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lunes, 19 de febrero de 2024

Un encuentro en Siberia por una melodía

Reb Mendel Futerfas (que vivió en Rusia) contó acerca de un melamed que fue arrestado y exiliado a Siberia porque lo atraparon enseñando Torá a niños judíos. Una tarde de Shabat, este melamed escuchó a alguien cantando Yedid Nefesh a lo lejos. Siguió la voz y encontró a un yehudi de pelo largo, cantando con emoción, con los ojos cerrados. Quien cantaba no se dio cuenta que el melamed lo estaba observando. Cuando abrió los ojos, se abrazaron. El hombre le dijo: "Vivo aquí hace ya veinte años y eres el primer yehudi que me encuentro."

El melamed le preguntó: "¿Tienes algún artículo judío; un Sefer, un Shofar,
Tefilín, algo?"
"Nada, en absoluto", respondió el hombre. "Traté de traer todo lo que mencionaste, y más, pero me quitaron todo. Lo único que me queda es mi Emuná y las _zmires_ de Shabat... ¿Y vos? ¿Tenés algo?"
"Tengo un Tefilín shel Yad. Confiscaron mi Tefilín shel Rosh, lo vieron en mi cabeza, pero no sabían que también llevaba un Tefilín debajo de la manga."

El hombre estaba encantado. "¡Mañana podré ponerme Tefilín! Mañana será la primera vez en veinte años que me pondré un Tefilín."
Durante toda la noche se preparó y se anticipó para la mitzvá. Por la mañana se puso el tefilín, dijo el Kriat Shemá, y poco después falleció.

Reb Futerfas le dijo a sus alumnos: "Si no tuviéramos sforim o mitzvot durante veinte años, y tampoco viéramos el rostro de un yehudi en todo ese período de tiempo, ¿estaríamos cantando un Yedid Nefesh un Shabat por la tarde? ¿Estaríamos aprovechando cada oportunidad para observar las pocas cosas que podemos hacer? Sin embargo, tenemos Mitzvot; ¿no deberíamos aprovecharlas?!"

Esta historia tiene además un importante mensaje: recordarle a la gente que aproveche cada oportunidad que tenga para hacer Mitzvot. La historia también nos recuerda el privilegio y la alegría de cumplir las Mitzvot.

***
Fuente: Reb Elimelej Biderman
Traducido por ©JasidiNews 
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miércoles, 14 de febrero de 2024

Las monedas que brillaban - La Historia de "Reb Gabriel el Simpático"

Poco después de que Rabi Shneur Zalman de Liadi se convirtiera en Rebe, vivía en Vitebsk un jasid llamado Gabriel, que era hostigado por sus familiares por haberse unido a "la Secta." Intentaban incluso arruinar su fuente de ingresos, más él ignoró estos desafíos y continuó visitando periódicamente Liozna, donde vivía el Rebe en ese momento.

Ni una sola vez se quejó ante el Rebe por el deterioro de la situación financiera de su negocio; por el contrario, siempre contribuyó generosamente a todas las causas por las que el Rebe recurrió a sus jasidim, como ser el apoyo a los eruditos necesitados en Eretz Israel y el rescate de prisioneros. Tampoco se quejó nunca ante el Rebe sobre otro motivo de dolor: veinticinco años después de su matrimonio, él y su esposa aún no habían sido bendecidos con un hijo. Pero Aquel que diseña todas las circunstancias provocó una circunstancia mediante la cual a Reb Gabriel se le concedería una triple bendición: hijos, larga vida y amplio sustento. Y así fue que sucedió.

Una vez se necesitó una gran suma para Pidion Shvuim, el rescate de prisioneros, y Rab Shneur Zalman, como era su costumbre, mencionó una suma que se esperaba que contribuyera Gabriel. Cuando le contó esto a su esposa, ella observó que no estaba feliz, como siempre lo estaba en tales circunstancias. En respuesta a su pregunta, él le contó el secreto de que, como resultado de las acciones de su familia, estaban siendo sumidos en la pobreza y él simplemente no tenía la suma que el Rebe había mencionado.

"¿No me has dicho muchas veces", dijo su esposa, "que nuestro Rebe dice que uno siempre debe confiar en Di-s y estar constantemente con alegría? Entonces, ¿por qué amargarse? El Todopoderoso seguramente nos ayudará y nos permitirá contribuir con el monto que el Rebe espera de nosotros!"

Luego ella se dirigió y vendió sigilosamente todas las joyas y gemas que tenía, y más tarde le llevó el dinero a su marido, diciéndole: "Mira, aquí ya tenemos todo el dinero."

Ella le sugirió que partiera de inmediato y llevara su pequeño bulto directamente al Rebe. Reb Gabriel le recordó que el Rebe generalmente enviaba un emisario para recolectar el dinero, y que sería preferible esperar también esta vez. Pero como al poco tiempo sus hermanos le causaron otra gran pérdida, temió que, si necesitaba el dinero, pudiera verse tentado a utilizarlo para otro fin, y decidió, finalmente, partir con el bolsito hacia Liozna.

Al llegar allí, colocó la bolsa con el dinero sobre la mesa del Rebe y le explicó que como su situación financiera no era tan cómoda como antes, prefirió no esperar hasta que alguna emergencia le hiciera desviar este dinero a otro fin; por lo tanto había venido ahora él mismo. Entonces el Rebe le dijo que abriera el paquete y contara el dinero. Así lo hizo y se sorprendió al ver que las monedas brillaban de tal manera, como si hubiesen salido directamente de la casa de la moneda.

El Rebe apoyó su cabeza sobre sus manos, como lo hacía a menudo cuando entraba en un estado de Dveikut, luego levantó su cabeza y dijo: "La contribución al Mishkan en el desierto incluyó oro, plata y cobre, pero el único metal que brillaba eran los espejos de las mujeres, de cuyo cobre estaban hechos el Kior y su base, que, por cierto, fueron los últimos objetos en fabricarse, pero los primeros en usarse en el servicio del Santuario. Dime, ¿de dónde salió este dinero?”

Gabriel le contó al Rebe que había sufrido tribulaciones por parte de su familia durante diez años y continuó contándole cómo su esposa había conseguido el dinero.

Una vez más, en estado de Dveikut, el Rebe apoyó la cabeza sobre las manos por unos instantes y luego dijo: "בת דינא - בטל דינא [expresión talmúdica que podría interpretarse literalmente "la hija de la ley,  anuló la acusación"] -- "Tus duras pruebas han terminado. Que Hashem te conceda a ti y a tu esposa hijos e hijas, y larga vida para ver descendencia de tu descendencia; que Hashem te conceda una y otra vez prosperidad dondequiera que vayas, y favor y gracia ("חן") a los ojos de todos. Vende tu negocio y comienza a comerciar diamantes."

Con el corazón rebozando de felicidad, Gabriel se apresuró a regresar a casa para llevarle la buena noticia a su esposa y le preguntó por qué brillaban así las monedas.

"Las froté y pulí durante mucho tiempo con arena", dijo, "hasta que brillaron y brillaron como las estrellas."

Gabriel cerró su tienda y empezó a comerciar con gemas. Dios hizo prosperar su camino, de modo que encontró favor y gracia ante los ojos de sus nobles y escuderos locales, quienes pronto se convirtieron en sus clientes habituales. Su clientela se fue ampliando día a día. Además, al cabo de un año su esposa dio a luz a un hijo.

En tres años se hizo muy rico, prosperando en todo lo que se dedicaba y encontrando gracia ante quienes se encuentren con él, al punto tal que lo apodaron "Gabriel el Simpático" [גבריאל נושא חן]. Después de cuarenta años, delegó su negocio a sus hijos y pasó su retiro estudiando Torá, Tefilá y realizando actos de caridad. De hecho, en su filantropía la creciente comunidad de jasidim de Vitebsk encontró una fuente de constante bendición.


Fuente: "A Treasury of Chassidic Tales" (Artscroll), Uri Kaploun.
Traducido por ©JasidiNews 
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martes, 6 de febrero de 2024

Qué hizo cambiar de opinión al Megale Amukot - Impactante Historia de lo que es el Davenen y hablarle a Hashem

La persona debe acostumbrarse a pedir por sus necesidades (Tefilá) también en sus propias palabras. Estas tefilot se pueden decir casi en cualquier momento del día y son tefilot preciosas para Hashem. Uno de los beneficios de estas tefilot es que crean un vínculo entre la persona y Hashem, como lo demuestra la siguiente historia:

El Megale Amukois זצ"ל, Rav de Cracovia, le dijo a su comunidad que estaba a punto de abandonarla, pero no les dijo el motivo por el que tomó esa decisión. La comunidad le suplicó que se quedara, pero no parecía que lo convencerían.

Cuando llegó el día de su partida, le dijo a la comunidad que había cambiado de opinión. Se queda con ellos.

Los habitantes de Cracovia estaban muy contentos. También tenían curiosidad. “¿Por qué planeabas irte y qué te hizo cambiar de opinión?” Ellos le preguntaron. El Megaleh Amukos respondió: “No quiero contarles la razón por la que originalmente planeé irme, pero sí les diré por qué decidí quedarme.

En nuestra ciudad hay un vendedor ambulante pobre que se gana su parnasá vendiendo hogazas de pan y beiguels, su esposa los hornea y él se sienta en una esquina de la calle a vender los Beiguels a los transeúntes. Hace unos meses, una persona rica lo reconoció: “Eres un talmid jajam; Te recuerdo de hace muchos años. No deberías trabajar así."
 “Esto es lo que hago para ganarme la vida”, respondió. “No, no, no. De ahora en adelante, permanecerás en el beis medresh y estudiarás Torá. Te enviaré un subsidio (sueldo). semanal, incluso más de lo que ganas ahora…’ “El vendedor ambulante estuvo de acuerdo, y este acuerdo se prolongó durante un par de meses. Recientemente, el hombre rico volvió a ver al pobre en la calle vendiendo pan.

"¿Qué pasó? ¿No tenemos un acuerdo?
“El pobre respondió: 'Decidí retirarme del trato. Me ganaré la vida vendiendo pan, como antes.'

"El hombre rico dijo: 'Pero un trato es un trato y, como todo acuerdo, no puedes echarte atrás sin una decisión de un Beis Din.'"

El Megaleh Amukois dijo: “Ayer vinieron a mi Beis Din. El rico quiere seguir manteniendo a su amigo, pero el pobre vendedor ambulante no quiere aceptar el dinero. Un caso de lo más inusual.

Le pregunté al vendedor ambulante por qué quiere incumplir el acuerdo y me dijo lo siguiente: 'Siendo vendedor, mi esposa y yo hacemos Davenen continuamente. Rezamos para que la masa se infle bien, que el pan salga rico, que yo pueda conseguir fácilmente leña seca (ya que la leña húmeda echa humo y arruina el pan) y obviamente rezamos y le pedimos al Oibershter que la gente quiera comprar el pan. Todo nuestro día gira en torno a nuestras Tefilot. Pero desde que recibimos el salario y subsidio semanal casi dejamos de hacer Davenen, ya que no teníamos ninguna preocupación. Por lo tanto, decidimos que debería volver a ser vendedor ambulante nuevamente, para que podamos recuperar nuestra conexión constante con Hashem…”

El Megale Amukois finalizó: “Fue entonces cuando decidí que quería quedarme aquí en Cracovia. Quiero estar cerca de gente como él."



Fuente: Reb 'Meilaj' Biderman
Traducido por JasidiNews©
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miércoles, 31 de enero de 2024

Dos es mejor que uno - Rebetzn Jaya Mushka - 22 de Shvat

Amijai Liani es un adinerado hombre de negocios de Nueva York. Como tal, suele ayudar y patrocinar importantes proyectos relacionados con Torá y Mitzvot. Una vez, hace unos años, fue invitado al Centro Jabad para judíos rusos en Queens, Nueva York, para recibir el gran honor de ser el Sandek (el que sostiene al bebé en su regazo) en un Brit Milá. Una pareja judía de Rusia habían tenido mellizos después de muchos años sin tener hijos. El rabino de Jabad fue designado como Sandak para el bebé "mayor", y como está escrito en la Halajá que ser sandek es un honor y un mérito tan grande, un padre no debe otorgar este Zejut dos veces a la misma persona, por lo que el rabino les sugirió a los felices padres que inviten y honren al señor Liani para ser el Sandek del 'más chico'.

Una vez finalizadas ambas ceremonias, una tras otra, todos los invitados se sentaron alrededor de la mesa preparada para participar en la comida de celebración. Después de que todos se hayan servido algo, el padre de los mellizos se puso de pie y comenzó a hablar emocionado… en un ruso rápido y fluido. Como era el único presente que no hablaba ruso, el señor Liani decidió que podría irse sin que se vea tal actitud descortés. Discretamente le entregó al rabino un cheque para cubrir los gastos de toda la Seudá (la comida) en agradecimiento por el mérito especial de ser Sandek, y se dirigió silenciosamente hacia la salida.

Sin embargo, antes de que pudiera irse, la madre de los mellizos corrió para interceptarlo. Ella le agradeció y le pidió en un buen inglés que por favor si se podía quedar un minuto más; ella quería contarle una historia.
Él accedió y ella comenzó.

"Mi marido y yo nos casamos cuando todavía vivíamos en Rusia. Poco después emigramos a los EE.UU. Decidimos que no tendríamos hijos hasta que hubiéramos ahorrado suficiente dinero. Después de que ambos trabajamos duro durante diez años, obtuvimos unos buenos ingresos estables. y compramos una linda casa aquí en Queens, nos pusimos de acuerdo en que era hora de formar una familia, pero no quedaba embarazada; fuimos a varios médicos, pero ninguno pudo ayudarnos.

Como crecimos en la Unión Soviética bajo el comunismo, no tuvimos ningún contacto con judaísmo. Hace aproximadamente un año, mi esposo desarrolló un interés y comenzó a asistir esporádicamente a eventos y servicios de Shabat en este Beit Jabad para judíos de habla rusa, que queda cerca de donde vivimos. Cuando él comenzó a participar regularmente me enojé. Como rusos y como gente moderna y educada, esto no era parte de nuestra cultura, y no quería tener nada que ver con eso. Me quejé de esto con mi esposo. Muchas veces, pero no se detuvo. En todo caso, aumentó y se hizo más frecuente. Finalmente, una noche le di un ultimátum: 'Tienes que elegir entre la sinagoga y yo. Si vuelves a ir esta noche, ¡no vuelvas!'

Él se quedó en casa.

Esa noche tuve un sueño. Una señora anciana me hablaba. 'Sé que estás sufriendo porque deseas tanto tener hijos. Si dejas que tu marido siga yendo a la sinagoga, te prometo que tendrás un niño. Y… si vas con él, ¡te prometo dos!'

"Me quedé sorprendida. Le dije en mi sueño: '¿Cómo te haré saber lo que haya decidido?'

"Ella sonrió y respondió: 'Déjame mostrarte', y de repente estábamos conduciendo por las calles de Queens. El auto se detuvo en una casa que lindaba con el cementerio de Springfield.
Ella me dijo que cuando entre a la casa, 'Inmediatamente a la izquierda verás una pantalla de video reproduciéndose. Sal por la puerta al otro lado de la habitación, baja unas escaleras y cruza otra puerta, y estarás en una gran sala con muchas máquinas de agua caliente para café y té en el lado izquierdo. Sal por la puerta del extremo izquierdo hacia el cementerio y camina por el sendero hasta llegar a una pequeña edificación. Ahí es donde está mi esposo, el Lubavitcher Rebe. Yo estoy afuera, justo frente a la entrada."

"Me desperté. Recordaba claramente todo lo que había en el sueño y que parecía tan real. A pesar de mi perspectiva "moderna", me encontré creyendo en aquel sueño. Al día siguiente le dije a mi marido que el próximo Shabat podía empezar a ir al Shil nuevamente. Él estaba sorprendido, y también feliz, por supuesto. Entonces le dije que iría con él, y sus ojos se veían como a punto de estallar de su rostro.  

"Luego llamé al rabino del centro Jabad para rusos. Él estaba bien al tanto de los problemas que mi esposo tenía conmigo debido a su creciente nivel de observancia, pero nunca nos habíamos conocido, por lo que estaba encantado de escucharme. Le dije que quería ir a el cementerio donde está el Lubavitcher Rebe. No podía contener su emoción. 'Cuando quieras ir, de día o de noche, estaré encantado de llevarte.' Imagina su sorpresa cuando le dije: "No es necesario que me lleve; ya conozco el lugar. Sólo necesito aclarar algunas indicaciones para llegar."

Fui allí y todo era exactamente como se describía en mi sueño. Frente a la entrada del 'Ohel' del Rebe, como lo llaman, vi la lápida que indicaba el lugar de descanso de su esposa. Fue entonces cuando me di cuenta de que era la difunta Rebetzin Jaya Mushka quien se me había aparecido en mi sueño.

"Me acerqué lo más que pude y susurré: 'Quiero dos. Acepto ir a la sinagoga con mi marido.'

El Shabat siguiente acompañé a mi marido y no estuvo tan mal. Había otras mujeres rusas de mi edad (treinta años en adelante) con antecedentes similares a los míos y me dio gusto conocerlas. Regresé la segunda semana y la tercera semana y me encontré esperando con ansias la próxima vez, el próximo evento, etc.

Un mes después de empezar a ir me enteré de que estaba embarazada. ¡De mellizos! Y esta historia que acabo de contarle es la que mi marido está contándole ahora a todo el público, en ruso."

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Fuente: contado a Yerajmiel Tilles por R. Gil Hirsch, quien lo escuchó en una conversación del propio Sr. Liani.
Amijai Liani es el propietario del Café K, una cadena de cuatro restaurantes, dos en Brooklyn y dos más nuevos en Manhattan. Vive en Brooklyn.

jueves, 25 de enero de 2024

15 de Shvat - Las frutas que identifican al árbol



Un hombre rico llamado Elimelej recibía muchos honores en el Shul de su Rebe, Reb Jaim de Ontinia [Vishnitz]. Tenía uno de los sitiales preferenciales adelante, frente a la congregación, próximo a la silla del Rebe. En el Tish, también se sentaba próximo al Rebe, quien le expresaba diversos gestos de gracia y cariño.

Por su parte, Elimelej le tenía un gran respeto a su Rebe. Siempre inclinaba la cabeza ante él y contribuía generosamente en las causas caritativas que dirigió el Rebe.

Sin embargo, los jasidim no tenían tal estima de Elimelej, a pesar del afecto que el Rebe mostró abiertamente hacia él. Sospechaban que sus generosas buenas acciones indicaban solo una piedad superficial, mientras que en casa no era tan jasid y piadoso [observante] como se mostraba en público. Las malas lenguas decían que se había influenciado por el llamado Movimiento Iluminista y sus innovaciones, y que esto ya había debilitado su Irat Shamaim.

Está bien, nadie es perfecto. Y el hombre rico tenía muchas cualidades para destacar. Mientras se encuentren fallas entre él y su Creador, era bastante fácil hacer la vista gorda. Pero ahora, se había cruzado una línea imperdobable: había matriculado a su hijo en la escuela secundaria del Movimiento, algo que ningún joven de ninguna familia religiosa todavía se había atrevido a hacer, ni hablar de un hogar jasídico y tan asociado con el Rebe, nada menos.

"¿Qué tipo de ejemplo es este para nuestros hijos?" se quejó una delegación de jasidim al Rebe. "¿Puede una persona enviar a su hijo a una escuela antirreligiosa y aún tener un lugar honrado próximo al Rebe?"

El Tzadik quedó sacudido por el informe. Convocó a su rico jasid a una reunión. Al principio le habló amigablemente, intentando que se percate de su error. El hombre rico, que casi siempre era sumiso a las opiniones del Rebe, esta vez se mantuvo firme. "Mi hijo quiere una educación amplia, para poder abrirse camino en el mundo."

Cuando el Tzadik vio que no estaba llegando a ninguna parte, cambió su enfoque. "Una educación judía pura y auténtica dentro de un contexto de Irat Shamaim es parte integral de Jasidus", exclamó. "Hasta que no saques a tu hijo de esa escuela, no quiero verte entre mis Jasidim."

Elimelej salió consternado. ¿Cómo podría vivir sin estar cerca de su Rebe? Durante varios días permaneció en un estado de confusión. Casi parecía que las duras palabras del Rebe habían llegado lentamente a su corazón. Al final, sin embargo, decidió que él tenía razón; No hay nada de malo si su hijo quiere adquirir una educación más amplia. El problema era solo que el Rebe era demasiado extremista.

De ese análisis llegó una solución obvia. "Solo tendré que encontrarme un Rebe diferente", se dijo a sí mismo.

Esto resultó ser bastante fácil, pronto se encontró en la puerta de Reb Isroel de Vizhnitz... No era otro que el hermano del Tzadik de Ontinia, el Rebe que acababa de abandonar. Conocido por el gran amor que tenía por cada judío, el Rebe de Vizhnitz era amable y abierto a todos. Le dio a Reb Elimelej una gran sonrisa, lo invitó a sentarse cerca de él en el Tish aquel Shabat, e intercambiaba palabras amistosas con él cada vez que se encontraban.

Elimelej estaba extasiado con su 'hallazgo'. Se sentía tan bien con su nuevo Rebe. No solo eso, se sintió reforzado de sentir haber tenido razón todo el tiempo, y que las críticas de su antiguo Rebe no estaban justificadas.

Un día, poco después, el Vizhnitzer lo invitó a Elimelej a acompañarlo en su paseo/caminata por la noche al parque. ¡Qué honor! Y un placer también, el aire era tan agradable, y la suave brisa sacudiendo las hojas y las ramas delgadas de los árboles a lo largo del sendero.

El Rebe se volvió hacia su acompañante. "Estos árboles evocan en mí dulces recuerdos distantes de la infancia. Recuerdo cómo una vez, en los días previos a Pesaj, la esposa del Melamed nos sacó afuera para que pudiera limpiar la casa. Tuvimos que instalarnos en el patio para estudiar.

Éramos niños pequeños, y aunque el Melamed hacía todo lo posible para que estudiemos, estábamos demasiado distraídos, las golondrinas cantando, un vagón tirado por caballos, nubes arriba sobre nuestras cabezas: ¿quién podía concentrarse para estudiar?

Cuando nuestro maestro vio que no tenía esperanza, decidió tratar de darnos una lección de la naturaleza. Señaló el jardín de al lado." ¿Ven ese árbol allí?", preguntó llamando nuestra atención." Eso es un nogal. Y al lado hay un peral. Y detrás hay un manzano. Continuó identificando todos los diferentes árboles.

'¿Cómo lo sabes?' Le preguntamos, perplejos. El invierno acababa de terminar, los árboles estaban secos, pelados de frutas y hojas. El maestro comenzó a enumerar diferentes señales, la relativa suavidad o bache del tronco, la cantidad y el grosor de las ramas, la altura de los árboles, y así sucesivamente. Sin embargo, nosotros, los niños pequeños que éramos, no pudimos absorber su explicación erudita."

El Tzadik apretó el brazo del hombre rico y continuó su historia. "Entonces, ¿cómo pudimos nosotros distinguir qué árbol era qué? Simple. Nos dimos cuenta y lo comprobamos después de unos meses cuando los árboles comenzaron a dar fruto. ¿Cuál era el peral? Aquel que tenía ahora peras sobre él. ¿El que estaba lleno de ciruelas? Obviamente, un ciruelo. Cada árbol fue fácilmente identificado por su fruta.

"De esto aprendí una  importante lección", dijo el Rebe concluyendo. "Cuando no sepas con certeza la naturaleza y condición de una persona, mira sus descendientes, sus frutos. De ellos puedes saber quién es realmente la persona."

Elimelej captó el mensaje. Su verdadera identidad se revelaría a través de sus hijos.

Esa misma semana el adinerado Elimelej sacó a su hijo de la escuela no religiosa.


Fuente: Sijat Hashabua #547
Traducido por JasidiNews©

Yud Shvat - Maise de la infancia del Frierdiker Rebe

Este Shabat es Yud Shvat, día del Hilula (Yortzait) del Rebe Anterior, Rabi Yosef Itzjak Schneersohn y a su vez día que asumiría el liderazgo el Rebe, Nesí Doreinu.
[Además esta misma fecha conmemora el Yorzait de su abuela, la Rebetzn Rivka, esposa del Rebe Maharash]. 
En honor a la fecha, esta anécdota relatada por el propio Rebe Anterior:


Incluso a la tierna edad de cinco años, el 'Rebe Anterior' de Lubavitch, Rabi Yosef Itzjak Schneersohn (el "Rayatz"), tenía una agenda diaria fija. A las ocho de la mañana se levantaba y media hora después estaba en el Shul rezando con el Minian. De 9:30 a 10:00 desayunaba. Luego, durante cuatro horas estudiaba en el Jeider. Luego, tenía un recesi para el almuerzo durante una hora y otra hora dedicada a escribir. Desde las 4:00 hasta las 8:00 tenía nuevamente estudio, luego la cena y algo de tiempo libre para pasar en su habitación, antes de irse a dormir. 

Shabat, por supuesto, era diferente. La mayor parte de la mañana se pasaba en el Davenen en el Shul. Además, tenía un regalo especial: la visita a su Bobe, la madre de su padre, la Rebetzin Rivka. Allí se encontraba con los miembros más veteranos de la comunidad, jasidim de barbas blancas que venían a presentar sus respetos a "la Éltere Rebetzn". Se quedaban un rato y contaban historias acerca de la vida de célebres jasidim o incluso del Rebe Maharash, el abuelo del Rebe anterior (el esposo de la Rebetzin Rivka). 

Cuando todos iban a casa a comer la comida de Shabat, el niño regresaba al Shul. Allí, hacía tiempo que todos los Mispalelim habían terminado su Tefilá y se habían ido a casa, todos excepto su padre, el Rebe Rashab. Estaba sentado allí cerca del Arón. Él seguía haciendo Davenen. Una vez, el niño se acercó silenciosamente a su padre para escuchar su Tefilá. Su padre rezaba muy lentamente, como si contara las palabras. A veces hacía una pausa y sólo luego continuaba lentamente. 

El hijo del Rebe se preguntaba por qué su padre tardaba tanto en leer la Tefilá, que incluso él, un niño de cinco años, conocía tan bien y podía leer con tanta fluidez. Pero su corazón latía con fuerza mientras escuchaba la conmovedora melodía que su padre tarareaba de vez en cuando, y la entonación de las palabras. 

Le preguntó a su tío, Rab Zalman Aaron, hermano de su padre. "¿Por qué Tati reza tan despacio?!" 

Su tío sonrió y respondió con un brillo en los ojos: "A tu papá le resulta difícil leer las palabras del Sidur tan rápido. Tiene que decir cada palabra por separado y no puede ir tan rápido. Por eso le lleva tanto tiempo." 

El chico se dio vuelta sin decir una palabra. Pero por dentro sentía un dolor y una vergüenza por el hecho que su padre no pueda rezar con mayor fluidez. 

El siguiente Shabat, se acercó silenciosamente a su padre y lo escuchó atentamente. Su padre estaba diciendo el Shemá. "Shema Isroel..." Dijo su padre lentamente, luego hizo una pausa. El hijo se sobresaltó al oír a su padre sollozar. Su padre dijo un par de palabras más y sollozó de nuevo, y cuando dijo "Hashem Ejod - Di-s es Uno", las palabras parecieron estallar en su corazón, con un torrente de lágrimas. 

El hijo no pudo escuchar más. Su corazón estaba lleno de lástima por su padre. Regresó a su casa y, con ojos lagrimosos le pidió a su madre: "Mame, Tati está llorando en el Shul! ¿Por qué reza tan lentamente y por qué llora? Ven y compruébalo por ti misma. No puedo verlo así." 

"No hay de qué preocuparse", consoló la madre a su pequeño hijo. "Ve de tu Bobe y cuéntaselo. Ella es una mujer muy sabia, tal vez pueda darte una explicación." 

El niño no perdió tiempo y fue con su abuela, seguro de que la anciana y sabia Rebetzin encontraría un remedio para ayudar a su padre a aprender a leer del Sidur más rápidamente, tal vez incluso tan rápido como todos los demás. 

Cuando fue a ver a su abuela, el niño le contó las dificultades de su pobre padre para decir el Davenen. "Mi mamá dijo que podrías hacer algo al respecto", concluyó esperanzado. 

La abuela lo miró seriamente y le dijo: "Tu padre es un gran josid y un hombre justo. Antes de leer cada palabra del Sidur, piensa detenidamente en esa palabra. Qué significa y a quién se la está diciendo. Y cuando piensa acerca de las santas palabras de las Tefilot, su corazón se llena de amor hacia Hashem, así como un hijo ama a su querido padre que está cerca y al mismo tiempo lejos. Así tu padre anhela estar más cerca a Él y las lágrimas simplemente brotan. No puedo explicarte más ahora, pero cuando seas mayor lo entenderás mejor y sabrás cómo se siente." 

Con la explicación de su abuela, el niño sintió como si le hayan quitado un peso tremendo de su corazón. Entonces, no es que su padre no pudiera leer el Davenen rápidamente. Es debido a que su padre era una persona tan especial, su Davenen era de manera diferente. Sí, se dio cuenta de que su padre era diferente, en su forma de hablar, de actuar, de estudiar, de rezar. Ese mismo día, relata el Rebe Rayatz, resolvió que, como hijo único de tan gran persona, él también debía actuar de manera diferente, para dar mérito a ser su hijo.

El encuentro con el anciano en el aeropuerto y la historia de la Broje del Rebe sobre sus manos

Un anciano con una gran kipá negra apareció una vez en el mostrador de Jabad del aeropuerto Ben Gurion de Israel. Cuando le ofrecieron un café, aceptó el ofrecimiento, pero sólo si estaba lleno hasta el tope. 

Los jasidim perplejos que estaban detrás del mostrador hicieron lo que les pidió; llenaron la taza, mientras él les indicaba que agreguen más y más hasta el punto que el más mínimo temblor haría que se derramara. Luego, ante su asombro, el hombre anciano levantó el vaso sin derramar una sola gota y se lo fue tomando. 

Cuando terminó, sonrió con orgullo y dijo: "¡Hice eso para mostrarles lo grandioso que es su Rebe!" 

"No soy un jasid Jabad", explicó. "Soy el Rabino Baker, hace muchos años fui rabino de una gran sinagoga de Nueva York. Teníamos una Mikve para mujeres y todo. Pero luego, como tantas otras sinagogas de EE.UU., las personas mayores fueron falleciendo o se mudaron y el barrio se llenó de gentiles. La comisión directiva empezó a insinuar que les gustaría vender el terreno (el Shul y todo) y obtener una buena ganancia, pero yo me opuse firmemente. 

En primer lugar, está prohibido vender una sinagoga y, además de eso, los hombres seguían viniendo al Shul y las mujeres seguían usando la Mikve. Además, cabía destacar un dato interesante. La señora que estaba a cargo de la Mikve me dijo que el Rebe de Lubavitch, el rabino Shneerson, la llamaba muy a menudo para preguntarla cómo se sentía y alentarla en su importante trabajo. 

Esto continuó así durante varios meses. Luego, una noche, mientras yo estaba dando una clase de Talmud en la sinagoga, ella irrumpió en la sala y gritó casi histéricamente que alguien había puesto un candado enorme en la puerta de la Mikve. 

Deduje que habrán sido los directores y la comisión tratando de disuadir a las mujeres de venir, pero no sabía qué hacer. No soy la persona más fuerte y efusiva y me considero un rabino respetable... ciertamente no soy alguien que salga a llevar a cabo una pelea. 

Bueno, no sé cómo lo hice, pero corrí hacia mi auto, de alguna manera encontré una sierra para metal (hasta el día de hoy no sé cómo llegó allí), corrí hacia la cerradura y comencé a serrar el candado, frente a todos. Mucha gente incluso se detuvo a mirar, pero a mí no me importó, aproximadamente media hora después la puerta estaba abierta y las mujeres pudieron entrar. 

Al día siguiente, la señora de la Mikve me dijo que el Rebe la llamó la noche anterior después del incidente, y cuando ella le contó lo que había hecho, él dijo: 'Benditas sean las manos que cortaron esa cerradura'.

"Eso es lo que quería mostrarles", concluyó el anciano rabino. "Hoy tengo 91 años, pero ven que mis manos están firmes como las de un muchacho joven. Claramente se debe a la Broje del Rebe."