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sábado, 15 de junio de 2024

Jitas!

Durante los Farbrenguens de Shavuot el Rebe siempre mencionaba que Shavuot es el día en que Hashem nos entregó la Torá, también es el Yortzait de David Hamelej, el compositor de los Tehillim, y también el Yortzait del Baal Shem Tov, quien comenzó a revelar Jasidut en el mundo. Esto resalta la conexión del Jumash, el Tehilim y el Tania con Shavuot. [El Rebe señalaba también la importancia de estudiar Jitas, no solo recitar sus palabras.]


En 5616 (תרט”ז-1856), la Haskalá (Movimiento Iluminista) logró convencer al gobierno ruso de publicar sus propios libros de texto relacionados con estudios judaicos y exigir que todos los sistemas educativos judíos los utilizaran. En esencia, estaban tratando de obligar a los "jeider's" religiosos a utilizar el plan de estudios que ellos prepararon, que omitía muchas Mitzvot vitales y el concepto de Emuná, etc.

En ese momento, el Rebe Tzemaj Tzedek le preguntó a su hijo, el [Rebe] Maharash, si dominaba las palabras del Tania. Después de recibir una respuesta afirmativa, le preguntó si era versado en las palabras del Tania tan bien como conocía las palabras de la Torá, en las que sobresalía. El [Rebe] Maharash nuevamente respondió afirmativamente.

Al año siguiente, 5617 (תרי”ז -1857), el Rebe Tzemaj Tzedek envió a su hijo el [Rebe] Maharash a Petersburgo, la capital, para discutir ciertos asuntos comunales con las autoridades. Antes de partir, el Rebe el Tzemaj Tzeddek le dijo: 

“En 5603 (תר”ג-1843) el gobierno me convocó a un congreso de líderes judíos. [Esperaban implementar algunas de sus restricciones respecto al estudio y la observancia de la Torá, especialmente respecto al estudio de Jasidut. Sin embargo, el firme desafío del Tzemaj Tzedek a las autoridades, hasta el punto de haber sido encarcelado 22 veces [arrestos domiciliarios] durante esos pocos meses, prevaleció y ellos dieron marcha atrás en sus intenciones.] Antes de asistir a aquel encuentro, primero fui a hacer Tefilá en el lugar de reposo de mi madre [Rebetzn Devorah Leah, en Liadi]. Ella me relató que dado el Mesirut Nefesh que había hecho por el bien de los jasidim y de Jasidut, tuvo el mérito de  ascender a la cámara celestial del Baal Shem Tov donde le pidió que intercediera por mí.

Ella también le preguntó y le pidió que le informara de algún remedio espiritual con el cual, con la ayuda de Di-s, podría salir victorioso contra aquellos que se oponen a las enseñanzas de  Jasidut [y al judaísmo auténtico].

Ella me informó que el Baal Shem Tov le respondió: 'Tu hijo domina de memoria las palabras del Jumash ,  Tehilim y Tania. Está escrito:
וַיְהִי חִתַּת אֱלֹקים,“Y el temor de Di-s estuvo sobre…”. חת”ת (JiTaS ) es un acrónimo de Jumash, Tehilim y Tania. Quien domina las letras [de estos tres] puede superar todos los obstáculos'”. [Y de hecho en el transcurso de aquel extenso encuentro, el Tzemaj Tzedek frustró con éxito sus planes.]

El Tzemaj Tzedek continuó: “Por lo tanto, siempre que estés en un edificio gubernamental o te reúnas con un funcionario, recita una Parashá de la Torá y un capítulo de Tehilim y de Tania."

Años más tarde, cuando el Rebe Maharash le contó esto a su hijo, el [Rebe] Rashab, le dijo: “Esto me significó una receta maravillosa para mí también, porque con las primeras tres Parshiot de la Torá y los tres capítulos de  Tehilim y Tania, los planes del Movimiento de la Haskalá se desmoronaron hasta el punto de que su líder tuvo que huir del país avergonzado y asustado del gobierno ruso, ya que el gobierno sufrió una enorme pérdida monetaria en la impresión de los libros del Movimiento que nunca fueron utilizados.

Años más tarde, cuando el Rebe Rashab repitió este incidente a su hijo el Frierdiker Rebe, concluyó: “[Si alguien sabe y repite] un capítulo de Tania de memoria, no sólo conquistará y frustará a la oposición, sino que le traerá a él abundancia de bendiciones y éxito, tanto en asuntos espirituales como materiales."


Entonces, ahora que acabamos de concluir el Yom Tov de Shavuot, es momento clave para fortalecernos en nuestro compromiso diario con el estudio de Jitas.


Fuente: Rab Sholom DovBer Avtzon. Traducido por ©JasidiNews 

sábado, 8 de junio de 2024

Tikun Leil Shavuot


Reb Yehoshua era un hombre piadoso, recto y temeroso de Hashem. Junto con su esposa Sara formaron su hogar sobre las bases de la Torá y el Jesed, pero pasaron muchos años y todavía no podían abrazar a un hijo. Pasaron los años y la pareja iban poniéndose mayores y casi perdiendo las esperanzas.

Un año, en la noche de Shavuot, la esposa de Reb Yehoshua se acercó a uno de los Tzadikim de la generación y con lágrimas en sus ojos explicó su amarga situación, tantos años de esterilidad y su soledad en ausencia de hijos. Muchas veces ya se había dirigido a lo del Tzadik a pedirle que rece por ella, pero esta vez se mantuvo firme y con el corazón roto exclamó: "¡Rebe! ¡No me moveré de aquí hasta que me bendiga con un hijo!" El Rebe se quedó en silencio, cerró los ojos y finalmente dijo: "Esta es una hora oportuna y te otorgo una bendición, tal como se bendijo a Sara Imenu, de aquí en un año tendrás un hijo, y que el hijo crezca acorde a tu deseo y voluntad." La mujer salió de lo del Tzadik con el corazón contento y creyó de todo corazón que su salvación llegaría. Tanta la alegría, que no prestó atención a las palabras del Tzadik y su desconcertante adición, de que su hijo crezca según su voluntad.

Pasó exactamente un año, llegó Jag Hashavuot y Sara, la esposa de Reb Yehoshua tuvo un hijo. La ciudad quedó muy conmovida por las buenas noticias y todos compartieron la alegría de los flamantes padres. El niño que entró en el pacto de Abraham Abinu, recibió el nombre del rey David, cuyo día de nacimiento y fallecimiento cae en Jag Hashavuot. El bebé David fue circuncidado sobre las rodillas del Rebe y, a pedido de su madre, bendijo al niño diciéndole que el Zejut del rey David lo proteja para crecer en la Torá y en Irat Shamaim para satisfacción de sus padres.

Ya en los primeros años del nacimiento de David, advirtieron que fue dotado de talentos únicos y maravillosos. Sus padres lo amaban con todo el alma, el haberlo tenido en su vejez después de largos años de ansiedad y espera, y lo colmaron con una abundancia de amor desmedida. No escatimaron en absoluto en comprarle los juegos y juguetes que desee, ropa bonita y libros para su satisfacción. Los amigos de Reb Yehoshua lo reprendían por la indulgencia que le da a su hijo, comentando que lo estaba acostumbrando a malas cualidades y terminar criándolo de manera torcida, pero el amor de Reb Yehoshua por su hijo cegó sus ojos y nubló su mente.

Más que el resto de todos los Jaguim, a David le encantaba Jag Hashavuot, que también era su cumpleaños. La casa decorada con hermosas flores, las deliciosas comidas lácteas que preparaba su madre, la atmósfera especial del Yom Tov, todo esto dejó una profunda impresión en su corazón y quedó vinculado con este día en una conexión especial y constante.

Cuando David creció, sus padres lo enviaron a una famosa Yeshivá que estaba lejos de su ciudad, para que estudie Torá de la mano de los más grandes de la generación. Los padres estaban seguros de que su hijo era diligente en su estudio de Torá y Avodat Hashem, pero la gran ciudad llamó la atención del inocente joven y se arrastró tras las vanidades de este mundo. Un buen día, David desapareció de la Yeshivá y el Rosh Yeshivá lo buscó constantemente; finalmente lograron dar con el paradero del muchacho, que estaba irreconocible, casi sin rastros del perfil de un joven Yehudi. Con el corazón roto, el Rosh Yeshivá fue a la casa de los padres y les contó lo sucedido con su amado hijo, que había abandonado la 'fuente de agua viviente' y fue a cavar pozos rotos que no contenían agua... La amarga noticia cayó como un rayo sobre los padres destrozados, la madre enfermó de pena y al poco tiempo falleció. Al final de los días de duelo, el anciano y destrozado Reb Yehoshua se levantó y se dirigió a la gran ciudad, con la esperanza de poder hacer retornar a su hijo a casa y a sus orígenes, pero sus esfuerzos fueron en vano. Su hijo, querido y compasivo, lo miró con desdén y altivez y se burló de la tradición de sus antepasados, al tiempo que reafirmaba su nuevo camino.

Cuando Rabí Yehoshua vio que sus palabras caían en oídos sordos, le pidió a su hijo una única petición: "Te ruego, elige para ti cualquier Mitzvá o costumbre, la que desees, y obsérvala con toda vigilancia, y tal vez esta Mitzvá te ayude, y te haga volver, como en los buenos tiempos." Las lágrimas del padre mientras decía estas palabras llegaron al corazón de su hijo y éste accedió a su último pedido. No pasó mucho tiempo, y los judíos del pequeño pueblo acompañaron a Reb Yehoshua en su último viaje, y junto a la tumba abierta no había ningún hijo que recitara el Kadish Yatom.

Los talentos de David con el tiempo mostraron su fruto y se convirtió pronto en un hombre muy adinerado. Se construyó una magnífica casa, donde pasaba tiempo con sus amigos en fiestas y jolgorios, hasta olvidar por completo su pasado judío. Una sola Mitzvá lo conectaba con el pasado, que eligió a pedido de su padre, y era la costumbre de comer lácteos en la festividad de Shavuot. El sabor de los productos lácteos de su madre todavía persistía en su lengua y todos los años se preparaba las delicias y diversos alimentos lácteos para comer en la Seudá del Jag.

David tenía un mayordomo gentil, que era su hombre de confianza. Servía a su amo con decencia y lealtad pero su patrón nunca accedió a mostrarle su gran fortuna, que escondía en su habitación. Una vez, el amo olvidó cerrar la puerta de su habitación y el sirviente entró y descubrió allí un enorme tesoro de monedas de oro y diamantes preciosos. Desde aquel día, el asistente no podía calmarse y toda su ambición era quedarse con ese tesoro. Durante largas horas se sentó e ideó cómo sacarse de encima a su amo hasta que finalmente tomó la decisión: envenenar a su amo y enterrarlo, y luego quedarse con todas sus posesiones.

Sobre una fuente humeante, disponía el mayordomo la carne asada que había preparado para su amo, como era su costumbre, y secretamente derramó en el plato un veneno mortal y peligroso, que había comprado en secreto. David se sentó en la mesa, clavó el tenedor en la carne y de repente se detuvo de un sobresalto, como si lo hubiese mordido una serpiente. "¿Cómo lo olvidé"? exclamó: "¡Hoy es Shavuot y suelo comer lácteos este día!" El rostro del sirviente cambió de color y su amo lo percibió. "¡Iré a prepararle unos lácteos entonces!", se apresuró a decir el mayordomo, pero David lo detuvo y le dijo: "No, en este día suelo prepararme mi propia comida". El criado, que ya estaba dirigiéndose a la cocina, se detuvo. El pánico era visible en sus ojos y estaba convencido de que había descubierto su plan. David lo miró asombrado, nunca había visto a su mayordomo actuar de manera tan extraña.

"Sabes qué," se volvió hacia el mayordomo y le dijo: "Una lástima aquella buena carne, cómetela tú mismo." El rostro del sirviente ahora empalideció varias veces e intentó escapar de la habitación, pero David lo sujetó con fuerza y ​​lo encerró en una de las habitaciones de la casa. Luego tomó la carne y la arrojó frente al perro que corría por el patio. Este último se abalanzó sobre la carne con gusto, pero al instante cayó hacia atrás y de su boca brotó un terrible gemido, tras lo cual se quedó inmóvil. "Muerto." David susurró shockeado. De repente todo le vino a la mente. Recordó su pequeña habitación en la aldea, vio ante sus ojos la figura de su padre, suplicando y rogándole, dándole su último mensaje a un hijo rebelde: "Observa hijo mío, aunque sea solo una Mitzve, tal vez te salve y te haga volver al buen camino."

En la noche del Shavuot siguiente, David estaba sentado en el Beit Midrash la noche del Jag, recitando apasionadamente los versículos del Tikon, como queriendo compensar lo que le faltó en todos esos años en los que estuvo lejos del camino. Cuando terminó de decir el Tikun, ya había salido el alba. Cerró el libro, miró la portada y susurró:
זכיתי לתיקון ליל שבועות.
 "Tuve el meríto de hacer un Tikun Leil Shavuot."



Fuente: "Shabat Tish", Vol. 1.
©JasidiNews 

miércoles, 5 de junio de 2024

Rab Moshe Kotlarsky, A"H.




El Rab Moshe Yehuda Kotlarsky Z"L, vicepresidente de Merkos LeInyonei Chinuch, brazo educativo del movimiento Jabad Lubavitch que supervisa más de 5.000 centros e instituciones educativas de Jabad en todo el mundo, falleció este martes, 27 de Iyar de 5784 a la edad de 74 años.
.והקיצו ורננו שוכני עפר והוא בתוכם

Es conocido por presidir y ser el rostro y la voz del congreso Internacional de Shlujim que se lleva a cabo anualmente en Nueva York.

Una persona totalmente dedicada y entregada al Shlijut del Rebe. Bregó por el bienestar de las familias de los Shlujim alrededor del mundo, logrando que cada uno lo sienta muy cerca suyo.








El famoso "Roll-Call" del Kinus Hashlujim:







Palabras de Rab Kotlarsky en su visita a Argentina, Tributo al Rebe, Guimel Tamuz 5775 (2015), con doblaje al español:








domingo, 2 de junio de 2024

Mashal de Reb Shmuel Groinem: el cazador y la estatua del rey

Mashal que contó Reb Shmuel Groinem, Mashpia de Tomjei Tmimim en Lubavitch:

Había un cazador que quería cazar un pájaro exótico, un papagayo muy hermoso. El loro lo esquivava, huía y salía volando todo el tiempo, su vida consistía en estar constantemente en alerta ante el peligro del cazado. Un día se le ocurrió a ese pájaro una solución. Decidió posicionarse sobre la enorme estatua del rey que se encontraba en la plaza central de la ciudad. De esa manera, nadie iría a dispararle y cazarlo, ya que implicaría este un acto de rebeldía contra el rey (si disparara a la estatua hecha a imagen del rey). Esto es lo que salvó al desafortunado ave de los peligros y amenazas.

Y explicaba Reb Shmuel Groinem: Nosotros somos aquel pobre pajarito, y el cazador es el alma animal. La estatua e imagen del rey es el Jasidut. Cuanto más nos acerquemos y nos unamos a Jasidut, más difícil le resultará al alma animal atraparnos y cazarnos.

martes, 21 de mayo de 2024

2 de Iyar - Maise con el Rebe Maharash -



En Petersburg a puerta cerrada, los más altos funcionarios del país estaban trazando decretos malvados contra los judíos de Rusia. No había tiempo que perder, por lo que Rabi Menajem Mendel de Lubavitch (conocido como Tzemaj Tzedek), envió a su hijo Shmuel a Petersburg con indicaciones de asegurarse de que el decreto no pasara (no llegara a aprobarse).

Reb Shmuel era el hijo menor del Rebe, sin embargo fue Shmuel el elegido para esta importante misión. Pero no viajó solo. Su hermano mayor, Reb Yehuda Leib, lo acompañó a la capital.

Antes de que se embarcaran en su viaje, Reb Shmuel le hizo una solicitud a su hermano: "Debo insistir en una condición si vamos viajar juntos. Debo pedirte que te abstengas de impartir Brojes a lo largo del viaje. Nuestro padre es el Rebe, y solo él debe ser quien dé bendiciones."

Reb Yehuda Leib estaba acostumbrado a otorgar bendiciones; la gente siempre se reunía a su alrededor a donde quiera que fuera, pidiendo su ayuda en serios asuntos de salud, sustento o cualquiera de los innumerables problemas que los atormentaban en aquellos duros tiempos. Se sintió incómodo frente a la condición que le pedía su hermano, pero bajo las circunstancias, no tenía más remedio que aceptar. Mantener su palabra, sin embargo, no fue tan simple. Las personas estaban acostumbradas a recibir las Brajot de Yehuda Leib, y cada vez que la gente se enteraba de su llegada, acudían en masa para encontrarse con él.

Cada persona venía con una necesidad diferente e igualmente apremiante de una misericordia divina, y cada trágica historia perforaba el corazón amable y compasivo de Yehuda Leib como una flecha.
En cierto pueblo se encontró con una mujer particularmente persistente. Dirigiendose firme a Yehuda Leib, le rogó que la bendiga, llorando de manera implacable.

La mujer desconsolada no tenía hijos, y estaba decidida a no moverse hasta que Yehuda Leib la bendijera con un hijo. Yehuda Leib fue conmovido por sus lágrimas, pero le había prometido algo a su hermano, y por lo tanto se negó firmemente a dar una bendición. Él solo respondió: "Vé de mi padre. Seguramente te bendecirá".

La mujer rechazó semejante respuesta, y su llanto se podía escuchar en todo el pueblo. Finalmente, en absoluta desesperación, exclamó: "¡Vé de mi hermano, tal vez te bendiga!"

El semblante de la mujer cambió de inmediato y pronto apareció ante Reb Shmuel. Toda la escena se repitió, completa con gritos, gritos y amargas lágrimas. Incluso una roca se hubiese disuelto ante un dolor tan palpable, y Reb Shmuel ciertamente no era insensible a su agonía, pero él siguió su propia instrucción, insistiendo: "Vaya a lo de mi padre, seguramente la bendecirá."

La mujer continuó su exigencia llorando hasta que, incapaz de responder más nada, Reb Shmuel recurrió a su hermano y le dijo: "¡Llama al cochero, así podemos irnos!"

El conductor saltó a su asiento e instó a los caballos hacia adelante, pero las ruedas no se movían. La mujer ingeniosa había colocado un palo entre los radios de la rueda y la carreta estaba inmovilizada. Ahora Reb Shmuel alcanzó el límite de su paciencia.

Descendió de la carreta y le exclamó a la mujer: "¡Vaya a comer un bagel!" - un equivalente de "¡Andá a pasear!" en el idioma común de hoy. En un instante, la mujer molesta se fue y los dos hermanos continuaron en paz su viaje hacia Petersburg.

Pasó un año y el incidente con la angustiada mujer fue olvidado. Mientras tanto, el Tzemaj Tzedek había fallecido, y Rabi Shmuel, el más joven de sus siete hijos, se convirtió en su sucesor en Lubavitch. (Su hermano, Reb Yehuda Leib, se convirtió en el Rebe en Kopust). Un día apareció un hombre en Lubavitch ante el nuevo Rebe con dos hermosos pasteles.

"El año pasado le diste a mi esposa una Broje para que tenga un hijo y B"H acaba de dar a luz. Ella me ha pedido que le traiga estos pasteles al Rebe para agradecerle por su Brajá."

"¿Me recordarías aquel encuentro con tu esposa? No puedo recordar que tal incidente haya ocurrido el año pasado."

"Bueno, mi esposa estaba en el pueblo de B. y te rogó que la bendigas con un hijo. Le dijiste: '¡Vaya a comer un beiguel!' Y Rebe, mi esposa corrió a hacer exactamente lo que le dijiste."

"Estoy muy feliz de escuchar tus buenas noticias. Dime, sin embargo, ¿por qué me traes dos pasteles? Seguramente uno era suficiente."

"Ah, Perdón. No conté toda la historia. Verá, usted le dijo a mi esposa que comiera un beiguel, pero ella, de tan ansiosa por la sagrada bendición que se haga realidad, en lugar de uno, se comió dos beiguels, sólo para asegurarse...¡Y funcionó, acaba de tener mellizos!" explicó el alegre y flamante padre.

Rab Shmuel quedó profundamente conmovido por las palabras del hombre. "Que sepas que había un decreto Divino según el cual tú y tu esposa nunca tendrían hijos. Por lo tanto, no podía prometerle un hijo. Fue simplemente por exasperación que le dije que se 'vaya a comer un beiguel'. Pero debido a su pura y genuina fe en la Brajá de un Tzadik, el decreto fue anulado y usted y su esposa han sido bendecidos con hijos."



Fuente: "L'chaim Weekly" (#529)

Cuando a alguien le importa



Cada año, en su camino desde Petersburgo a la Feria Regional Anual en Nizhni-Novogorod, cierto jasid adinerado hacía primero una parada en Lubavitch para ver a su Rebe, el Tzemaj Tzedek, y luego en el pequeño pueblo de Dobromisl para visitar a un anciano erudito y jasid que había sido su Melamed en su infancia. Le dejaba una suma de dinero para ayudarlo con su sustento y luego continuaba su camino.

Un año, el josid se retrasó, y emprendió el viaje cuando la feria ya había comenzado. Sin embargo, se detuvo en Lubavitch para recibir una Broje, pero pensaba esta vez saltear su visita a Dobromishl. Y le preguntó al Tzemaj Tzedek su opinión al respecto.

"Dado que esta ha sido tu costumbre durante muchos años", dijo el Rebe, "no es aconsejable divergir de la misma."

Prestando atención a este consejo, el josid viajó a Dobromishl y visitó a su antiguo maestro, quien lo saludó con una cálida bienvenida. Sin embargo, al tener tanta prisa, planeaba irse inmediatamente después de rezar Minje, pero incluso antes de terminar su Tefilá, todo el cielo se oscureció y una tormenta feroz se desató. El anciano maestro lo invitó y le ofreció quedarse a pasar la noche en su casa, pero el jasid insistía en mantener su agenda original. Sin embargo, cuando fue acosado por un fuerte dolor de cabeza, no tuvo más remedio que aceptar la sugerencia de su anfitrión de quedarse.

A la mañana siguiente, el josid se despertó muy enfermo, sufriendo lo que parecía ser una fiebre peligrosamente alta. Un médico fue solicitado con urgencia al pueblo desde la ciudad cercana de Orsha. Cuando fue diagnosticado con Tifus, un telegrama fue enviado inmediatamente a su familia y al Tzemaj Tzedek, para que rezara por este Josid.

Después de ocho semanas dramáticas, finalmente estuvo lo suficientemente bien como para viajar a Lubavitch. No pudo suprimir una sensación de queja y reclamo hacia el Rebe que le había aconsejado que visitara a su maestro de la infancia, ya que había sido en camino a Dobromisl que contrajo el resfrío y la gripe, lo que sin duda llevó a la fiebre tifoidea. De hecho, tan pronto como entró en el estudio del Tzemaj Tzedek, se echó a llorar: "Rebe, ¿por qué me enviaste a Dobromishl?!"

El Tzemaj Tzedek respondió citando un Talmud (Sucá 53a): 
"אָמַר רַבִּי יוֹחָנָן: רַגְלוֹהִי דְּבַר אִינִישׁ אִנּוּן עָרְבִין בֵּהּ, לַאֲתַר דְּמִתְבְּעֵי תַּמָּן מוֹבִילִין יָתֵהּ"

[רש"י: לאתר דמתבעי - למקום שנגזר עליו למות בו משם הוא מתבקש ליטול נשמתו. 
תמן מובילין יתיה - לשם רגליו מוליכות אותו]
"Los pies de una persona son los responsables por ella, al lugar al que es convocado [de Arriba], allí lo llevan", es decir, adonde Di-s ha determinado que su vida termine. La palabra para 'convocado'--דְּמִתְבְּעֵי- también se puede entender como significando 'rezar' en el arameo. ¡Le debes tu vida a las devotas y sinceras Tefilot de tu maestro de la infancia!"



Fuente: "Lemaan Ishmeu" #176 y " A Treasury of Chasidic Tales" págs. 71-73.

Incomparables

Contaba Reb Mendel Futerfas:


El Rebe Tzemaj Tzedek solía ayudar a cada uno de sus hijos y nietos con una suma fija, considerable de dinero, de modo que no necesiten preocuparse por su Parnasá y puedan dedicarse tranquilos a la Torá y Avodat Hashem.

Uno de sus nietos, Rab Shlomo Zalman, que luego se convirtió en el Admur de Kapust, era un verdadero genio, con una mente brillante y un sincero y genuino Oved Hashem. Por otro lado, el Tzemaj Tzedek tenía otro nieto, que todos lo llamaban cariñosamente Shneor'ke, que no contaba de grandes aptitudes, y sin embargo tenía un corazón muy especial y sensible, lleno de amor por otro Yehudi y compenetrado por las conductas y sendas de un Josid.

Una vez, se le acercó el Maharil al Tzemaj Tzedek con un argumento y reclamo: "¿por qué le otorgas el mismo monto, la misma suma, tanto a Reb Shlomo Zalmen como a Shneor'ke? Rab Shlomo Zalmen dedica horas y horas al estudio y Avodat Hashem, cada minuto le es preciado y lo aprovecha al máximo. Por otro lado, Shneor'ke puede ir al mercado y ganarse algunos pesos por cuenta propia. Son incomparables, entonces ¿cómo igualarlos a la hora de otorgarles el importe de dinero?"

El Tzemaj Tzedek le respondió: "Cierto. No se los puede comparar. Rab Shlomo Zalmen es un Gaón, persistente y asiduo en su grandioso estudio, ¿qué tiene de maravilloso que estudie de esa manera? Si, en definitiva, fue dotado de una mente brillante, simplemente está aprovechando (haciendo uso de) sus capacidades. Pero Shneor'ke, cuando se le acerca un Yehudi que está en aprietos en su Parnasá y no llega a cubrir los gastos para Shabes, y mismo Shneorke no tiene para ayudarlo, corre a su casa, agarra las alhajas y joyas de su esposa, las entrega como garantía y solicita un préstamo, todo en aras de que otro Yehudi tenga para hacer Shabat.

Más aún [y Reb Mendel cuando contaba el Maise solía acentuar esta virtud aún más], cuando los Jsidim están sentados haciendo Farbrenguen, ya muy tarde por la noche, y se acaba el Mashke, es Shneor'ke quien corre y pasa por 'todo el botz de Jalolvi'ke' (una de las calles de Lubavitch que solía estar siempre embarrada) y logra conseguir y traer Mashke para el Farbrenguen. Nu, acaso ¿se los puede comparar...?"
¡Cierto, son incomparables!