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martes, 30 de junio de 2026

Mi asesor empresarial



El Sr. Leibel Lipszyc nació en Amberes, Bélgica. Durante la invasión nazi, su familia huyó primero a Portugal, luego a Cuba y finalmente, en 1946, llegó a Estados Unidos cuando él tenía apenas siete años.

Se establecieron en Brownsville, Brooklyn, cerca de varias familias Lubavitcher, y más tarde se mudaron a Charleston, Carolina del Sur, donde su padre consiguió trabajo como shoijet. Pero en 1949, la tragedia golpeó duramente a la familia: después de años intentando salvar a sus padres y hermanos durante la guerra, su padre recibió la confirmación de que sus padres y dos hermanos habían sido asesinados por los nazis. El dolor fue tan devastador que sufrió una crisis nerviosa, y la familia regresó a Nueva York. Durante años estuvo entrando y saliendo del hospital.

En aquellos tiempos difíciles, el Frierdiker Rebe ayudaba semanalmente a la familia enviando dinero a su madre.

Debido a la enfermedad de su padre y a los problemas de salud de su hermano mayor, muchas responsabilidades del hogar recayeron sobre él desde muy joven. Aunque estudiaba en la yeshivá de Lubavitch, toda la situación familiar comenzó a afectarlo y empezó a desviarse un poco del camino.

Cuando cumplió dieciocho años, una tía que vivía en Argentina sugirió que fuera a vivir con ellos por un tiempo. Su esposo tenía una joyería y podía enseñarle el oficio. La idea era que aprendiera una profesión y encaminara su vida.

Antes de viajar, entró a iejidus con el Rebe. El Rebe aceptó que viajara, pero con una condición: debía seguir estudiando Torá en una yeshivá local mientras trabajaba. Así comenzó su nueva rutina en Argentina: medio día estudiando Torá y medio día aprendiendo joyería.

Sin embargo, después de algunos meses, le escribió al Rebe proponiéndole reducir las horas de estudio para trabajar más. Su situación económica familiar era muy difícil; en Nueva York vivían prácticamente de la asistencia social. Él sentía una enorme responsabilidad de ayudar a sus padres y pensaba únicamente en ganar dinero y terminar cuanto antes su formación.

La respuesta del Rebe cambió completamente su perspectiva.

“No debes considerar el estudio de la Torá como algo beneficioso solamente para el Olam Habá (Mundo Venidero)”, le escribió el Rebe, “sino como algo vital para tu presente y tu futuro en esta vida”.

El Rebe le explicó que el estudio de la Torá le daría las herramientas, la fortaleza y la claridad necesarias para enfrentar todas las pruebas de la vida, especialmente en el entorno en el que se encontraba.

Y agregó algo fundamental: dedicar tiempo a la Torá no sería un obstáculo para su éxito material, sino justamente la fuente de la bendición.

“Si te dedicas con diligencia a tu formación”, escribió el Rebe, “seguramente completarás tu aprendizaje mucho antes de lo que imaginas. El estudio mismo de la Torá traerá bendición y éxito también en tu sustento”.

Poco después, volvió a escribirle al Rebe. Esta vez le preocupaba que su jefe —un judío poco simpatizante de la religión— no aceptara que trabajara solo medio día.

El Rebe le aconsejó hablar con firmeza y seguridad, explicándole que esas horas de estudio eran esenciales para su vida en general, su carácter y su paz interior. Y le aseguró que, si hablaba con sinceridad, el jefe terminaría aceptándolo.

Con el tiempo, comenzó a ver esas brajot concretamente. En su primer trabajo aprendía ciertas cosas, pero no la habilidad principal que necesitaba: la soldadura. Entonces decidió cambiar de lugar y empezar otro aprendizaje donde realmente le enseñaran el oficio completo. Allí trabajó duro, aprendió rápidamente y, aunque inicialmente estaba dispuesto a trabajar gratis para aprender, su nuevo jefe comenzó a pagarle y hasta a aumentarle el sueldo regularmente.

Finalmente regresó a Nueva York y consiguió trabajo como joyero. Pero después de una semana y media, le informaron que le pagarían solamente veinticinco dólares semanales, muchísimo menos de lo habitual en aquella época.

Decidió renunciar inmediatamente.

Ese mismo día tenía iejidus con el Rebe, la primera desde su regreso. Le contó todo lo vivido en Argentina y luego mencionó el salario que le habían ofrecido.

El Rebe sonrió y le respondió:

“¡Por veinticinco dólares a la semana no te dejo salir de la yeshivá!”.

Entonces el Rebe le indicó que visitara a un joyero israelí de Crown Heights llamado Ahron Stein. Apenas escuchó que venía enviado por el Rebe, Stein hizo una llamada telefónica y le consiguió de inmediato un trabajo digno y bien remunerado.

Mirando hacia atrás, el Sr. Lipszyc comprendió que el Rebe no solo lo estaba guiando espiritualmente. También le estaba enseñando cómo construir una vida material sana y exitosa: primero fortaleciendo lo espiritual.

Porque cuando la base es la Torá, todo lo demás termina acomodándose.



Fuente: My Story, de JEM

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