuó: "Pero no uses el dinero que recibas del carnicero, sino guardalo en una caja especial. Un día te garantizo que podrás usar el dinero para alguna otra Mitzvá."

Aunque la Mitzvá le era muy preciada, aceptó la decisión del rabino al respecto. Desde entonces, todos los días el carnicero se presentaba en el Shul a la hora indicada, le pagaba al Shamesh una moneda de oro y encendía las lámparas.

El carnicero no sabía nada de la participación de Rabí Yehuda Asad en el asunto, y que todo se realizaba bajo su instrucción. 

El Shamesh también cumplió la segunda parte de las indicaciones del Rab. Las monedas que recibió las fue guardando en una caja especial que se seguía llenando todos los días. Nunca sacó de allí una sola moneda.

Pasaron unos años. Mientras tanto, la situación financiera del carnicero empeoró, luchaba por su sustento. Su angustia aumentó aún más cuando llegó el momento de casar a su hija. A pesar de todos sus esfuerzos, no pudo reunir los honorarios de la dote que se había comprometido a pagar.

Una mañana el Shamesh lo ve al carnicero llorando amargamente. Le pidió una explicación, y el carnicero le contó que la suerte le había dejado de brillar
 "¿Qué haré? ¿Cómo llevaré a mi hija a la Jupá?", se preguntaba con dolor. "¡He prometido una dote y mi corazón está lleno de preocupaciones por la reacción de la familia del novio!"

El Shamesh corrió hacia Rabí Yehuda Asad y le contó lo que había oído del carnicero. "Por favor, tráeme la caja de Dorados que fuiste juntando", le dijo el Rab.

Un rato más tarde el Shamesh tenía en sus manos la caja llena de monedas.  "Vayamos juntos al carnicero", le dijo el Rab. Se puso el abrigo y salieron en dirección a la carnicería.

El carnicero se sorprendió al ver al Rab y al Shamesh de repente en la puerta de su local. "¿Cuál es la suma que te comprometiste?", le preguntó el rabino al carnicero. El hombre mencionó el monto que necesitaba y el Rab ordenó al Shamesh: "Abre la caja y vacía su contenido sobre la mesa."

Después de hacerlo, se le pidió que cuente las monedas. El Shamesh contó las monedas ante los ojos del Rab y ante los ojos del carnicero: el monto total de las monedas de oro coincidió exactamente con el monto de la dote que el carnicero prometió a sus consuegros.

"Ahora ha llegado el momento de que los dorados cumplan su destino", le dijo el rabino al Shamesh. "Después de que fueron utilizadas una vez para la Mitzvá de encender las velas del Shul, ha llegado el momento de que sean usadas para otra gran Mitzvá. Dáselas al carnicero, para que pueda casar con honor a su hija y llevarla a la Jupá con un corazón contento." El Shamesh hizo lo que le ordenó el rabino sin decir una palabra.

Rabí Yehuda Asad contaba la historia con admiración a sus alumnos y les decía: "Vean el Tmimut, la inocencia y rectitud del Shamesh, que aceptó renunciar a una Mitzvá que amaba y apreciaba tanto. Y vean cómo una Mitzvá realizada con Kavaná, leshem Shamaim, produjo y llevó a otras Mitzvot, como Ahabat Israel, Tzedaká y Hajnasat Kalá."


Fuente: Sijat Hashabua #1938 (Tetzave 5784)
Traducido por JasidiNews.

©JasidiNews 
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domingo, 25 de febrero de 2024

El niño cantante y sus amigos - Maise del Baal Shem Tov - (Purim Katan)



Purim en Mezhibuzh, el hogar del Baal Shem Tov, era un Purim único, sin comparación. Miles de personas venían de cerca y de lejos y no fueron sólo las grandes cantidades de comida y bebida lo que atraía a estas enormes multitudes. A lo largo del día, la Torá que fluía de los labios del Baal Shem Tov como agua que brota de un arroyo puro, y sus palabras calentaban los corazones de sus seguidores como el mejor vino.

Un tema de los favoritos para desarrollar era, por supuesto, Hamán, el villano de la historia de Purim, y su antepasado Amalek, el eterno enemigo del pueblo judío. Pero el Baal Shem Tov no estaba interesado en simplemente dar una lección de historia.

"Amalek todavía sigue vivo hoy", advirtió el Baal Shem Tov a sus jasidim. "Cada vez que experimentas una preocupación o duda sobre cómo Di-s está manejando el mundo, ese es Amalek lanzando un ataque suyo contra tu alma. Debemos borrar a Amalek de nuestros corazones cada vez que - y dondequiera - ataque para que podamos servir a Di-s con completa alegría."

Con eso, el Baal Shem Tov descendió entre la multitud y comenzó a mirar los rostros ansiosos de sus seguidores. Finalmente se encontró con un niño pequeño, hijo de Reb Meir Margolis de Lemberg. El Baal Shem Tov tomó al niño de la mano y lo llevó hasta la plataforma elevada en el centro de la multitud.

"Shoul, canta para los jasidim", le ordenó alegremente el Baal Shem Tov. "Muéstrales cómo servir a Hashem con un corazón puro y con total alegría."

El niño, que tenía una voz muy dulce, estaba ansioso por complacer al Tzadik. Como era Purim, comenzó a cantar la canción "Shoshanas Yaakov", que se canta después de la lectura de la Meguilat Ester. Mientras el niño cantaba, uno por uno los jasidim comenzaron a cerrar sus ojos y dejar que sus almas se dejaran llevar por la hermosa melodía. Animados por las palabras y su promesa de salvación, los corazones de los jasidim se llenaron de una gran alegría.

Finalmente el niño llegó al final de la canción y la multitud, de mala gana, se veía obligada a regresar a este mundo. Sin embargo, incluso el Baal Shem Tov se mostró reacio a dejar ir a este niño. Cuando Purim terminó, le pidió al padre que lo dejara permanecer en Mezhibuzh para Shabat.

Reb Meir se sintió honrado de que el Baal Shem Tov le haya tomado cariño a su hijo. También estaba seguro de que debía haber algún significado más profundo en la petición del Tzadik. Aun así, el niño aún no tenía cinco años y por eso al padre le preocupaba que el niño pudiera asustarse al quedarse solo con extraños.

"Por favor, no te preocupes, Tati", tranquilizó el niño a su padre. "Quiero quedarme aquí para Shabat. Prometo que incluso si me siento solo, no lloraré."

Ese Shabat transcurrió agradablemente, aunque los jasidim se preguntaban en secreto qué habrá detrás de la petición de su Rebe. El Baal Shem Tov se sentó con el pequeño Shaul y estudió Torá con él, y Shaul cantó una canción en cada una de las comidas. Pero si había algún misterio más profundo, no podían verlo.

Después de Shabat, el Baal Shem Tov llamó a dos de sus principales discípulos y el pequeño grupo escoltó personalmente a Shaul de regreso a Lemberg. La carreta viajaba velozmente por las carreteras cubiertas de nieve y los viajeros, como de costumbre, iban a muy buen ritmo.

Cuando los caballos tomaron una curva en el camino, los viajeros de repente vieron y oyeron señales de vida más adelante. Se acercaban rápidamente a una pequeña posada, desde donde se oían cantos y risas de borrachos.

"Detén el carruaje", gritó el Baal Shem Tov a su conductor.

Los dos seguidores del Baal Shem Tov se sorprendieron -y no se sorprendieron- por el comportamiento del Rebe. A simple vista no había nada inusual en la posada y, por lo tanto, no había razón para detenerse. Por otro lado, sabían que nada era lo que parecía cuando viajaban con el Baal Shem Tov.

El Baal Shem Tov tomó a Shaúl de la mano y entró en la posada, seguido por los dos jasidim. Los campesinos borrachos, que continuaban con sus cantos bulliciosos, no se percataron de los recién llegados. El Baal Shem Tov examinó cuidadosamente la escena durante unos momentos. Luego aplaudió ruidosamente y gritó: "¡Silencio!"

El grupo quedó tan sorprendido por esta inesperada interrupción que instintivamente obedecieron.

"¿Quieren escuchar un verdadero canto?" —tronó el Baal Shem Tov. "Escuchen a este chico cantar. Entonces sabrán lo que es cantar de verdad."

El Baal Shem Tov llamó a Shaul para que comenzara a cantar "Shoshanas Yaakov". El niño obedeció de inmediato, aunque no estaba seguro de por qué tenía que cantar su hermosa canción frente a todos estos campesinos borrachos. Pero por pequeño que fuera, Shaúl confiaba en el Baal Shem Tov y trató de llevar a cabo la orden del Tzadik de la mejor manera posible.

El niño concentró todos sus pensamientos en la letra y la melodía. Cantó más bellamente que nunca antes en su vida e incluso en estos lugares poco probables sus esfuerzos no pasaron desapercibidos. A pesar de su estado de ebriedad, los campesinos quedaron visiblemente conmovidos por el canto del niño y escucharon en respetuoso silencio hasta que llegó a la última nota de su canción.

Luego, el Baal Shem Tov hizo un gesto a tres jóvenes muchachos que habían estado jugando en un rincón de la posada a que se acercaran.

"¿Cómo te llamas?" preguntó el Baal Shem Tov a uno de ellos.

"Iván", respondió el muchacho.

"¿Y vos?" preguntó el Baal Shem Tov al segundo.

"Stefan", dijo el niño.

"Y tú, niño, ¿cómo te llamas?" dijo el Baal Shem Tov al tercero.

"Antonio", respondió el muchacho.

"Chicos, quiero presentarles a mi amigo", dijo el Baal Shem Tov, mientras acercaba a Shaul. 'Éste es Shaúl. ¿Les gustó su canto?"

"Oh, sí", exclamaron alegremente los muchachos campesinos.

"¿Les cayó bien Shaul?" continuó el Baal Shem Tov.

"Sí", respondieron los chicos.

"Bien, me alegra que les agrade mi amigo", dijo el Baal Shem Tov. "Pero por favor prométanme una cosa. Prométanme que siempre les agradará mi amigo Shaul y que siempre serán amables con él".

Los muchachos campesinos prometieron lo que dijo el Baal Shem Tov. Luego, sin más preámbulos, el Baal Shem Tov le indicó a su grupo que partiera.

Los jasidim y Shaúl rápidamente subieron al carruaje. El Baal Shem Tov llamó a su conductor para que condujera directamente a Lemberg y el viaje continuó sin más interrupciones.

Pasaron muchos años y el incidente quedó en el olvido.

Shaul, que ahora era un destacado erudito y un exitoso hombre de negocios, viajaba nuevamente por un camino cubierto de nieve, pero sus pensamientos estaban muy lejos de cantar canciones. Debido a cuestiones de negocios, se había visto obligado a viajar durante el ayuno de Ester que ocurre el día antes de Purim y ahora tenía prisa por llegar a casa a tiempo para la lectura de Meguilá.

Además de sus preocupaciones sobre llegar a casa a tiempo para cumplir la Mitzvá, también había otras preocupaciones. Las sombras se alargaban rápidamente y un peligroso sector de bosque se extendía entre él y su ciudad. Como este bosque era el lugar favorito de los bandidos, Shaul instó a su caballo a galopar aún más rápido. Pero sus esfuerzos por llegar a casa no tuvieron éxito. Cuando estaba aproximadamente a la mitad del bosque, su carruaje se vio obligado a detenerse repentinamente.

Un bandido saltó de un árbol y hábilmente agarró las riendas del caballo. Al mismo tiempo, otros dos bandidos corrieron hacia el carruaje y le indicaron a Shaul que bajara. Como Shaul pudo ver que los bandidos estaban armados con cuchillos largos y afilados, no tuvo más remedio que obedecer.

Los bandidos no tuvieron problemas para encontrar la bolsa de dinero que estaba en el suelo del carruaje. Y Shaul no tenía dudas de lo que sucedería después... Los bandidos nunca dejan que sus presas escapen con vida. Como sabía que solo le quedaban unos pocos momentos más en esta tierra, Shaul suplicó a los bandidos que al menos le permitieran decir la plegaria del Vidui, la confesión final, para poder devolver su alma a su Creador en paz.

"Reza todo lo que quieras", respondió insolentemente el líder de la pandilla, "pero eso no te ayudará".

Mientras los bandidos se dividían las monedas de oro, Shaúl, entre lágrimas, hizo sus cuentas finales con su Creador. Cuando terminó se permitió pensar, por última vez, en su familia, que lo estaba esperando. A esta altura, la gente en el pueblo estaría dirigiéndose al Shul para escuchar la lectura de la Meguilá. Seguramente su esposa e hijos lo estarán buscando entre la multitud.

El corazón de Shaul se animó al imaginar la alegre escena dentro del Shul. Entonces, por alguna razón, sus pensamientos lo llevaron de regreso a un Purim que había tenido lugar hacía muchos años. Estaba de nuevo en Mezhibuzh, de pie en medio de una multitud con su padre. En su mente podía ver al Baal Shem Tov de pie ante él tan claramente como si fuera ese mismo día. Y a pesar de los años pasados, Shaul podía escuchar al Baal Shem Tov hablar una vez más.

"Amalek sigue vivo hoy", le decía el Baal Shem Tov a la multitud. "Cada vez que experimentas una preocupación o duda sobre cómo Dios está manejando el mundo, eso es Amalek lanzando un ataque contra tu alma. Debemos borrar a Amalek de nuestros corazones cada vez que - y dondequiera - ataque para que podamos servir a Dios con total alegría."

Las lágrimas brotaron de los ojos de Shaul al recordar ese feliz día.
"Si no puedo cumplir la mitzvá de leer la Meguilá este Purim", susurró para sí mismo, "al menos puedo aceptar el decreto de Dios con un corazón alegre."
Y con esas palabras, Shaúl comenzó a cantar. Cantó la canción "Shoshanas Yaakov" tal como la había cantado muchos años atrás: con total concentración y con un sentimiento de suma alegría.

Cuando terminó, Shaul notó que los tres bandidos habían dejado de contar las monedas de oro y ahora lo miraban con la boca abierta. Mientras contemplaba a los tres bandidos, de repente se le ocurrió que no era la primera vez que los veía.

"Tú eres Iván, ¿no?" Shaul se dirigió al líder. "Y tú, eres Stefan. Así que, por supuesto, debes ser Antonio."

Los tres bandidos asintieron con la cabeza y la mirada feroz en sus ojos fue rápidamente reemplazada por una de amistad.

"Shaul, por favor perdónanos", dijo Iván entre lágrimas. "No sabíamos que eras tú."

Los bandidos le devolvieron el dinero a Shaul e insistieron en acompañar a su amigo hasta el borde del bosque. Mientras estaban llenos de asombro por esta asombrosa "coincidencia", Shaúl les contó a los hombres todo acerca del Baal Shem Tov y los tantos milagros que había realizado. Los bandidos quedaron tan abrumados por lo que escucharon que aceptaron renunciar a su "profesión" y encontrar una manera honesta de ganarse el pan de cada día. Y Shaúl, por su parte, tuvo un Purim como nunca antes había tenido.


Fuente: decoupageforthesoul.com / Yerajmiel Tilles. Traducido por JasidiNews.

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lunes, 19 de febrero de 2024

Un encuentro en Siberia por una melodía

Reb Mendel Futerfas (que vivió en Rusia) contó acerca de un melamed que fue arrestado y exiliado a Siberia porque lo atraparon enseñando Torá a niños judíos. Una tarde de Shabat, este melamed escuchó a alguien cantando Yedid Nefesh a lo lejos. Siguió la voz y encontró a un yehudi de pelo largo, cantando con emoción, con los ojos cerrados. Quien cantaba no se dio cuenta que el melamed lo estaba observando. Cuando abrió los ojos, se abrazaron. El hombre le dijo: "Vivo aquí hace ya veinte años y eres el primer yehudi que me encuentro."

El melamed le preguntó: "¿Tienes algún artículo judío; un Sefer, un Shofar,
Tefilín, algo?"
"Nada, en absoluto", respondió el hombre. "Traté de traer todo lo que mencionaste, y más, pero me quitaron todo. Lo único que me queda es mi Emuná y las _zmires_ de Shabat... ¿Y vos? ¿Tenés algo?"
"Tengo un Tefilín shel Yad. Confiscaron mi Tefilín shel Rosh, lo vieron en mi cabeza, pero no sabían que también llevaba un Tefilín debajo de la manga."

El hombre estaba encantado. "¡Mañana podré ponerme Tefilín! Mañana será la primera vez en veinte años que me pondré un Tefilín."
Durante toda la noche se preparó y se anticipó para la mitzvá. Por la mañana se puso el tefilín, dijo el Kriat Shemá, y poco después falleció.

Reb Futerfas le dijo a sus alumnos: "Si no tuviéramos sforim o mitzvot durante veinte años, y tampoco viéramos el rostro de un yehudi en todo ese período de tiempo, ¿estaríamos cantando un Yedid Nefesh un Shabat por la tarde? ¿Estaríamos aprovechando cada oportunidad para observar las pocas cosas que podemos hacer? Sin embargo, tenemos Mitzvot; ¿no deberíamos aprovecharlas?!"

Esta historia tiene además un importante mensaje: recordarle a la gente que aproveche cada oportunidad que tenga para hacer Mitzvot. La historia también nos recuerda el privilegio y la alegría de cumplir las Mitzvot.

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Fuente: Reb Elimelej Biderman
Traducido por ©JasidiNews 
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miércoles, 14 de febrero de 2024

Las monedas que brillaban - La Historia de "Reb Gabriel el Simpático"

Poco después de que Rabi Shneur Zalman de Liadi se convirtiera en Rebe, vivía en Vitebsk un jasid llamado Gabriel, que era hostigado por sus familiares por haberse unido a "la Secta." Intentaban incluso arruinar su fuente de ingresos, más él ignoró estos desafíos y continuó visitando periódicamente Liozna, donde vivía el Rebe en ese momento.

Ni una sola vez se quejó ante el Rebe por el deterioro de la situación financiera de su negocio; por el contrario, siempre contribuyó generosamente a todas las causas por las que el Rebe recurrió a sus jasidim, como ser el apoyo a los eruditos necesitados en Eretz Israel y el rescate de prisioneros. Tampoco se quejó nunca ante el Rebe sobre otro motivo de dolor: veinticinco años después de su matrimonio, él y su esposa aún no habían sido bendecidos con un hijo. Pero Aquel que diseña todas las circunstancias provocó una circunstancia mediante la cual a Reb Gabriel se le concedería una triple bendición: hijos, larga vida y amplio sustento. Y así fue que sucedió.

Una vez se necesitó una gran suma para Pidion Shvuim, el rescate de prisioneros, y Rab Shneur Zalman, como era su costumbre, mencionó una suma que se esperaba que contribuyera Gabriel. Cuando le contó esto a su esposa, ella observó que no estaba feliz, como siempre lo estaba en tales circunstancias. En respuesta a su pregunta, él le contó el secreto de que, como resultado de las acciones de su familia, estaban siendo sumidos en la pobreza y él simplemente no tenía la suma que el Rebe había mencionado.

"¿No me has dicho muchas veces", dijo su esposa, "que nuestro Rebe dice que uno siempre debe confiar en Di-s y estar constantemente con alegría? Entonces, ¿por qué amargarse? El Todopoderoso seguramente nos ayudará y nos permitirá contribuir con el monto que el Rebe espera de nosotros!"

Luego ella se dirigió y vendió sigilosamente todas las joyas y gemas que tenía, y más tarde le llevó el dinero a su marido, diciéndole: "Mira, aquí ya tenemos todo el dinero."

Ella le sugirió que partiera de inmediato y llevara su pequeño bulto directamente al Rebe. Reb Gabriel le recordó que el Rebe generalmente enviaba un emisario para recolectar el dinero, y que sería preferible esperar también esta vez. Pero como al poco tiempo sus hermanos le causaron otra gran pérdida, temió que, si necesitaba el dinero, pudiera verse tentado a utilizarlo para otro fin, y decidió, finalmente, partir con el bolsito hacia Liozna.

Al llegar allí, colocó la bolsa con el dinero sobre la mesa del Rebe y le explicó que como su situación financiera no era tan cómoda como antes, prefirió no esperar hasta que alguna emergencia le hiciera desviar este dinero a otro fin; por lo tanto había venido ahora él mismo. Entonces el Rebe le dijo que abriera el paquete y contara el dinero. Así lo hizo y se sorprendió al ver que las monedas brillaban de tal manera, como si hubiesen salido directamente de la casa de la moneda.

El Rebe apoyó su cabeza sobre sus manos, como lo hacía a menudo cuando entraba en un estado de Dveikut, luego levantó su cabeza y dijo: "La contribución al Mishkan en el desierto incluyó oro, plata y cobre, pero el único metal que brillaba eran los espejos de las mujeres, de cuyo cobre estaban hechos el Kior y su base, que, por cierto, fueron los últimos objetos en fabricarse, pero los primeros en usarse en el servicio del Santuario. Dime, ¿de dónde salió este dinero?”

Gabriel le contó al Rebe que había sufrido tribulaciones por parte de su familia durante diez años y continuó contándole cómo su esposa había conseguido el dinero.

Una vez más, en estado de Dveikut, el Rebe apoyó la cabeza sobre las manos por unos instantes y luego dijo: "בת דינא - בטל דינא [expresión talmúdica que podría interpretarse literalmente "la hija de la ley,  anuló la acusación"] -- "Tus duras pruebas han terminado. Que Hashem te conceda a ti y a tu esposa hijos e hijas, y larga vida para ver descendencia de tu descendencia; que Hashem te conceda una y otra vez prosperidad dondequiera que vayas, y favor y gracia ("חן") a los ojos de todos. Vende tu negocio y comienza a comerciar diamantes."

Con el corazón rebozando de felicidad, Gabriel se apresuró a regresar a casa para llevarle la buena noticia a su esposa y le preguntó por qué brillaban así las monedas.

"Las froté y pulí durante mucho tiempo con arena", dijo, "hasta que brillaron y brillaron como las estrellas."

Gabriel cerró su tienda y empezó a comerciar con gemas. Dios hizo prosperar su camino, de modo que encontró favor y gracia ante los ojos de sus nobles y escuderos locales, quienes pronto se convirtieron en sus clientes habituales. Su clientela se fue ampliando día a día. Además, al cabo de un año su esposa dio a luz a un hijo.

En tres años se hizo muy rico, prosperando en todo lo que se dedicaba y encontrando gracia ante quienes se encuentren con él, al punto tal que lo apodaron "Gabriel el Simpático" [גבריאל נושא חן]. Después de cuarenta años, delegó su negocio a sus hijos y pasó su retiro estudiando Torá, Tefilá y realizando actos de caridad. De hecho, en su filantropía la creciente comunidad de jasidim de Vitebsk encontró una fuente de constante bendición.


Fuente: "A Treasury of Chassidic Tales" (Artscroll), Uri Kaploun.
Traducido por ©JasidiNews 
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martes, 6 de febrero de 2024

Qué hizo cambiar de opinión al Megale Amukot - Impactante Historia de lo que es el Davenen y hablarle a Hashem

La persona debe acostumbrarse a pedir por sus necesidades (Tefilá) también en sus propias palabras. Estas tefilot se pueden decir casi en cualquier momento del día y son tefilot preciosas para Hashem. Uno de los beneficios de estas tefilot es que crean un vínculo entre la persona y Hashem, como lo demuestra la siguiente historia:

El Megale Amukois זצ"ל, Rav de Cracovia, le dijo a su comunidad que estaba a punto de abandonarla, pero no les dijo el motivo por el que tomó esa decisión. La comunidad le suplicó que se quedara, pero no parecía que lo convencerían.

Cuando llegó el día de su partida, le dijo a la comunidad que había cambiado de opinión. Se queda con ellos.

Los habitantes de Cracovia estaban muy contentos. También tenían curiosidad. “¿Por qué planeabas irte y qué te hizo cambiar de opinión?” Ellos le preguntaron. El Megaleh Amukos respondió: “No quiero contarles la razón por la que originalmente planeé irme, pero sí les diré por qué decidí quedarme.

En nuestra ciudad hay un vendedor ambulante pobre que se gana su parnasá vendiendo hogazas de pan y beiguels, su esposa los hornea y él se sienta en una esquina de la calle a vender los Beiguels a los transeúntes. Hace unos meses, una persona rica lo reconoció: “Eres un talmid jajam; Te recuerdo de hace muchos años. No deberías trabajar así."
 “Esto es lo que hago para ganarme la vida”, respondió. “No, no, no. De ahora en adelante, permanecerás en el beis medresh y estudiarás Torá. Te enviaré un subsidio (sueldo). semanal, incluso más de lo que ganas ahora…’ “El vendedor ambulante estuvo de acuerdo, y este acuerdo se prolongó durante un par de meses. Recientemente, el hombre rico volvió a ver al pobre en la calle vendiendo pan.

"¿Qué pasó? ¿No tenemos un acuerdo?
“El pobre respondió: 'Decidí retirarme del trato. Me ganaré la vida vendiendo pan, como antes.'

"El hombre rico dijo: 'Pero un trato es un trato y, como todo acuerdo, no puedes echarte atrás sin una decisión de un Beis Din.'"

El Megaleh Amukois dijo: “Ayer vinieron a mi Beis Din. El rico quiere seguir manteniendo a su amigo, pero el pobre vendedor ambulante no quiere aceptar el dinero. Un caso de lo más inusual.

Le pregunté al vendedor ambulante por qué quiere incumplir el acuerdo y me dijo lo siguiente: 'Siendo vendedor, mi esposa y yo hacemos Davenen continuamente. Rezamos para que la masa se infle bien, que el pan salga rico, que yo pueda conseguir fácilmente leña seca (ya que la leña húmeda echa humo y arruina el pan) y obviamente rezamos y le pedimos al Oibershter que la gente quiera comprar el pan. Todo nuestro día gira en torno a nuestras Tefilot. Pero desde que recibimos el salario y subsidio semanal casi dejamos de hacer Davenen, ya que no teníamos ninguna preocupación. Por lo tanto, decidimos que debería volver a ser vendedor ambulante nuevamente, para que podamos recuperar nuestra conexión constante con Hashem…”

El Megale Amukois finalizó: “Fue entonces cuando decidí que quería quedarme aquí en Cracovia. Quiero estar cerca de gente como él."



Fuente: Reb 'Meilaj' Biderman
Traducido por JasidiNews©
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miércoles, 31 de enero de 2024

Dos es mejor que uno - Rebetzn Jaya Mushka - 22 de Shvat

Amijai Liani es un adinerado hombre de negocios de Nueva York. Como tal, suele ayudar y patrocinar importantes proyectos relacionados con Torá y Mitzvot. Una vez, hace unos años, fue invitado al Centro Jabad para judíos rusos en Queens, Nueva York, para recibir el gran honor de ser el Sandek (el que sostiene al bebé en su regazo) en un Brit Milá. Una pareja judía de Rusia habían tenido mellizos después de muchos años sin tener hijos. El rabino de Jabad fue designado como Sandak para el bebé "mayor", y como está escrito en la Halajá que ser sandek es un honor y un mérito tan grande, un padre no debe otorgar este Zejut dos veces a la misma persona, por lo que el rabino les sugirió a los felices padres que inviten y honren al señor Liani para ser el Sandek del 'más chico'.

Una vez finalizadas ambas ceremonias, una tras otra, todos los invitados se sentaron alrededor de la mesa preparada para participar en la comida de celebración. Después de que todos se hayan servido algo, el padre de los mellizos se puso de pie y comenzó a hablar emocionado… en un ruso rápido y fluido. Como era el único presente que no hablaba ruso, el señor Liani decidió que podría irse sin que se vea tal actitud descortés. Discretamente le entregó al rabino un cheque para cubrir los gastos de toda la Seudá (la comida) en agradecimiento por el mérito especial de ser Sandek, y se dirigió silenciosamente hacia la salida.

Sin embargo, antes de que pudiera irse, la madre de los mellizos corrió para interceptarlo. Ella le agradeció y le pidió en un buen inglés que por favor si se podía quedar un minuto más; ella quería contarle una historia.
Él accedió y ella comenzó.

"Mi marido y yo nos casamos cuando todavía vivíamos en Rusia. Poco después emigramos a los EE.UU. Decidimos que no tendríamos hijos hasta que hubiéramos ahorrado suficiente dinero. Después de que ambos trabajamos duro durante diez años, obtuvimos unos buenos ingresos estables. y compramos una linda casa aquí en Queens, nos pusimos de acuerdo en que era hora de formar una familia, pero no quedaba embarazada; fuimos a varios médicos, pero ninguno pudo ayudarnos.

Como crecimos en la Unión Soviética bajo el comunismo, no tuvimos ningún contacto con judaísmo. Hace aproximadamente un año, mi esposo desarrolló un interés y comenzó a asistir esporádicamente a eventos y servicios de Shabat en este Beit Jabad para judíos de habla rusa, que queda cerca de donde vivimos. Cuando él comenzó a participar regularmente me enojé. Como rusos y como gente moderna y educada, esto no era parte de nuestra cultura, y no quería tener nada que ver con eso. Me quejé de esto con mi esposo. Muchas veces, pero no se detuvo. En todo caso, aumentó y se hizo más frecuente. Finalmente, una noche le di un ultimátum: 'Tienes que elegir entre la sinagoga y yo. Si vuelves a ir esta noche, ¡no vuelvas!'

Él se quedó en casa.

Esa noche tuve un sueño. Una señora anciana me hablaba. 'Sé que estás sufriendo porque deseas tanto tener hijos. Si dejas que tu marido siga yendo a la sinagoga, te prometo que tendrás un niño. Y… si vas con él, ¡te prometo dos!'

"Me quedé sorprendida. Le dije en mi sueño: '¿Cómo te haré saber lo que haya decidido?'

"Ella sonrió y respondió: 'Déjame mostrarte', y de repente estábamos conduciendo por las calles de Queens. El auto se detuvo en una casa que lindaba con el cementerio de Springfield.
Ella me dijo que cuando entre a la casa, 'Inmediatamente a la izquierda verás una pantalla de video reproduciéndose. Sal por la puerta al otro lado de la habitación, baja unas escaleras y cruza otra puerta, y estarás en una gran sala con muchas máquinas de agua caliente para café y té en el lado izquierdo. Sal por la puerta del extremo izquierdo hacia el cementerio y camina por el sendero hasta llegar a una pequeña edificación. Ahí es donde está mi esposo, el Lubavitcher Rebe. Yo estoy afuera, justo frente a la entrada."

"Me desperté. Recordaba claramente todo lo que había en el sueño y que parecía tan real. A pesar de mi perspectiva "moderna", me encontré creyendo en aquel sueño. Al día siguiente le dije a mi marido que el próximo Shabat podía empezar a ir al Shil nuevamente. Él estaba sorprendido, y también feliz, por supuesto. Entonces le dije que iría con él, y sus ojos se veían como a punto de estallar de su rostro.  

"Luego llamé al rabino del centro Jabad para rusos. Él estaba bien al tanto de los problemas que mi esposo tenía conmigo debido a su creciente nivel de observancia, pero nunca nos habíamos conocido, por lo que estaba encantado de escucharme. Le dije que quería ir a el cementerio donde está el Lubavitcher Rebe. No podía contener su emoción. 'Cuando quieras ir, de día o de noche, estaré encantado de llevarte.' Imagina su sorpresa cuando le dije: "No es necesario que me lleve; ya conozco el lugar. Sólo necesito aclarar algunas indicaciones para llegar."

Fui allí y todo era exactamente como se describía en mi sueño. Frente a la entrada del 'Ohel' del Rebe, como lo llaman, vi la lápida que indicaba el lugar de descanso de su esposa. Fue entonces cuando me di cuenta de que era la difunta Rebetzin Jaya Mushka quien se me había aparecido en mi sueño.

"Me acerqué lo más que pude y susurré: 'Quiero dos. Acepto ir a la sinagoga con mi marido.'

El Shabat siguiente acompañé a mi marido y no estuvo tan mal. Había otras mujeres rusas de mi edad (treinta años en adelante) con antecedentes similares a los míos y me dio gusto conocerlas. Regresé la segunda semana y la tercera semana y me encontré esperando con ansias la próxima vez, el próximo evento, etc.

Un mes después de empezar a ir me enteré de que estaba embarazada. ¡De mellizos! Y esta historia que acabo de contarle es la que mi marido está contándole ahora a todo el público, en ruso."

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Fuente: contado a Yerajmiel Tilles por R. Gil Hirsch, quien lo escuchó en una conversación del propio Sr. Liani.
Amijai Liani es el propietario del Café K, una cadena de cuatro restaurantes, dos en Brooklyn y dos más nuevos en Manhattan. Vive en Brooklyn.

jueves, 25 de enero de 2024

15 de Shvat - Las frutas que identifican al árbol



Un hombre rico llamado Elimelej recibía muchos honores en el Shul de su Rebe, Reb Jaim de Ontinia [Vishnitz]. Tenía uno de los sitiales preferenciales adelante, frente a la congregación, próximo a la silla del Rebe. En el Tish, también se sentaba próximo al Rebe, quien le expresaba diversos gestos de gracia y cariño.

Por su parte, Elimelej le tenía un gran respeto a su Rebe. Siempre inclinaba la cabeza ante él y contribuía generosamente en las causas caritativas que dirigió el Rebe.

Sin embargo, los jasidim no tenían tal estima de Elimelej, a pesar del afecto que el Rebe mostró abiertamente hacia él. Sospechaban que sus generosas buenas acciones indicaban solo una piedad superficial, mientras que en casa no era tan jasid y piadoso [observante] como se mostraba en público. Las malas lenguas decían que se había influenciado por el llamado Movimiento Iluminista y sus innovaciones, y que esto ya había debilitado su Irat Shamaim.

Está bien, nadie es perfecto. Y el hombre rico tenía muchas cualidades para destacar. Mientras se encuentren fallas entre él y su Creador, era bastante fácil hacer la vista gorda. Pero ahora, se había cruzado una línea imperdobable: había matriculado a su hijo en la escuela secundaria del Movimiento, algo que ningún joven de ninguna familia religiosa todavía se había atrevido a hacer, ni hablar de un hogar jasídico y tan asociado con el Rebe, nada menos.

"¿Qué tipo de ejemplo es este para nuestros hijos?" se quejó una delegación de jasidim al Rebe. "¿Puede una persona enviar a su hijo a una escuela antirreligiosa y aún tener un lugar honrado próximo al Rebe?"

El Tzadik quedó sacudido por el informe. Convocó a su rico jasid a una reunión. Al principio le habló amigablemente, intentando que se percate de su error. El hombre rico, que casi siempre era sumiso a las opiniones del Rebe, esta vez se mantuvo firme. "Mi hijo quiere una educación amplia, para poder abrirse camino en el mundo."

Cuando el Tzadik vio que no estaba llegando a ninguna parte, cambió su enfoque. "Una educación judía pura y auténtica dentro de un contexto de Irat Shamaim es parte integral de Jasidus", exclamó. "Hasta que no saques a tu hijo de esa escuela, no quiero verte entre mis Jasidim."

Elimelej salió consternado. ¿Cómo podría vivir sin estar cerca de su Rebe? Durante varios días permaneció en un estado de confusión. Casi parecía que las duras palabras del Rebe habían llegado lentamente a su corazón. Al final, sin embargo, decidió que él tenía razón; No hay nada de malo si su hijo quiere adquirir una educación más amplia. El problema era solo que el Rebe era demasiado extremista.

De ese análisis llegó una solución obvia. "Solo tendré que encontrarme un Rebe diferente", se dijo a sí mismo.

Esto resultó ser bastante fácil, pronto se encontró en la puerta de Reb Isroel de Vizhnitz... No era otro que el hermano del Tzadik de Ontinia, el Rebe que acababa de abandonar. Conocido por el gran amor que tenía por cada judío, el Rebe de Vizhnitz era amable y abierto a todos. Le dio a Reb Elimelej una gran sonrisa, lo invitó a sentarse cerca de él en el Tish aquel Shabat, e intercambiaba palabras amistosas con él cada vez que se encontraban.

Elimelej estaba extasiado con su 'hallazgo'. Se sentía tan bien con su nuevo Rebe. No solo eso, se sintió reforzado de sentir haber tenido razón todo el tiempo, y que las críticas de su antiguo Rebe no estaban justificadas.

Un día, poco después, el Vizhnitzer lo invitó a Elimelej a acompañarlo en su paseo/caminata por la noche al parque. ¡Qué honor! Y un placer también, el aire era tan agradable, y la suave brisa sacudiendo las hojas y las ramas delgadas de los árboles a lo largo del sendero.

El Rebe se volvió hacia su acompañante. "Estos árboles evocan en mí dulces recuerdos distantes de la infancia. Recuerdo cómo una vez, en los días previos a Pesaj, la esposa del Melamed nos sacó afuera para que pudiera limpiar la casa. Tuvimos que instalarnos en el patio para estudiar.

Éramos niños pequeños, y aunque el Melamed hacía todo lo posible para que estudiemos, estábamos demasiado distraídos, las golondrinas cantando, un vagón tirado por caballos, nubes arriba sobre nuestras cabezas: ¿quién podía concentrarse para estudiar?

Cuando nuestro maestro vio que no tenía esperanza, decidió tratar de darnos una lección de la naturaleza. Señaló el jardín de al lado." ¿Ven ese árbol allí?", preguntó llamando nuestra atención." Eso es un nogal. Y al lado hay un peral. Y detrás hay un manzano. Continuó identificando todos los diferentes árboles.

'¿Cómo lo sabes?' Le preguntamos, perplejos. El invierno acababa de terminar, los árboles estaban secos, pelados de frutas y hojas. El maestro comenzó a enumerar diferentes señales, la relativa suavidad o bache del tronco, la cantidad y el grosor de las ramas, la altura de los árboles, y así sucesivamente. Sin embargo, nosotros, los niños pequeños que éramos, no pudimos absorber su explicación erudita."

El Tzadik apretó el brazo del hombre rico y continuó su historia. "Entonces, ¿cómo pudimos nosotros distinguir qué árbol era qué? Simple. Nos dimos cuenta y lo comprobamos después de unos meses cuando los árboles comenzaron a dar fruto. ¿Cuál era el peral? Aquel que tenía ahora peras sobre él. ¿El que estaba lleno de ciruelas? Obviamente, un ciruelo. Cada árbol fue fácilmente identificado por su fruta.

"De esto aprendí una  importante lección", dijo el Rebe concluyendo. "Cuando no sepas con certeza la naturaleza y condición de una persona, mira sus descendientes, sus frutos. De ellos puedes saber quién es realmente la persona."

Elimelej captó el mensaje. Su verdadera identidad se revelaría a través de sus hijos.

Esa misma semana el adinerado Elimelej sacó a su hijo de la escuela no religiosa.


Fuente: Sijat Hashabua #547
Traducido por JasidiNews©

Yud Shvat - Maise de la infancia del Frierdiker Rebe

Este Shabat es Yud Shvat, día del Hilula (Yortzait) del Rebe Anterior, Rabi Yosef Itzjak Schneersohn y a su vez día que asumiría el liderazgo el Rebe, Nesí Doreinu.
[Además esta misma fecha conmemora el Yorzait de su abuela, la Rebetzn Rivka, esposa del Rebe Maharash]. 
En honor a la fecha, esta anécdota relatada por el propio Rebe Anterior:


Incluso a la tierna edad de cinco años, el 'Rebe Anterior' de Lubavitch, Rabi Yosef Itzjak Schneersohn (el "Rayatz"), tenía una agenda diaria fija. A las ocho de la mañana se levantaba y media hora después estaba en el Shul rezando con el Minian. De 9:30 a 10:00 desayunaba. Luego, durante cuatro horas estudiaba en el Jeider. Luego, tenía un recesi para el almuerzo durante una hora y otra hora dedicada a escribir. Desde las 4:00 hasta las 8:00 tenía nuevamente estudio, luego la cena y algo de tiempo libre para pasar en su habitación, antes de irse a dormir. 

Shabat, por supuesto, era diferente. La mayor parte de la mañana se pasaba en el Davenen en el Shul. Además, tenía un regalo especial: la visita a su Bobe, la madre de su padre, la Rebetzin Rivka. Allí se encontraba con los miembros más veteranos de la comunidad, jasidim de barbas blancas que venían a presentar sus respetos a "la Éltere Rebetzn". Se quedaban un rato y contaban historias acerca de la vida de célebres jasidim o incluso del Rebe Maharash, el abuelo del Rebe anterior (el esposo de la Rebetzin Rivka). 

Cuando todos iban a casa a comer la comida de Shabat, el niño regresaba al Shul. Allí, hacía tiempo que todos los Mispalelim habían terminado su Tefilá y se habían ido a casa, todos excepto su padre, el Rebe Rashab. Estaba sentado allí cerca del Arón. Él seguía haciendo Davenen. Una vez, el niño se acercó silenciosamente a su padre para escuchar su Tefilá. Su padre rezaba muy lentamente, como si contara las palabras. A veces hacía una pausa y sólo luego continuaba lentamente. 

El hijo del Rebe se preguntaba por qué su padre tardaba tanto en leer la Tefilá, que incluso él, un niño de cinco años, conocía tan bien y podía leer con tanta fluidez. Pero su corazón latía con fuerza mientras escuchaba la conmovedora melodía que su padre tarareaba de vez en cuando, y la entonación de las palabras. 

Le preguntó a su tío, Rab Zalman Aaron, hermano de su padre. "¿Por qué Tati reza tan despacio?!" 

Su tío sonrió y respondió con un brillo en los ojos: "A tu papá le resulta difícil leer las palabras del Sidur tan rápido. Tiene que decir cada palabra por separado y no puede ir tan rápido. Por eso le lleva tanto tiempo." 

El chico se dio vuelta sin decir una palabra. Pero por dentro sentía un dolor y una vergüenza por el hecho que su padre no pueda rezar con mayor fluidez. 

El siguiente Shabat, se acercó silenciosamente a su padre y lo escuchó atentamente. Su padre estaba diciendo el Shemá. "Shema Isroel..." Dijo su padre lentamente, luego hizo una pausa. El hijo se sobresaltó al oír a su padre sollozar. Su padre dijo un par de palabras más y sollozó de nuevo, y cuando dijo "Hashem Ejod - Di-s es Uno", las palabras parecieron estallar en su corazón, con un torrente de lágrimas. 

El hijo no pudo escuchar más. Su corazón estaba lleno de lástima por su padre. Regresó a su casa y, con ojos lagrimosos le pidió a su madre: "Mame, Tati está llorando en el Shul! ¿Por qué reza tan lentamente y por qué llora? Ven y compruébalo por ti misma. No puedo verlo así." 

"No hay de qué preocuparse", consoló la madre a su pequeño hijo. "Ve de tu Bobe y cuéntaselo. Ella es una mujer muy sabia, tal vez pueda darte una explicación." 

El niño no perdió tiempo y fue con su abuela, seguro de que la anciana y sabia Rebetzin encontraría un remedio para ayudar a su padre a aprender a leer del Sidur más rápidamente, tal vez incluso tan rápido como todos los demás. 

Cuando fue a ver a su abuela, el niño le contó las dificultades de su pobre padre para decir el Davenen. "Mi mamá dijo que podrías hacer algo al respecto", concluyó esperanzado. 

La abuela lo miró seriamente y le dijo: "Tu padre es un gran josid y un hombre justo. Antes de leer cada palabra del Sidur, piensa detenidamente en esa palabra. Qué significa y a quién se la está diciendo. Y cuando piensa acerca de las santas palabras de las Tefilot, su corazón se llena de amor hacia Hashem, así como un hijo ama a su querido padre que está cerca y al mismo tiempo lejos. Así tu padre anhela estar más cerca a Él y las lágrimas simplemente brotan. No puedo explicarte más ahora, pero cuando seas mayor lo entenderás mejor y sabrás cómo se siente." 

Con la explicación de su abuela, el niño sintió como si le hayan quitado un peso tremendo de su corazón. Entonces, no es que su padre no pudiera leer el Davenen rápidamente. Es debido a que su padre era una persona tan especial, su Davenen era de manera diferente. Sí, se dio cuenta de que su padre era diferente, en su forma de hablar, de actuar, de estudiar, de rezar. Ese mismo día, relata el Rebe Rayatz, resolvió que, como hijo único de tan gran persona, él también debía actuar de manera diferente, para dar mérito a ser su hijo.

El encuentro con el anciano en el aeropuerto y la historia de la Broje del Rebe sobre sus manos

Un anciano con una gran kipá negra apareció una vez en el mostrador de Jabad del aeropuerto Ben Gurion de Israel. Cuando le ofrecieron un café, aceptó el ofrecimiento, pero sólo si estaba lleno hasta el tope. 

Los jasidim perplejos que estaban detrás del mostrador hicieron lo que les pidió; llenaron la taza, mientras él les indicaba que agreguen más y más hasta el punto que el más mínimo temblor haría que se derramara. Luego, ante su asombro, el hombre anciano levantó el vaso sin derramar una sola gota y se lo fue tomando. 

Cuando terminó, sonrió con orgullo y dijo: "¡Hice eso para mostrarles lo grandioso que es su Rebe!" 

"No soy un jasid Jabad", explicó. "Soy el Rabino Baker, hace muchos años fui rabino de una gran sinagoga de Nueva York. Teníamos una Mikve para mujeres y todo. Pero luego, como tantas otras sinagogas de EE.UU., las personas mayores fueron falleciendo o se mudaron y el barrio se llenó de gentiles. La comisión directiva empezó a insinuar que les gustaría vender el terreno (el Shul y todo) y obtener una buena ganancia, pero yo me opuse firmemente. 

En primer lugar, está prohibido vender una sinagoga y, además de eso, los hombres seguían viniendo al Shul y las mujeres seguían usando la Mikve. Además, cabía destacar un dato interesante. La señora que estaba a cargo de la Mikve me dijo que el Rebe de Lubavitch, el rabino Shneerson, la llamaba muy a menudo para preguntarla cómo se sentía y alentarla en su importante trabajo. 

Esto continuó así durante varios meses. Luego, una noche, mientras yo estaba dando una clase de Talmud en la sinagoga, ella irrumpió en la sala y gritó casi histéricamente que alguien había puesto un candado enorme en la puerta de la Mikve. 

Deduje que habrán sido los directores y la comisión tratando de disuadir a las mujeres de venir, pero no sabía qué hacer. No soy la persona más fuerte y efusiva y me considero un rabino respetable... ciertamente no soy alguien que salga a llevar a cabo una pelea. 

Bueno, no sé cómo lo hice, pero corrí hacia mi auto, de alguna manera encontré una sierra para metal (hasta el día de hoy no sé cómo llegó allí), corrí hacia la cerradura y comencé a serrar el candado, frente a todos. Mucha gente incluso se detuvo a mirar, pero a mí no me importó, aproximadamente media hora después la puerta estaba abierta y las mujeres pudieron entrar. 

Al día siguiente, la señora de la Mikve me dijo que el Rebe la llamó la noche anterior después del incidente, y cuando ella le contó lo que había hecho, él dijo: 'Benditas sean las manos que cortaron esa cerradura'.

"Eso es lo que quería mostrarles", concluyó el anciano rabino. "Hoy tengo 91 años, pero ven que mis manos están firmes como las de un muchacho joven. Claramente se debe a la Broje del Rebe."

4 de Shvat - Yortzait de Rabi Israel Abujatzira זצ"ל- Baba Sali - 40 años



Un visitante frecuente de la casa de Rab Israel Abujatzira comentó una vez que siempre se sorprendía por la cálida hospitalidad que era el sello distintivo en la casa del Baba Sali. Este hombre fue testigo de cómo miles de personas pasaban por los portales de este santo hogar y a todos se les ofrecía comida o bebida. Esto comenzaba temprano en la mañana y continuaba hasta altas horas de la noche. Muchos de los visitantes también eran invitados a comidas completas.

Dentro suyo, empero, se preguntaba por qué el Rav trataba a todos sus invitados con tanta generosidad y honor. Le parecía un gran desperdicio. Ni siquiera los ricos mostraron tal despliegue.

Una noche, Baba Sali invitó  a este visitante a que pasara la noche. El joven así lo hizo, sin entender exactamente lo que quería el Rav.

A la mañana siguiente, después de la Tefilá de Shajarit, Baba Sali llamó al hombre a su lado, abrió una Guemará (Talmud Babli, Ketubot 67a) y comenzó a leer:

Un hombre muy pobre acudió a Rava [el gran sabio talmúdico] en busca de una ayuda económica. Rava primero desafió al hombre: "Si eres tan pobre, ¿por qué siempre te deleitas con las comidas más exóticas y los mejores vinos? ¿Por qué no consideras a las personas que te dan caridad y que tuvieron que pagar por toda esta costosa comida? ¿Por qué no comes alimentos más sencillos y no causas tantos problemas a todos?

El pobre escuchó las amonestaciones de Rava y dijo: "Si Él creó el alimento y está disponible, ¿por qué debería rechazar la generosidad del Creador?"

En ese mismo instante, llegó la hermana de Rava. No había visto a su famoso hermano, el gran y santo Rava, durante mucho tiempo, y le había traído regalos: comidas exóticas y excelentes vinos.

Tan pronto como Rava vio esto, puso la mesa y le sirvió al pobre, diciendo: "Ésta es una señal del Cielo de que realmente has sido destinado para comer tales alimentos, tal como dijiste, así que come a gusto y saciate."

Baba Sali cerró la Guemará y se volvió hacia el joven.

"Sepan que todo lo que me han dado", dijo, "no es para mí, sino para aquellos que estaban en mi casa en ese momento. Esta casa no es mi casa; es la casa del de Arriba, y todo Su pueblo es bienvenido a venir y comer hasta saciarse. Y es por eso que hay tanto; ¡es todo de ellos, no mío!"

El invitado, que nunca le había contado a Baba Sali ni a nadie sus dudas, se quedó allí de pie asombrado, sin poder decir una palabra.

La reunión puede esperar


El cochero que golpeó la puerta de la casa del campesino quedó asombrado ante la inesperada reacción y comentario del dueño de casa.

El cochero sólo pidió una vasija para extraer agua del pozo. Le comentó al dueño de casa que un rabino importante estaba sentado en su carreta. El gentil respondió: "Hasta esta semana cuando me encontraba con un rabino, lo respetaba; pero ahora dejé de respetar a los rabinos." 

El rabino sentado en el carruaje era Rab Yosef-Dov Soloveitchik, el Gaón de Brisk. En aquellos días se desempeñaba como rabino en la ciudad de Slutsk y solía impartir clases (Shiurim) en la reconocida ieshivá de Volozhin. 

El motivo de su viaje era un decreto de las autoridades gubernamentales, que querían obligar a implementar en las Yeshivot estudios seculares. Los directivos de la Yeshivá organizaban una reunión de urgencia con los Roshei Yeshivá, incluyendo al Rab Yosef-Ber. 

El Gaón sin considerar la molestia que implicaría el viaje partió inmediatamente. Le colocaron almohadas y mantas en la carreta para aliviar un poco las agotadoras sacudidas del camino. Viajaron durante cuatro días hasta llegar a Ivanich, un pequeño y remoto pueblo, y allí estacionaron la carreta cerca de la casa del granjero. 

Cuando el cochero le transmitió al Gaón las palabras del gentil, éste pidió que lo llamara. Rab Iosef-Dov pidió escuchar de él qué le hizo dejar de respetar a los rabinos. 

El gentil respondió: "La semana pasada fui testigo de la testarudez y dureza del corazón de los judíos hacia sus propios hermanos, y desde entonces no guardo ningún respeto por los judíos y sus rabinos." 

"Por favor, cuénteme qué pasó", preguntó el Gaón, y el gentil comenzó su relato:
"Soy leñador. Como parte de mi trabajo, conozco a Itzjok, un judío que vive solo en la punta del bosque y se dedica a arreglar techos. Cuando el frío del bosque penetraba hasta mis huesos, yo entraba a su casa y él me servía un vaso de mashke que me restauraba el espíritu y calentaba un poco mi cuerpo helado.Yo aprecio mucho a este hombre sencillo y bueno. 

"La semana pasada, cuando fui a visitarlo, me quedé muy mal. Una grave enfermedad lo confinó y lo dejó en cama y no había nadie en casa que lo asista y le brinde ayuda. 

"Salí de la casa y galopé en mi caballo hasta el pueblo más cercano. Pedí que me indicaran la casa del rabino del pueblo. Le hablé del judío que yacía solo y enfermo en su casa. El rabino respondió: '¿Y qué puedo hacer yo?' Pensé que no me estaba entendiendo. Volví a explicarle que hay un judío que está muy grave, y que sin tratamiento morirá pronto. El rabino me dijo que no tiene a nadie a quien enviar y que no tiene forma de ayudar en algo. 

"Salí de su casa decepcionado y triste. Si así es como los judíos tratan a sus hermanos, ¡¿por qué debería mostrarles respeto?!" 

Rab Yosef-Ber preguntó inmediatamente: "¿Dónde vive ese judío?" Le pidió al granjero que lo acompañara hasta la casa.
Pero entonces se despertó el acompañante del Gaón, a quien no le gustó el cambio en el plan de viaje.  

"Rab, estamos en camino a Volozhin, a una asamblea que concierne a todo Am Israel, y ahora usted se va ocupar de un solo judío en una pequeña aldea?!" 

"Te explicaré", le respondió el Rab "La utilidad y consecuencia de la asamblea es cuestionable. No se sabe si lo lograremos o no. Pero aquí tenemos ante nosotros un caso definitivo y evidente de Pikuaj Nefesh. El gentil nos lo cuenta inocentemente y debemos creer en su testimonio: Cualquiera que salva un alma de Israel es como si salvara un mundo entero." 

"¿Cuál es únicamente el tema?", continuó Rab Yosef-Ber, "con esto perderemos el Kabod y honor de sentarme a la cabecera de la asamblea. Nu, cedo ese Kabod, siempre que pueda salvar una Neshamá de Israel." 

Cuando llegaron a la casa del judío, lo encontraron en una condición muy grave. Rab Yosef-Ber inmediatamente se dispuso a atenderlo. Le proporcionó comida caliente, envió a su carretero a buscar un médico y medicinas e invirtió todas sus fuerzas en tratar de salvarlo de la muerte. 

El hombre era sumamente pobre y humilde y ni siquiera tenía una almohada para ponerse debajo de la cabeza. Rab Yosef-Ber trajo de su carruaje las almohadas y mantas y las dispuso sobre la cama del enfermo. También le regaló su abrigo de piel. 

Durante tres días permaneció a su lado y le dio de comer. Sólo cuando recuperó sus fuerzas aceptó salir de la casa y continuar su viaje. Cuando el asistente sugirió a Rab Yosef-Ber que él le dejaría su abrigo al judío en lugar del abrigo del rabino, se negó y dijo: "¿Por qué sufrirías vos por mis mitzvot..." 

Sin abrigo  sin almohadas ni mantas, Rab Yosef-Ber salió de la casa del judío y se dirigió a Volozhin. "Si la Hashgaja Pratit ha llevado a esto, esto es lo que quieren del Shamaim", afirmó. En la práctica, logró llegar a tiempo a la reunión e incluso la presidió. 

Pasó como medio año. En las calles de Slutsk apareció un judío desconocido, con un gran saco en la mano, buscando la casa del rabino. 

"¡Usted me salvó la vida!", exclamó emocionado frente al rabino Yosef-Ber. Entre lágrimas agradeció la atención y entrega y vino a devolverle al rabino las almohadas, las mantas y el abrigo de piel que el rabino le había dejado. Sin embargo, Rab Yosef-Ber se negó a aceptarlos. "Te los entregué como regalo", dijo. 

"Si es así, yo también se lo daré al rabino como regalo", dijo el judío. El Gaón respondió: "Eres un judío de bajos recursos y no puedo aceptar un regalo tan caro de tu parte." Todas las súplicas fueron en vano y el judío regresó a su casa con todas las cosas que Rabí Yosef-Ber le había dejado.


Fuente: Sijat Hashabua Shemot 5784, #1391

Agradecer por lo que sí tenemos y no quejarse por lo que no tenemos

El Rebe de Ruzhin זצ"ל escuchó una vez a su hija lamentándose de algo. El Rebe le dijo que no es bueno quejarse: "Porque un suspiro genera más tzures y una alabanza proyecta más bonanza."

El Rebe de Ruzin le contó a su hija la siguiente anécdota: Había una vez un hombre adinerado que siempre se enfocaba en lo que no tenía. A pesar de ser un hombre rico, no era el hombre rico de la Mishná, el de Eizehu Ashir Hasameaj Bejelko. Del Shamaim dijeron: “Si crees que tu situación es mala, se te mostrará lo que es realmente malo”, y perdió su dinero y se quedó sin un centavo. Esto lo llevó a quejarse aún más. Del Shamaim dijeron: “Si crees que esta situación es mala, te mostraremos lo que es realmente malo”, y le surgió una lepra por todo todo cuerpo. Ahora ni siquiera podía ir a las casas de la gente a pedir limosna, ya que nadie lo dejaba acercarse por miedo a contagiarse. Se quejó un poco más y una vez más de Arriba le mostraron que las cosas podían empeorar. Se volvió jorobado y le costaba comer. Cuando llegó a será nivel tan bajo, dijo: "Al menos estoy vivo." Finalmente estaba contento con su suerte. Del Shamaim dijeron: "Si crees que esto es bueno, se te mostrará lo que es realmente bueno", y su espalda encorvada se enderezó. Alabó a Hashem por esto y recibió otro regalo. Fue sanado de su lepra. Ahora podía hablar con la gente y pedirles ayuda. Alabó a Hashem por su bondad. "Si crees que esto es bueno, se te mostrará lo que es realmente bueno". Alguien le dio un gran préstamo. Pudo reabrir su negocio y su éxito financiero volvió a su estado original. 
Porque las alabanzas y agradecimientos traen bienestar y las quejas traen penurias.


Fuente: Reb Elimelej Biderman 

24 de Tevet - Yom Hilula (Yortzait) del Alter Rebe


¿Por qué Reb Nojum viene aquí tan frecuentemente?", se escuchaban los susurros cada vez que Reb Najum se aparece en el Tzion del Alter Rebe en la ciudad de Haditch.

El rabino Menajem-Najum Shneerson era hijo del Miteler Rebe y nieto del Alter Rebe, Rab Shneur-Zalman de Ladi, Baal HaTania. 
Reb Nojum fue el hijo mayor de su padre y tuvo el privilegio de vivir durante unos quince años en presencia de su abuelo, con quien mantuvo una especial cercanía. Después del fallecimiento de su abuelo, el 24 de Tevet de 5573, comenzó a frecuentar el Tzion de su abuelo, donde se quedaba a veces durante semanas y meses.

El shamesh encargado del Tzion y del pequeño Beit Midrash establecido allí cerca, le asignaba una habitación en su casa, y Reb Najum solía quedarse allí varios meses al año. Al final de su vida se trasladó y se asentó por completo en Haditch.

Durante el día se sentaba en el pequeño Beit Midrash y se dedicaba a Torá y Tefilá. Los jasidim de la zona acudían a él para deleitarse de su conocimiento y de su Jasidut. Él les decía a todos: "Soy un invitado del Zeide."

Al principio, todos creyeron que su fuerte devoción por el Tzion de su abuelo tenía que ver con un incidente que le sucedió durante la fuga durante la Guerra Napoleónica, mientras el Rebe viajaba al frente de una caravana de decenas de carretas, con su familia y jasidim, en lo profundo de Rusia y Ucrania.

El desafortunado incidente ocurrió un viernes 6 de Elul de 1812, la víspera del segundo Shabat del viaje. La presión aumentó por apresurarse y llegar a la siguiente parada a tiempo para Shabat. Rab Najum estaba sentado en el primer vagón, y cada vez que la caravana llegaba a un cruce de caminos, reb Najum detenía la caravana,  se acercaba a su abuelo, que estaba sentado en la tercera carreta, y le preguntaba adónde dirigirse.

A veces el Alter Rebe lo guiaba sin levantarse de su asiento, a veces se bajaba del carruaje, caminaba hasta la intersección, se apoyaba en su bastón y meditaba, después de unos momentos le ordenaba girar a la derecha o a la izquierda.

Ese viernes el tiempo era muy escaso. Cuando el carruaje llegó a un cruce de caminos, Reb Najum se acercó al carruaje de su abuelo para preguntarle adónde ir. El Rebe ordenó lo que ordenó, pero debido a la presión, Reb Najum se confundió e interpretó la directiva de manera opuesta.

Después de viajar unos pocos kilómetros, el Rebe expresó su sorpresa de que aún no hubiesen llegado a cierta aldea donde pretendía parar. Sólo entonces quedó claro el error de Reb Najum y se presentó ante su abuelo, pálido y lloroso.

La respuesta del Rebe fue tajante: "Qué bueno es cuando el nieto sigue los pasos de su abuelo, y qué triste cuando el abuelo es guiado tras su nieto", dijo el Alter Rebe. Inmediatamente después ordenó continuar el viaje.

El error en el trayecto tuvo su precio, generó un gran retraso y varias complicaciones a lo largo de todo el recorrido del viaje. El Shabat lo pasaron en un lugar diferente al previsto, al igual que Rosh Hashaná. Algunos dicen que el fallecimiento del Rebe, unos meses más tarde, en la remota aldea de Piena, que condujo a su entierro en Haditch, también fue un resultado indirecto de aquel error en la ruta de viaje.

Los jasidim estaban convencidos de que la visita regular del nieto al Tzion de su abuelo tenía como objetivo "corregir" el pecado de ese error fatal.

Un día, algunos jasidim se atrevieron a hacerle la pregunta directamente a Reb Najum sobre el asunto. Su sorprendente respuesta les dejó claro que no tenía nada que ver con ese desafortunado error.

La víspera de su boda, contó Reb Najum, fue a ver a su abuelo, el Alter Rebe, para recibir una Broje suya. Como cualquier novio de una familia respetable, le cosieron una nueva prenda para la boda, incluyendo un tapado de seda. El Rebe entonces le preguntó si accedería en añadirle un parche a aquel bello y elegante tapado...

Parece que el Rebe quería elevarlo a un nivel espiritual superior, donde la apariencia externa no tiene importancia. Pero el joven novio, que entonces tenía trece años, rechazó la idea. "¡No usaré una prenda remendada en mi boda!", dijo.

"¡Fijaré un tiempo fijo contigo para estudiar juntos!", intentó convencer el abuelo al nieto. Eso tampoco lo convenció.

"Si accedes a mi petición, después de ciento veinte  años estarás אתי במחיצתי- conmigo [adónde yo esté en el Mundo Venidero]", le prometió el Rebe.

Esta vez Reb Najum no pudo negarse, pero por dentro, no estaba satisfecho con la idea. "De acuerdo", finalmente accedió. "¿Pero me basta con coser el parche por Kabalat Ol o tengo que desearlo de verdad para poder ameritar la promesa?"

El Rebe respondió: "¡Debes desearlo con todo tu corazón y con toda tu verdad!". Ante la respuesta, el nieto quedó en silencio y el 'trato' no llegó a concertarse.

Años pasaron. Reb Najum, que entretanto había crecido y madurado, miraba para atrás, lleno de profunda tristeza. En primer lugar, por el hecho de haberse rehusado a cumplir la voluntad de su abuelo. Y segundo, por dejar pasar y perder una promesa tan grande y descomunal, la de poder estar con su abuelo en el otro mundo.

Debido a esto, Reb Najum decidió que al menos aquí, en este mundo, aprovecharía cada momento para estar al lado de su abuelo.



Fuente: Sijat Hashabua 1939, Vayeji 5784.

©JasidiNews

Mantenerse alejado de Majloket - Mashal

El Imrei Noam contó el siguiente Mashal:

Un león le dijo cierta vez a una oveja: "Huele mi aliento y dime cómo es." La oveja fue franca y le dijo la verdad: "Tu aliento huele horrible."

“¿Dónde está tu respeto por el rey de todos los animales?” El león rugió y se devoró a la oveja. Luego el león se dirigió al lobo: “¿A qué huele mi aliento?” El lobo vio lo que le pasó a la oveja y supo que no debía decir la verdad. Le dijo: “Su aliento huele delicioso, su majestad.”

"¡Me estás mintiendo!" Rugió el león, y se devoró al lobo.

El rey se acercó al zorro y le dijo: "Huele mi aliento y dime cómo está." El zorro se dio cuenta de que, ya sea que diga la verdad o mienta, su vida corría peligro. Entonces se señaló la nariz y le dijo: “Estoy resfriado y tengo la nariz tapada. No puedo oler nada.” De esta manera el zorro se salvó.

El Imrei Noam explicaba: Cuando uno está involucrado en un Majloket, no importa lo que diga, sin importar de qué lado esté, estará en problemas. El mejor consejo, por lo tanto, es evitar el majloket y mantenerse alejado.


Fuente: Reb Elimelej Biderman