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martes, 6 de marzo de 2018

19 de Adar - R' Yosef Jaim Sonenfeld


Rab Yosef Jaim Sonenfeld (Yortzait 19 de Adar 5692/1932) fue un verdadero Gaon, Ab Beit Din, y el primer Gran Rabino de la Eidá Hajaredit en Eretz Israel.

Mantuvo una relación muy especial con el Frierdiker Rebe, tanto personal, se encontró en varias oportunidades con él en su viaje a Eretz Israel, como también por cartas.

***

Maise: La fuerza del Kadish


El Rab Aharon Slutzky escuchó una maravillosa historia del Rab de Yerushalaim, el Rab Yosef Jaim Sonnenfeld sobre la recitación de un Kadish que ocurrió en Pressburg, cuando él estudiaba en la Yeshiva del 'Ktab Sofer' en Pressburg, y la historia fue así:

   Una mujer respetable y de buen nivel económico, había acostumbrado durante varios años acercar una digna contribución de vez en cuando para la Yeshiva, con la condición de que se diga diariamente un Kadish por la elevación de aquellas almas solitarias que no tienen quien diga Kadish por ellas, y la Yeshiva designaba un muchacho especial que diga Kadish por el beneficio de esas almas.

   Un tiempo más tarde, el marido de esa mujer falleció, y por cuanto que era él quien dirigía el negocio junto con ella, su muerte afectó en el negocio, que fue reduciéndose hasta cerrarse por completo, La situación económica de la mujer fue empeorando más y más. Con el tiempo recayó sobre ella otra carga, cuando sus dos hijas tenían que casarse, y  de dónde conseguiría el dinero? La mujer cargó su sufrimiento en silencio, y aceptó con coraje su destino. Pero había una cosa que ella no podía aceptar, y que le amargaba el corazón y le dolía mucho, y esta era,  la cuestión de la recitación del Kadish que sería cancelada, ya que sin otra opción había dejado de contribuir a la Yeshiva para este propósito.

   Con tristeza se dirigió a la dirección de la Yeshiva y les solicitó que continúen diciendo el Kadish por las almas solitarias, hasta que vuelva ella a acomodarse y poder apoyar a la Yeshiva como antes. Los Roshey Yeshiva estaban muy conmovidos por la sinceridad de su corazón y el alma justa de esta viuda, y le prometieron cumplir su deseo y mantener el Kadish como lo habían hecho hasta ahora.

Esta promesa llenó su alma de infinita felicidad, y con una chispa de felicidad brillando desde sus tristes ojos, se despidió de los Rabanim de la Yeshiva. A partir de ahora, su situación para ella ya no era tan lamentable, ni siquiera la situación de sus dos hijas, que hace tiempo ya estaban en edad de casarse. Desde el momento en que se le prometió el recitado del Kadish dedicado a las almas solitarias, ella casi que no le faltaba nada en el mundo; y en cuanto a sus dos hijas, ella confiaba en Hashem, el Padre de los huérfanos y Juez de las viudas. Y Él, el Misericordioso, seguramente verá el sufrimiento de sus hijas y le dispondrá sus necesidades.
 
   Al salir a la calle, un judío anciano con una apariencia digna se le acercó, con una barba blanca como la nieve, y la saludó. La mujer se sorprendió por la expresión cordial del anciano que no conocía.
   Su sorpresa creció doblemente cuando el anciano se le acercó y entabló una conversación cordial interesándose de su situación la de sus hijas.
   La mujer viuda suspiró con fuerza y ​​volcó ante él su destino y su caída de tan alto a tan bajo que no contaba con los medios necesarios para casar a sus hijas mayores. "¿Cuál es la cantidad estimada que necesitas para los gastos de matrimonio de tus hijas? "Preguntó el anciano." Qué le importa eso? es irrelevante" La mujer le respondió con asombro," "No estoy preguntado por curioso", respondió el anciano, "quiero ayudarte", cuando oyó esto la mujer, entendió y le estimó la cifra.
   El anciano sacó una hoja de papel y escribió una orden para el banco local que se le pagara a esta mujer la suma que ella le había dado, pero antes de firmar, expresó su deseo de que, dado que era una suma muy seria, sería conveniente que estén presente dos testigos en el cheque, y que vean cuando firmo personalmente, y luego se confirmará además por su firma. Sorprendida y emocionada por lo sucedido, regresó a la Yeshiva del Ktav Sofer,  y pidió a dos jóvenes que la acompañaran. Al verlos, el anciando les indicó que observen el momento en que él firma en el cheque, y por si acaso les pidió un pedazo de papel y escribió su autógrafo y firma como recuerdo y ejemplo.
Cuando le entregó el cheque a la mujer, él le dijo que vaya a cobrarlo a la mañana siguiente.
   A la sorprendida mujer, todo le pareció extraño y asombroso. ¿Qué había visto tanto el extraño desconocido en ella y mostrar tanta amabilidad para cubrir todos los gastos del matrimonio de sus dos hijas? A pesar de sus dudas, la viuda se apresuró al día siguiente para ir al banco e intentarlo.
   Cuando el empleado del banco examinó el cheque, lo miró desconcertado, miró una y otra vez, perplejo y desconcertado. Confundido, le pidió a la mujer que esperara, y él entró con el cheque al gerente del banco, que también era su dueño. Y aquí sucedió algo dramático.
   Al ver el gerente del banco este cheque, se cayó de su silla y se desmayó ... Se armó un alboroto en el banco, los empleados que se enteraron de lo que estaba sucediendo, inmediatamente llevaron a la mujer a una habitación lateral y advirtiéndole que no se mueva, ya que sospechaban un fraude.

Después de que recobró la conciencia el gerente del banco, pidió ver a la mujer que había traido el cheque. Le preguntó agitado ¿cuándo y cómo recibiste el cheque?.
   "Ayer lo recibí de un distinguido Yehudi, e incluso hay dos estudiantes de Yeshiva que pueden servir de testigos que vieron cómo ese hombre firmó el cheque", dijo en tono de disculpa a la mujer. "¿Puedes reconocer al hombre si te lo muestro en la foto?" Preguntó el gerente.
   "Sin duda lo reconoceré, y no tengo dudas de que los dos jóvenes también podrán identificarlo", respondió ella. El director ordenó que se le presentara un retrato de su difunto padre, y cuando le motró la imagen la mujer, sin dudarlo, lo señaló como efectivamente el hombre que le había dado el cheque. El gerente ordenó cobrar el cheque y liberó a la mujer.
   Después de que la mujer se fue, el gerente le contó a todos los presentes el extraño episodio que había tenido lugar ante sus ojos. El hombre que le dio el cheque a la mujer no era otro que su padre, que había fallecido hacía ya diez años.
Anoche, su padre apareció en un sueño y le dijo: "Sabelo, que desde que dejaste el camino recto y te casaste con una Goyá y dejaste de cuidar el Kadish, mi alma no encontró descanso, hasta que llegó una mujer y se ocuó de que se diga Kadish por las almas que nadie les dice el Kadish por ellos, y tuve entonces el mérito que aquel Kadish hizo elevar mi alma y encontrarle un descanso y alivio.
Esta mujer aparecerá mañana por la mañana en tu banco con un cheque que le di para cubrir los gastos del matrimonio de sus dos hijas".
   "Cuando me levanté por la mañana, el sueño me conmocionó y se lo conté a mi esposa que se burló por completo de todo. Pero cuando la mujer apareció con el cheque, comprobé que era cierto."

El Rab Yosef Jaim Sonnenfeld concluyó diciendo: "¿Sabes quiénes eran esos dos jóvenes? Aquí está uno contándotelo, y mi amigo, el rabino Yehuda Grinwald..."

La historia termina que ese hombre se convirtió en un baal teshuvá, su esposa se convirtió acorde a la Halajá y lograron formar un hogar fiel en Am Israel.

(Fuente: Haish Al Hajomá)

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