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martes, 25 de agosto de 2026

Todo queda en familia - 15 de Av


Cierto día, en el período comprendido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, un josid visitó a su Rebe, el Imrei Emes de Gur, para consultarle acerca de sus dificultades económicas.

—Durante años compré mercadería a muy buen precio de una empresa judía en Berlín y luego la revendía con una buena ganancia. Pero hace poco recibí una carta informándome que ya no me venderán más. Ahora no sé de qué voy a vivir...

El Imrei Emes le preguntó:

—¿Cómo puedo yo ayudarte?

El hombre tuvo que admitir que ni él mismo sabía cómo el Rebe podría solucionar el problema.

El Imrei Emes permaneció pensativo unos instantes y luego dijo:

—Pronto viajaré junto con mi cuñado, el Rav de Bendin, a Marienbad. En el camino pasaremos por Berlín. Pregúntale a mi cuñado si está dispuesto a hacer una parada para visitar esa empresa. Si él acepta el desvío, yo también. Hablaremos con los dueños; quizás eso pueda ayudarte.

El jasid agradeció al Rebe y fue a ver al Rav de Bendin. Este respondió sin dudar:

—Si eso es lo que desea el Rebe de Gur, por supuesto que estoy de acuerdo.

Así fue como el Imrei Emes y su cuñado hicieron una parada en Berlín y se dirigieron a la empresa. El propietario no los conocía, pero quedó impresionado por su distinguida apariencia rabínica.

El Imrei Emes se presentó:

—Mi nombre es Avraham Mordejai Alter. En Polonia me conocen como el Rebe de Gur. Y este es mi cuñado, Janoj Tzvi HaKohen Levin, el Rav de Bendin. Además, también somos mejutonim: la hija de uno está casada con el hijo del otro.

Al oír esas palabras, el dueño dio un salto de la emoción.

—¿Podría repetir lo que acaba de decir?

El Rebe repitió:

—Soy el Rebe de Gur, y este es mi cuñado y también mi mejuton, el Rav de Bendin.

Por alguna razón, aquellas palabras lo llenaron de alegría. Su socio se encontraba en el piso superior, así que lo llamó de inmediato. Cuando este bajó, el propietario le pidió al Rebe que repitiera una vez más su presentación.

El Imrei Emes accedió:

—Soy el Rebe de Gur, y este es mi cuñado y también mi mejuton, el Rav de Bendin.

Los dos socios se miraron, sonrieron de oreja a oreja y, de repente, comenzaron a bailar con enorme entusiasmo.

El Imrei Emes y el Rav de Bendin observaban la escena completamente desconcertados, sin entender qué estaba ocurriendo.

Finalmente, uno de los socios explicó:

—Nosotros también somos cuñados. Yo tengo una hija y él tiene un hijo, y pensamos que sería una buena idea casarlos. Pero después nos surgió la duda de si era correcto que primos se casaran entre sí. Dejamos el asunto de lado, pero eso provocó una situación muy incómoda.

Nuestro negocio requiere que conversemos constantemente. Sin embargo, esa incertidumbre creó una tensión entre nosotros y casi dejamos de hablarnos. Así era imposible manejar la empresa, e incluso estábamos pensando en cerrarla.

Pero ahora ustedes llegan y nos cuentan que también son cuñados y, además, mejutonim. ¡Eso significa que nuestros hijos también pueden casarse! Si ustedes lo hicieron, nosotros también podemos hacerlo.

Este baile fue, en cierto modo, una celebración anticipada del compromiso. Estamos inmensamente felices. Y además, tampoco perderemos nuestro sustento. Ahora podremos volver a hablar con normalidad y continuar con el negocio. ¡Es casi un milagro!

Cuando finalmente se calmaron, el primer socio dijo:

—Perdónenme. Con toda la emoción ni siquiera les pregunté a qué habían venido.

El Imrei Emes explicó que había ido para ayudar a uno de sus jasidim.

—Él solía comprarles mercadería, pero recibió una carta informándole que ya no le venderían más.

El propietario respondió con una sonrisa:

—No hay de qué preocuparse. Ahora mismo escribiré otra carta diciéndole que puede seguir haciendo negocios con nosotros como siempre, y ustedes mismos podrán llevársela. La carta anterior fue enviada únicamente porque pensábamos cerrar la empresa. Pero ahora que sabemos que nuestros hijos pueden casarse, nuestro negocio continuará funcionando.

*

El mensaje de esta historia cobra un significado especial al acercarnos a Tu BeAv, el 15 de Av, el día que nuestros Sabios describen como uno de los más alegres del calendario judío.

Jamishá Asar BeAv simboliza la unión, la reconciliación y la construcción de nuevos hogares en Israel. En esta historia vemos cómo una simple conversación, basada en la confianza en la Torá y en el ejemplo de grandes tzadikim, no solo permitió concretar un matrimonio, sino que también devolvió la armonía entre dos socios y salvó el sustento de varias familias.

A veces, una decisión tomada con el Ruaj de la Torá tiene consecuencias mucho más amplias de lo que imaginamos. Cuando hay paz, unión y voluntad de construir, Hashem abre caminos que parecían cerrados.

Que en este Tu BeAv podamos fortalecer el amor y la unión entre Iehudim, construir hogares firmes sobre los valores de la Torá y ser testigos muy pronto de la unión perfecta de todo Am Israel con la llegada de Mashíaj, pronto en nuestros días.



Fuente: Adaptado por Yerajmiel Tilles a partir de Torah Wellsprings: Reflexiones recopiladas del Rab Elimelej Biderman.

©JasidiNews

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