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miércoles, 13 de mayo de 2026

Especial para Lag Baomer 5786 - El electricista tuerto en Merón



Los alumnos de la escuela en Ramat Gan estaban asombrados. El hombre que vestía el uniforme de la Jevrat Jashmal —la Compañía Eléctrica de Israel— que había venido a explicarles los peligros y las precauciones de seguridad relacionados con el uso de la electricidad, llevaba un parche negro cubriéndole un ojo. Tal vez pensaron que era un veterano de guerra herido.

Pero cuando dio la misma charla una semana después en la escuela primaria de Kfar Jabad, ya no llevaba el parche. Al terminar, uno de los Morim, Rev Jaim Ben-Natan, lo invitó a ponerse los Tefilín. El hombre aceptó con entusiasmo. Cuando terminó de recitar el Shemá Israel, Meir (no es su verdadero nombre) le ofreció contarle su historia al Moré.

Durante muchos años ha sufrido de diabetes. Recientemente desarrolló un problema doloroso en uno de sus ojos y una pérdida de visión. Dado que esto estaba relacionado con la diabetes, todos los médicos insistieron en que no había cura posible. Su médico más reciente le dio una pomada para aliviar el dolor y un parche negro para cubrir el ojo afectado, de modo de no comprometer la visión de su único ojo sano.

Su visión incompleta hizo imposible que continuara trabajando como técnico. En cambio, la compañía eléctrica lo capacitó para dar presentaciones a niños en escuelas sobre electricidad.

En una ocasión estaba manejando por una ruta en el Galil hacia una actividad en una escuela en Carmiel. En el camino llamó a su oficina para confirmar la dirección. Su supervisora, una mujer judía religiosa, al escuchar dónde se encontraba, le recomendó desviarse hacia uno de los lugares sagrados de sepultura en el norte de Israel y rezar allí por una mejora en su condición.

“¿Por qué no?”, pensó. “No puede hacer daño”. Y se dirigió a Merón, al lugar de sepultura del gran sabio de la Mishná y del Zohar, Rabí Shimón bar Iojai.

Mientras estaba allí rezando con una mano apoyada sobre la tumba (claramente no era en Lag BaOmer), escuchó a un hombre en una mesa cercana sollozar y clamar repetidamente: “¡Hashem, Di-s, ayúdame por favor! ¡Bizjut Rabí Shimón, ayúdame ahora!”

Cuando Meir terminó su propia Tefilá, se apartó del Kever. El hombre que había estado clamando lo miró con asombro, abrió grandes los ojos y de repente lo agarró del brazo. “¡Ishtabaj Shemó! ¡Hodu LaHashem! ¡Mis tefilot fueron respondidas! ¡Rabí Shimón te envió a mí!”

“¿De qué estás hablando?”, dijo Meir con calma. “Nadie me envió aquí”.

“¡De verdad, no tengo dudas!”, proclamó Uri (tampoco es su nombre real), negándose a soltarle el brazo. “Tengo una esposa y cinco hijos en casa y no tenemos electricidad. He estado haciendo Tefilá durante horas para que vuelva la luz, y aquí estás vos, de la Jebrat Jashmal (compañía eléctrica)”. Señaló el emblema en el uniforme de Meir. “Está claro que te enviaron para ayudarme. ¡Ahora devuélveme la electricidad!”

Uri le explicó que le habían cortado la luz porque debía miles de shekels en facturas impagas que no podía pagar. Luego volvió a exigir, cada vez más fuerte, que Meir haga algo para que vuelva a contar con electricidad en su casa. Meir trató de explicarle que su trabajo no tenía ninguna relación con el problema de Uri, ni técnica ni financiera. Nada de lo que decía ayudaba. Uri no cedía en su convicción de que “obviamente” Meir había sido enviado del Shamaim y por Rabí Shimón bar Iojai para ayudarlo...

Desesperado de poder hacerlo entrar en razón, y con riesgo de llegar tarde a su compromiso, Meir finalmente le pidió el número de su cuenta. Uri le mostró su última factura. Meir dijo: “Mira, déjame salir un momento, llamaré a alguien muy importante en la administración, veré cuál es la situación e intentaré arreglar algo para ti”.

Uri sonrió lleno de expectativa y dio un paso atrás. Meir salió, utilizó su dispositivo interno de comunicación de la compañía, verificó la cuenta de Uri, confirmó que debía 2500 shekels… ¡y pagó toda la deuda con su propia tarjeta de crédito!

Al volver adentro, le dijo: “Bien, ya está todo arreglado con la compañía. Puedes volver a tu casa. En dos horas tendrás electricidad”. Uri le estrechó la mano con entusiasmo. No podía agradecerle lo suficiente. “¿Ves?”, dijo, “yo tenía razón, ¡Rabí Shimón te envió a mí! ¡Ishtabaj Shemó!”

Meir volvió a su auto, moviendo la cabeza con asombro ante su propio acto espontáneo de bondad. Unos diez minutos después, a mitad de camino hacia su destino, tuvo que detenerse al costado del camino. El ojo enfermo le picaba tanto que no podía esperar más para quitarse el parche y frotárselo. Se quitó el parche con la mano derecha y llevó la izquierda hacia el ojo para masajearlo, cuando de repente se dio cuenta de que estaba viendo a través del parabrisas… ¡con el ojo que había estado cubierto! Veía normalmente. ¡Su visión se había restaurado por completo!

Los distintos médicos que lo habían estado atendiendo no podían creer lo que veían. “Esto solo puede ser un milagro”, declaró cada uno, aunque no estaba claro que antes de este episodio creyeran en milagros. Meir sonrió, entendiendo la fórmula simple: si le das luz a otro judío, Di-s te da luz a ti. Y también, como dice el Talmud: “Se puede confiar en Rabí Shimón bar Iojai en situaciones de apremio”.


Fuente: Yerajmiel Tilles. Escuchado de varios jasidim de Jabad en Tzfat, incluyendo al hermano del rabino Ben-Natan en la historia.

©JasidiNews

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