AdSense

martes, 25 de agosto de 2026

Josid Pnimi - Reb Peretz Mochkin y los Hidurim en Kashrut

Reb Peretz Mochkin fue Mashpia en Montreal, nombrado por el Rebe, desde 5712 [1952]. Un verdadero Josid, Talmid de Tomjei Tmimim de Lubavitch, hacía Farbrenguens en los que se podía apreciar la verdadera Avoide de un Jasídishe bójur: Iskafia, Hiskashrus, Bitul y, por sobre todo, un profundo Ahavat Israel.

Una anécdota refleja de manera especial lo que significa ser un Josid Amiti:

Una vez, Reb Peretz Mochkin fue a hacer un Farbrenguen en la casa de cierto Balebos que apreciaba mucho los Farbrenguens. Él y su esposa habían preparado y servido sobre la mesa todo tipo de Farbaisin (comida y bocados preparados para el Farbrenguen), con el deseo de agasajar a los presentes.

Durante el Farbrenguen, Reb Peretz y los demás presentes notaron que cierta comida que había servido la baleboste [la dueña de casa] no tenía los Hidurim de Kashrut que acostumbraban a cuidar los Lubavitcher Jsidim. Los Bojrim y Jsidim no se sirvieron ni probaron aquella comida. La baleboste, sin embargo, se dio cuenta de ello.

En cierto momento, Reb Peretz comenzó a cantar un Nigun Dveikus. Tomó un Lejaim y, mientras cantaba, se sirvió precisamente de aquella comida, procurando que la baleboste lo viera.

Al terminar el Farbrenguen, mientras lo acompañaban de regreso a su casa, Rebr Peretz explicó:

“Hay que cuidar mucho los Hidurim de Kashrut. En este caso, ustedes hicieron bien en cuidarse. Sin embargo, yo actué de otra manera. Quizás reciba mi merecido por ello, pero no podía avergonzar a una Idishe Mame. Prefiero 'recibir un Malkus' antes que avergonzar a una Idishe Tojter.”

Este Maise refleja la imagen de un verdadero Josid Pnimi.

Los Hidurim de Kashrut eran para Reb Peretz Mochkin algo que le era Noguea Benefesh. No eran simples costumbres o detalles secundarios: formaban parte de su Avodá y de su Irat Shamaim, que ardía en él en cada detalle de su vida. Y, sin embargo, en aquel momento supo dejar de lado incluso un Hidur que para él era Noguea Benefesh, para no causar una mínima vergüenza a otra persona.

Su Irat Shamaim no era menor por haber actuado así. Precisamente porque su Avodá y su Irat Shamaim eran tan profundos, supo reconocer qué exigía de él aquella situación: dejar de lado incluso algo tan preciado para él por el Kavod de otro Iehudí.

Eso es un Josid Pnimi: alguien cuya Avoda está profundamente arraigada en su ser, pero que, precisamente por esa Avoda, sabe salir de sí mismo y poner el Kavod de otro Iehudí por encima de su propio Rujnius.



Fuente: "Otzar Hajasidim" pág. 115
©JasidiNews

En el ojo de la tormenta - El Huracán Andrew en Miami - 25 de Av


El huracán Andrew y el מופת del Rebe de Lubavitch

El 25 de Menajem Av se cumplen 34 años de los increíbles milagros que rodearon al huracán Andrew, una de las tormentas más temibles y devastadoras que haya amenazado al sur de Florida. En aquellos días, las autoridades y los expertos se enfrentaban a un escenario que podía convertirse en una catástrofe de dimensiones inimaginables: se advertía que decenas de miles de personas podían perder la vida y grandes zonas de Miami y sus alrededores habían sido llamadas a evacuar.

El domingo 24 de Menajem Av de 5752 [23/08/1992], el ojo del huracán —una tormenta de categoría 5, con vientos de una fuerza extraordinaria— se dirigía directamente hacia la zona donde se encontraban los shlujim de South Florida.

Ante la gravedad de la situación, el Rabino Rafael Tennenhaus llamó al Rabino Avrohom Korf, ' 'Head Shliaj' del estado de Florida, y le preguntó si debía comunicarse con el Rebe.

El Rabino Korf dudó y le sugirió que fuera él mismo quien llamara.

No era una llamada cualquiera. Apenas habían pasado seis meses desde que el Rebe había sufrido un derrame cerebral en el Ohel, el 27 de Adar I de 5752.

A las 8 de la mañana, el Rabino Tennenhaus llamó a la oficina del Rebe. Atendió el mazkir, el Rabino Leibel Groner ע״ה, y le explicó la situación: el huracán se acercaba con una fuerza extraordinaria y se estaba solicitando la evacuación de buena parte del sur de Florida.

El Rabino Groner le advirtió que no podía asegurarle que lograría obtener una respuesta.

Sin embargo, una hora después, a las 9 de la mañana, volvió a llamar.

La respuesta del Rebe era clara y categórica:

No debían evacuar. Debían quedarse en sus casas.

Poco después, el Rabino Leibel Schapiro, de Miami Beach, llamó para preguntar si aquella instrucción también se aplicaba a Miami Beach.

La respuesta volvió a ser categórica: tampoco debían evacuar.

Una tercera consulta llegó poco después. El Rabino Rafy Solomon, que vivía en Sunny Isles, entre Hallandale Beach y Miami Beach, preguntó si la misma indicación se aplicaba también a su zona.

Una vez más, el Rebe insistió: debía quedarse y no evacuar.

Y así fue.
El huracán Andrew fue la tormenta más poderosa que el Rabino Tennenhaus había presenciado en sus 40 años de Shlijut en South Broward.

Miles de personas que vivieron aquellos momentos pueden relatar los milagros que experimentaron desde su propia perspectiva.

Pero años más tarde surgió un detalle especialmente revelador.

Reb Yingy Bistrisky, un verdadero Ish HaJesed, le contó al Rabino Tennenhaus, durante una boda, que él se encontraba en aquel entonces en la habitación del Rebe como miembro de Hatzalah cuando la información fue presentada por primera vez al Rebe.

Le relató:
 “El Rabino Groner le preguntó al Rebe, respecto de tu pedido de las 8 de la mañana de aquel domingo, de cinco maneras diferentes, si debíamos evacuar o permanecer en el lugar. En cada una de las cinco ocasiones, tanto ante las preguntas formuladas en sentido positivo como ante las formuladas en sentido negativo, el Rebe asintió con fuerza y fue categórico en que debíamos quedarnos y no evacuar."

Posteriormente, los propios expertos reconocieron que una de las razones por las que sus terribles predicciones no se hicieron realidad fue que Andrew resultó ser una tormenta “seca”, con mucha menos lluvia de la que habían anticipado.

Para los jasidim, sin embargo, no había duda alguna: habíamos sido testigos de un milagro manifiesto, anticipado por el Rebe.

El Rabino Tennenhaus cuenta que, desde entonces, nunca deja pasar el 25 de Menajem Av sin decir un Lejaim, generalmente en su Shul, en el marco de un Farbrenguen jasídico.

El milagro también tuvo repercusión en los medios de comunicación de todo el mundo. New York Newsday publicó la historia y citó las palabras del Rabino Tennenhaus al referirse a un cartel que había quedado en pie después de la tormenta:
“Nuestro cartel que decía ‘Torah in Action’ permaneció en pie. No fue derribado por los vientos de 150 millas por hora. El cartel del banco que estaba al lado cayó estrepitosamente al suelo.
Es un recordatorio de que el dinero viene y va. La Torá perdura para siempre."

Mientras todo a nuestro alrededor parecía estar a merced de una tormenta incontrolable, hubo una indicación clara del Rebe: no tener miedo, quedarse firmes y confiar.
El cartel de Torah in Action quedó en pie.
“Torah lasts forever.”




©JasidiNews

La lección que le dio el Alter Rebe a Reb Pinjas Raizes: Siempre tener algo consigo para darle al otro

Rab Pinjas Raizes, uno de los prominentes jasidim del Alter Rebe, era conocido tanto por su grandeza en Torá como por su considerable riqueza.

Cierta vez, mientras caminaba junto al Alter Rebe, un hombre pobre se acercó para pedirle tzedaká. Rab Pinjas se disculpó:

—Perdóname, pero en este momento no llevo dinero conmigo.

El Alter Rebe le comentó luego:

— No es apropiado que una persona como tú salga de su casa sin dinero. Mira: si hubieras llevado algunas monedas contigo, sin duda habrías ayudado generosamente a este pobre. Por no haber salido preparado, él se quedó con las manos vacías y continúa pasando necesidad.

Rab Pinjas grabó aquellas palabras en su corazón. Desde ese día, siempre se aseguró de llevar dinero [efectivo] consigo.

---

A primera vista, la enseñanza parece ser la importancia de estar siempre preparado para cumplir una mitzvá. Así como uno procura tener siempre un par de tefilín disponible para otro judío, también debe llevar consigo algunas monedas para poder dar tzedaká en cualquier momento.

Sin embargo, hay un mensaje aún más profundo.

¿Por qué ese pobre se acercó precisamente a Rab Pinjas? Porque sabía que tenía los medios para ayudarlo. Él acudió al "rico", convencido de que encontraría allí aquello que necesitaba para dar alivio a su situación.

También nosotros debemos recordar que somos los "ricos".

Hashem nos enriqueció con un tesoro incomparable: el privilegio de estudiar y conocer Jasidut, la Torá de los Rebeím.

Hoy en día es un fenómeno visible: judíos de toda clase de comunidades —jasidim de otras corrientes, litaím, ashkenazím y sefaradím— sienten una creciente sed por estudiar las enseñanzas de los Rebeim de Jabad. Buscan la claridad y la profundidad únicas con las que Jasidut ilumina los conceptos de la Torá.

Por eso, cuando otro iehudí se cruza en nuestro camino, muchas veces nos está pidiendo —aunque no lo exprese con palabras— una idea de Torá, un pensamiento del Rebe, una enseñanza de Jasidut que ilumine su vida.

¡Qué triste sería responderle: "No tengo nada para compartir"!

Las palabras del Alter Rebe resuenan entonces con un significado renovado:

—No está bien que salgas de tu casa con las manos vacías.

Cada judío debería salir cada mañana llevando consigo, además de lo necesario para sus asuntos materiales, una enseñanza de Torá, una idea del Rebe, un pensamiento de Jasidut listo para compartir cuando se presente la oportunidad.

Solemos referirnos al Jasidut con el acrónimo דא"ח,
דברי אלקים חיים
 ("las palabras del Di-s Viviente"). Sin embargo, en numerosas ocasiones el Miteler Rebe lo denomina simplemente דברי חיים: "palabras de vida".

Y si tenemos en nuestras manos palabras de vida, ¿cómo podríamos negar esa vida a otro judío que tiene sed de ella?


Fuente: Rab Sholom Avtzon
©JasidiNews

Cuando la Neshamá comenzó a cantar - 20 de Av


A primera vista, nada hacía pensar que era judío. Llevaba la cabeza descubierta, el rostro completamente afeitado y vestía como los cantantes de ópera de la Rusia de aquellos años. Era el famoso Sr. Liber, un reconocido tenor de la década de 1930.

Sin embargo, en lo más profundo de su corazón nunca olvidó quién era. Era un descendiente de Rabí Abraham "HaMalaj", hijo del Maguid de Mezritch. Durante el resto del año ocultaba cuidadosamente su identidad judía, pues manifestarla podía costarle su carrera e incluso atraer la atención de la policía secreta soviética. Pero cuando llegaban los Iamim Noraím, regresaba a su pueblo, al Shul.

Los empleados estatales recibían un mes de vacaciones al año. Muchos Jazanim aprovechaban ese permiso para hacerlo coincidir con las Altas Fiestas. Para evitar sospechas, viajaban a ciudades lejanas.

Así fue como, en uno de los días de Elul, el Sr. Liber llegó a Yekatrinoslav (actual Dnipro) y se ofreció como jazán para Rosh Hashaná y Iom Kipur.

En aquella ciudad vivía una numerosa comunidad judía, aunque el régimen soviético había cerrado casi todas las sinagogas. Solo una permanecía abierta, oficialmente porque sus fieles eran obreros y artesanos: el gabai era sastre, el tesorero zapatero, y así sucesivamente. Allí rezaba también el gran rabino de la ciudad, Rabí Levi Itzjak Schneerson, padre del Rebe de Lubavitch.

Al mismo tiempo llegó otro candidato para el puesto de jazán: un hombre de aspecto claramente judío, descendiente de la prestigiosa familia rabínica Shapiro de Slavita. Ambos explicaron que deseaban profundamente rezar en un ambiente judío y que habían elegido Yekatrinoslav por la extraordinaria personalidad y valentía de su rabino.

Los dirigentes comunitarios los enviaron ante Rabí Levi Itzjak.

Con su mirada penetrante, el rabino comprendió enseguida que, para el Sr. Liber, el jazanut no era, en ese momento, más que un medio de ganarse la vida. Sin embargo, decidió pasar por alto ese detalle. Sabía que incluso un judío alejado, cuando se le brinda la oportunidad de derramar su alma en la Tefilá, deja aflorar todos los sentimientos que había guardado durante el año.

Aceptó a ambos como jazanim para los Iamim Noraím y también para Sucot, recordándoles la enorme responsabilidad que tenían: despertar el corazón del pueblo mediante la tefilá y fortalecer el sentimiento judío de cada asistente.

Al llegar Rosh Hashaná surgió un grave problema. Muchos judíos habían sido obligados por las autoridades soviéticas a presentarse a trabajar incluso en Rosh Hashaná y en Iom Kipur. Desconsolados, acudieron al rabino buscando una solución.

Rabí Leví Itzjak organizó un primer minián que comenzaba muy temprano por la mañana y concluía exactamente a las ocho. Así, quienes no tenían otra opción podían rezar y luego dirigirse inmediatamente a sus trabajos.

Inspirados por la grandeza espiritual del rabino, los dos jazanim desempeñaron su tarea con una emoción indescriptible. Sus plegarias brotaron de lo más profundo del alma y conmovieron a todos los presentes.

Al acercarse Iom Kipur, otra preocupación ocupaba la mente de Rabí Levi Itzjak. En muchas sinagogas existía la costumbre de apresurar las tefilot y terminar Neilá antes de la verdadera salida del día. De esa manera, mucha gente comenzaba a comer o realizaba trabajos mientras Iom Kipur aún no había concluido.

El rabino habló discretamente con los jazanim y les pidió prolongar las plegarias. Aunque algunos feligreses protestaban, ellos continuaron rezando lentamente. De ese modo, Neilá concluyó apenas unos instantes antes de la salida de Iom Kipur, evitando que muchos quebrantaran el ayuno antes de tiempo.

Después del ayuno, le costaba a Rab Levi Itzjak despedirse de la santidad del día. Tras beber una taza de té, reunía a quienes deseaban escucharlo en un farbrenguen que se prolongaba hasta altas horas de la noche.

Hablaba, una y otra vez, del inmenso valor de una Neshamá Iehudí. En especial recordaba a aquellos judíos obligados a trabajar durante las Altas Fiestas.

"Cuando terminaron su jornada laboral y llegaron para Neilá, el Shul estaba completamente lleno. No pudieron entrar y tuvieron que quedarse rezando en la calle, agotados por el ayuno y tras haber caminado largas distancias, con el corazón destrozado por haber sido obligados a trabajar en Rosh Hashaná y en Iom Kipur. Allí permanecieron, rezando con un quebranto imposible de describir."

Mientras relataba aquella escena, Rab Levi Itzjak rompió a llorar desconsoladamente. Al mismo tiempo expresó la inmensa satisfacción que provocaba en el Cielo el despertar espiritual de esos judíos y repetía emocionado:
"¡Vengan y vean lo que es un Iehudí!"

Los dos jazanim permanecieron junto al Rab también durante Sucot y Simjat Torá.

Durante las noches del Jag, quienes deseaban celebrar se reunían en su casa. Al principio entraban con temor, por miedo a los ojos de los informantes soviéticos. Pero una vez dentro quedaban completamente absorbidos por la inmensa alegría que irradiaba el Rab, hasta olvidar el mundo exterior.

Al regresar a sus hogares, ambos escribieron una carta de agradecimiento a la Rebetzin Jana, esposa de Rabí Leví Itzjak.

En ella describieron un fenómeno que jamás habían presenciado: mientras el Rab bailaba con una alegría desbordante en Simjat Torá, al mismo tiempo derramaba lágrimas interiores imposibles de describir.

El Sr. Liber confesó que el cambio espiritual que había experimentado durante aquellas semanas en Yekatrinoslav era fruto del encuentro con Rabí Leví Itzjak. La calidez, la profundidad de sus enseñanzas y la intensidad con la que vivía cada mitzvá habían despertado en él una parte de su alma que creía dormida.



Fuente: Sijat Hashavua #1129
©JasidiNews

Todo queda en familia - 15 de Av


Cierto día, en el período comprendido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, un josid visitó a su Rebe, el Imrei Emes de Gur, para consultarle acerca de sus dificultades económicas.

—Durante años compré mercadería a muy buen precio de una empresa judía en Berlín y luego la revendía con una buena ganancia. Pero hace poco recibí una carta informándome que ya no me venderán más. Ahora no sé de qué voy a vivir...

El Imrei Emes le preguntó:

—¿Cómo puedo yo ayudarte?

El hombre tuvo que admitir que ni él mismo sabía cómo el Rebe podría solucionar el problema.

El Imrei Emes permaneció pensativo unos instantes y luego dijo:

—Pronto viajaré junto con mi cuñado, el Rav de Bendin, a Marienbad. En el camino pasaremos por Berlín. Pregúntale a mi cuñado si está dispuesto a hacer una parada para visitar esa empresa. Si él acepta el desvío, yo también. Hablaremos con los dueños; quizás eso pueda ayudarte.

El jasid agradeció al Rebe y fue a ver al Rav de Bendin. Este respondió sin dudar:

—Si eso es lo que desea el Rebe de Gur, por supuesto que estoy de acuerdo.

Así fue como el Imrei Emes y su cuñado hicieron una parada en Berlín y se dirigieron a la empresa. El propietario no los conocía, pero quedó impresionado por su distinguida apariencia rabínica.

El Imrei Emes se presentó:

—Mi nombre es Avraham Mordejai Alter. En Polonia me conocen como el Rebe de Gur. Y este es mi cuñado, Janoj Tzvi HaKohen Levin, el Rav de Bendin. Además, también somos mejutonim: la hija de uno está casada con el hijo del otro.

Al oír esas palabras, el dueño dio un salto de la emoción.

—¿Podría repetir lo que acaba de decir?

El Rebe repitió:

—Soy el Rebe de Gur, y este es mi cuñado y también mi mejuton, el Rav de Bendin.

Por alguna razón, aquellas palabras lo llenaron de alegría. Su socio se encontraba en el piso superior, así que lo llamó de inmediato. Cuando este bajó, el propietario le pidió al Rebe que repitiera una vez más su presentación.

El Imrei Emes accedió:

—Soy el Rebe de Gur, y este es mi cuñado y también mi mejuton, el Rav de Bendin.

Los dos socios se miraron, sonrieron de oreja a oreja y, de repente, comenzaron a bailar con enorme entusiasmo.

El Imrei Emes y el Rav de Bendin observaban la escena completamente desconcertados, sin entender qué estaba ocurriendo.

Finalmente, uno de los socios explicó:

—Nosotros también somos cuñados. Yo tengo una hija y él tiene un hijo, y pensamos que sería una buena idea casarlos. Pero después nos surgió la duda de si era correcto que primos se casaran entre sí. Dejamos el asunto de lado, pero eso provocó una situación muy incómoda.

Nuestro negocio requiere que conversemos constantemente. Sin embargo, esa incertidumbre creó una tensión entre nosotros y casi dejamos de hablarnos. Así era imposible manejar la empresa, e incluso estábamos pensando en cerrarla.

Pero ahora ustedes llegan y nos cuentan que también son cuñados y, además, mejutonim. ¡Eso significa que nuestros hijos también pueden casarse! Si ustedes lo hicieron, nosotros también podemos hacerlo.

Este baile fue, en cierto modo, una celebración anticipada del compromiso. Estamos inmensamente felices. Y además, tampoco perderemos nuestro sustento. Ahora podremos volver a hablar con normalidad y continuar con el negocio. ¡Es casi un milagro!

Cuando finalmente se calmaron, el primer socio dijo:

—Perdónenme. Con toda la emoción ni siquiera les pregunté a qué habían venido.

El Imrei Emes explicó que había ido para ayudar a uno de sus jasidim.

—Él solía comprarles mercadería, pero recibió una carta informándole que ya no le venderían más.

El propietario respondió con una sonrisa:

—No hay de qué preocuparse. Ahora mismo escribiré otra carta diciéndole que puede seguir haciendo negocios con nosotros como siempre, y ustedes mismos podrán llevársela. La carta anterior fue enviada únicamente porque pensábamos cerrar la empresa. Pero ahora que sabemos que nuestros hijos pueden casarse, nuestro negocio continuará funcionando.

*

El mensaje de esta historia cobra un significado especial al acercarnos a Tu BeAv, el 15 de Av, el día que nuestros Sabios describen como uno de los más alegres del calendario judío.

Jamishá Asar BeAv simboliza la unión, la reconciliación y la construcción de nuevos hogares en Israel. En esta historia vemos cómo una simple conversación, basada en la confianza en la Torá y en el ejemplo de grandes tzadikim, no solo permitió concretar un matrimonio, sino que también devolvió la armonía entre dos socios y salvó el sustento de varias familias.

A veces, una decisión tomada con el Ruaj de la Torá tiene consecuencias mucho más amplias de lo que imaginamos. Cuando hay paz, unión y voluntad de construir, Hashem abre caminos que parecían cerrados.

Que en este Tu BeAv podamos fortalecer el amor y la unión entre Iehudim, construir hogares firmes sobre los valores de la Torá y ser testigos muy pronto de la unión perfecta de todo Am Israel con la llegada de Mashíaj, pronto en nuestros días.



Fuente: Adaptado por Yerajmiel Tilles a partir de Torah Wellsprings: Reflexiones recopiladas del Rab Elimelej Biderman.

©JasidiNews

sábado, 15 de agosto de 2026

El Baal Shem Tov y el poder de las Tefilot de los ladrones



Cuentan la historia de una joven viuda que una vez llegó llorando ante el Baal Shem Tov.

—Hace poco perdí a mi esposo. Ahora mi pequeño hijo, mi único hijo, está gravemente enfermo. Los médicos han perdido toda esperanza. Por favor, Rebe, por favor ¡haga algo para salvar a mi hijo!

El Baal Shem Tov, cuyo corazón estaba siempre abierto, especialmente hacia los necesitados y oprimidos, la tranquilizó y le aseguró que regresara a su casa, pues su hijo estaría bien. Luego reunió a diez de sus santos Tzadikim ocultos para que rezaran por una Refuá Sheleimá del niño.

Pero fue en vano. Por más que intentaron abrir sus almas y, a través de ello, abrir los Shaarei Shamaim, lamentablemente no tuvieron éxito. El Baal Shem Tov percibió que el decreto celestial estaba sellado y que las Tefilot de los Tzadikim no podían revertirlo.

Sin embargo, el Baal Shem Tov no era de los que aceptaban un «no» como respuesta y se daban por vencidos. Se le ocurrió una idea. Le pidió a su cochero que preparara el carruaje y los caballos. Irían de viaje al bosque. Le indicó que se dirigiera a un lugar determinado, lo cual sorprendió al cochero, ya que se sabía que aquella era una zona peligrosa, donde acechaban ladrones y que todos evitaban.

Al llegar, el Baal Shem Tov bajó del carruaje y, pocos momentos después, para consternación del cochero, fueron rodeados por varios ladrones. Cuando el jefe de la banda vio que se trataba del Baal Shem Tov, bajó su arma y, maravillado y asombrado, preguntó:

—Baal Shem Tov, ¿qué está haciendo aquí, en medio de este lugar desolado?

El Baal Shem Tov respondió:

—Escucha, necesito hablar contigo. Necesito tu ayuda.

Todos se preguntaban qué podía necesitar el Baal Shem Tov de unos humildes ladrones. Entonces continuó hablándole al jefe de la banda:

—Necesito que reúnas a diez de tus ladrones y vengas conmigo a rezar por un niño enfermo.

El jefe de los ladrones no lo comprendía, pero como el Baal Shem Tov se lo estaba pidiendo, accedió. Reunió un minián de sus compañeros de delitos y rezaron junto al Baal Shem Tov.

El niño se recuperó milagrosamente.

Más tarde, cuando sus sorprendidos alumnos le preguntaron: «¿Cómo pudieron lograr con diez ladrones más de lo que habían podido lograr con diez Tzadikim?», el Baal Shem Tov respondió:

—Es sencillo. Vi que todas las puertas del Cielo estaban cerradas. Y pensé que quién mejor que unos ladrones, que saben cómo entrar incluso cuando las puertas están cerradas.


***

Hay aquí un mensaje profundo. Todos somos «ladrones» a nuestra manera. Una vez que una persona ha transgredido, tiene el poder no solo de corregir sus caminos, sino también de aprender de sus propias caídas. Incluso sus errores pueden enseñarle, y enseñarnos a todos, nuevas formas de abrirnos paso y alcanzar alturas que una persona que nunca ha enfrentado esas dificultades quizá jamás podría alcanzar.

Nuestras propias caídas y dificultades pueden darnos herramientas y fuerzas que no tendríamos de otra manera. No debemos desesperarnos por nuestras imperfecciones: debemos aprender de ellas y utilizarlas para acercarnos más a Hashem.



Fuente: Shabbos-Stories, de un e-mail de Chabad of Great Neck, NY.
©JasidiNews
───

📣Para recibir las historias del grupo:

https://chat.whatsapp.com/Gwm3R4tolqRLKB4HtPwigH

📬Para seguir el Canal de Jasídishe Maises en WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbC9ERaG3R3fpOOpV307

martes, 28 de julio de 2026

El nombre que continuó su misión


Una noche, un joven bajur salió de su ieshivá para hacer una llamada telefónica.

No podía imaginar que aquella llamada no solo cambiaría la vida de una niña que acababa de nacer.

Tampoco podía imaginar que, décadas más tarde, su propia madre recibiría una llamada telefónica que le demostraría que su hijo nunca había dejado de cambiar vidas.

---

Era la noche del domingo 27 de Sivan de 5737 (12 de junio de 1977), víspera del lunes.

Avrohom Eliezer Goldman, conocido cariñosamente como Avreimi, tenía apenas 17 años.

Era hijo de Rev Moshe y la señora Esther Goldman, que tengan larga vida, distinguidos Lubavitchers jasidim de Crown Heights. Avreimi estudiaba en la Ieshivá Oholei Torá y era un joven fuera de lo común, con un enorme potencial para alcanzar grandes logros.

Su sonrisa radiante y su personalidad humilde, sencilla y modesta conquistaban el corazón de todos: adultos, adolescentes y niños por igual.

Se destacaba por su dedicación al estudio y por sus extraordinarias cualidades personales. Estudiaba hasta altas horas de la noche, ayudaba a sus compañeros con sus estudios y rezaba con una sinceridad y una melodiosa voz que inspiraban incluso a los adultos.

Avreimi no era simplemente un joven que cumplía mitzvot. Vivía para ellas.

Desde muy joven demostró una gran capacidad de liderazgo e incluso una notable visión de futuro. Organizó, por ejemplo, la recaudación del maamad [el dinero que los jasidim acostumbran entregar al Rebe para sus gastos personales y sus necesidades particulares] en su ieshivá.

Cuando el Rebe llamó a los jóvenes mayores de 13 años a comenzar a colocarse también los tefilín de Rabenu Tam, además de los de Rashi, Avreimi organizó un fondo para ayudar a los alumnos que no podían permitirse comprar un par, cuyo precio era elevado.

El llamado del Rebe a acercar a otros judíos no era para Avreimi una actividad ocasional. Era su forma de vida.

Todos los viernes viajaba junto a otros alumnos a Manhattan para invitar a judíos a colocarse tefilín y cumplir otras mitzvot.

En una de esas ocasiones conoció a un hombre con quien comenzó a colocarse [de forma regular, todos los viernes] los tefilín.

Un día, el hombre le contó que su esposa había dado a luz a una niña.

—¿Ya tiene un nombre judío? —le preguntó Avreimi.
El hombre todavía no se lo había puesto.

Avremi insistió con cariño y logró convencerlo de que le diera a su hija un nombre judío.

La noche anterior a la ceremonia, Avreimi recordó que debía llamar al padre para recordarle que al día siguiente fuera al Shul.

El teléfono de la ieshivá no funcionaba, así que salió del edificio de la Ieshivá Oholei Torá y caminó hasta una cabina telefónica ubicada en la esquina de Montgomery Street.

Logró comunicarse con el padre de la bebé y, con su habitual entusiasmo, insistió en que al día siguiente por la mañana se acercara a 770 para darle a su hija un nombre judío durante la lectura de la Torá, en presencia del Rebe.

Mientras todavía se encontraba hablando con él por teléfono, tres delincuentes se acercaron y lo apuñalaron brutalmente, sin piedad, por la única razón de ser judío. Más tarde, ellos mismos admitirían que habían salido con la intención de matar a un judío.

A pesar de las graves heridas, Avreimi logró regresar caminando hasta la ieshivá.

Pidió un vaso de agua.
Y recitó la brajá:
“Shehakol niyá bidvaró”.

Poco después, su pura y santa alma regresó a su Creador.
Tenía apenas 17 años.

Miles de judíos asistieron a su funeral, encabezado por el propio Rebe.

Avreimi fue sepultado junto a su abuelo, el gran jasid Harav Eliahu Simpson, de bendita memoria, muy cerca del lugar de descanso del Rebe Anterior [el Ohel].

Pero la historia no termina allí.

Los amigos de Avreimi se ocuparon de que aquella pequeña niña recibiera el nombre judío que él había ayudado a elegir.
Pesha.

El nombre fue anunciado durante una lectura de la Torá en 770, en presencia del Rebe.

Tras la tragedia, y bajo la guía del Rebe, el rabino Eli y la señora Lea Lipsker establecieron un fondo en memoria de Avreimi para ayudar a niños de familias con dificultades económicas a asistir a campamentos de verano. El fondo recibió el nombre de Keren Avrohom Eliezer.

Y cada verano, desde entonces, numerosos niños pueden disfrutar de una experiencia que, de otro modo, sus familias no podrían permitirse.

Mientras tanto, Pesha crecía.

Cuando tenía un año, su familia se mudó a Florida. Aunque en su hogar la observancia del judaísmo era limitada, desde muy pequeña sentía que había algo más.

Sus padres la llamaban Pamela, el nombre que utilizó durante toda su infancia y juventud. Aunque tenía un nombre judío —Pesha—, ella no lo sabía y nunca lo utilizaba.

En cuarto grado les pidió a sus padres que la inscribieran en una escuela hebrea.

A los dieciséis años, su padre falleció de cáncer.

Durante su enfermedad, el rabino Yosef Biston, el Sheliaj de Jabad de la zona y amigo de su padre, lo visitaba, lo fortalecía y lo ayudaba a colocarse los tefilín.

Además, durante la enfermedad, el rabino Biston llevó en dos oportunidades a sus padres ante el Rebe para recibir su bendición.

Años más tarde, Pamela comenzó a asistir a clases de Torá y a los rezos de Shabat.

Poco a poco, comenzó a cuidar el Shabat y a vivir una vida cada vez más conectada con el judaísmo.

Al enterarse de que había un Beit Jabad a poca distancia de su hogar, comenzó a asistir allí regularmente y encontró una cálida familia que la recibió.

Con el tiempo, su camino la llevó a hacer teshuvá.

Se casó con un joven israelí y juntos se establecieron en Rejovot, Israel, donde formaron un hogar de Torá y mitzvot.

Cuando llegó el momento de su boda, le pidió al rabino Yosef Biston, quien había estado muy cerca de su padre, que oficiara la ceremonia. Fue entonces cuando el rabino le preguntó cuál era su nombre judío.

Pamela no sabía siquiera que tenía uno.

—Tu nombre es Pesha —le respondió.

Y entonces le contó la historia.

La historia del joven que, 32 años antes, había salido de su ieshivá para llamar al padre de una bebé y convencerlo de llevarla al 770 para darle un nombre judío.
La historia de Avrohom Eliezer Goldman.

En el primer aniversario de su boda, la madre de Pesha la sorprendió con un regalo muy especial: un retrato enmarcado del Rebe, junto con varios dólares que sus padres habían recibido de él.

Entonces Pesha descubrió algo más.

Durante la enfermedad de su padre, el rabino Biston había llevado a sus padres ante el Rebe para recibir sus bendiciones.

De pronto, todo cobró sentido.

Aquel amor por el judaísmo que había sentido desde niña.

Aquel deseo de acercarse a la Torá.

Aquel camino que la había llevado a hacer teshuvá.

Quizás todo había comenzado mucho antes de que ella pudiera recordarlo.

Quizás había comenzado con las bendiciones del Rebe.

Y con los esfuerzos de un joven de 17 años que había decidido que una niña judía debía tener un nombre judío.

Durante años, Pesha soñó con encontrar a la familia de Avreimi.

Finalmente, en el 2009, 32 años después de la tragedia, reunió el valor para hacer una llamada telefónica.

Una llamada tan difícil como emocionante.

—Llamo por su hijo, que fue asesinado hace treinta años...

La Sra. Goldman comprendió inmediatamente.

—¡Tú debes ser aquella pequeña niña!

—Sí —respondió Pesha—. Quiero que sepan que hoy soy una baalat teshuvá, vivo en Eretz Israel y estoy criando una familia dedicada a la Torá y las mitzvot.

Y agregó:

—Todo esto comenzó gracias a los esfuerzos de su hijo.

Pesha le contó que durante toda su infancia había preguntado a sus padres por el origen de aquel nombre tan particular, un nombre que ninguno de sus hermanos tenía.

Al conocer finalmente la historia de su nombre, sintió un profundo deseo de aprender más sobre su herencia y su fe judía.

Un año después, Pesha viajó a Crown Heights para conocer personalmente a los padres y familiares de Avreimi.

También compartió su extraordinaria historia durante la cena anual de recaudación de fondos del Keren Avrohom Eliezer.

Luego acompañó a la Sra. Goldman a visitar la tumba de Avreimi, cerca del Ohel.

Durante toda su vida había sido conocida como Pamela.

Pero ahora, al descubrir la historia del nombre que Avremi había ayudado a darle y comprender el significado que tenía en su propia vida, tomó una decisión: dejaría de utilizar el nombre Pamela y comenzaría a llamarse únicamente Pesha.

Pesha: el nombre que Avreimi había ayudado a darle.

Ese mismo año nació su cuarto hijo.

En memoria de aquel joven que había dedicado su vida a ayudar a otros judíos, decidió llamarlo:

Avraham Eliezer.

Inmediatamente después del brit milá llamó a la Sra. Goldman para compartir con ella la emocionante noticia.

Hoy Pesha tiene cinco hijos, todos varones, educados en instituciones de Jabad.

Sus hijos crecen con amor por la Torá, por  Jasidut y por las mitzvot.

Sus dos hijos mayores ya son Bajurim de Ieshivá, concurren diariamente a la mikve y cumplen las mitzvot con entusiasmo.

Y cada viernes por la tarde salen a ofrecer la mitzvá de tefilín a los judíos que encuentran por la calle.

Tal como hacía Avreimi.

---

Ninguno de nosotros puede comprender por qué una vida tan luminosa fue interrumpida tan joven.

Pero sí podemos ver sus frutos.

Avreimi salió aquella noche para hacer una llamada.
Logró comunicarse con el padre de la nena y consiguió convencerlo de que al día siguiente llevara a su hija al 770 para darle un nombre judío.

Luego, mientras todavía se encontraba en aquella llamada, fue atacado y asesinado.

Pero aquella conversación no terminó allí.

Llegó a una niña que recibió un nombre judío.

Llegó a una mujer que encontró su camino de regreso a la Torá.

Llegó a una familia que hoy vive en Israel.

Llegó a cinco niños que crecen en instituciones de Jabad.

Llegó a un niño que lleva el mismo nombre que él.

Y continúa llegando, cada viernes por la tarde, a los judíos que reciben la invitación de ponerse tefilín.

Avreimi tenía 17 años cuando su vida terminó.

Pero la misión que llevó a cabo durante aquella última llamada continúa hasta el día de hoy.

Porque cuando un judío ayuda a otro judío a acercarse a una mitzvá, nunca podemos saber hasta dónde llegará ese acto.

A veces, una mitzvá puede continuar dando frutos durante décadas.

A veces, una pequeña acción puede cambiar una vida.

Y a veces, la luz de un joven jasid puede seguir brillando mucho después de que él ya no está aquí.
Avrohom Eliezer Goldman, הי״ד.*

Su vida fue corta.
Pero su misión continúa.



Fuente: Collive, con detalles compilados de otras fuentes.
©JasidiNews