Una noche, un joven bajur salió de su ieshivá para hacer una llamada telefónica.
No podía imaginar que aquella llamada no solo cambiaría la vida de una niña que acababa de nacer.
Tampoco podía imaginar que, décadas más tarde, su propia madre recibiría una llamada telefónica que le demostraría que su hijo nunca había dejado de cambiar vidas.
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Era la noche del domingo 27 de Sivan de 5737 (12 de junio de 1977), víspera del lunes.
Avrohom Eliezer Goldman, conocido cariñosamente como Avreimi, tenía apenas 17 años.
Era hijo de Rev Moshe y la señora Esther Goldman, que tengan larga vida, distinguidos Lubavitchers jasidim de Crown Heights. Avreimi estudiaba en la Ieshivá Oholei Torá y era un joven fuera de lo común, con un enorme potencial para alcanzar grandes logros.
Su sonrisa radiante y su personalidad humilde, sencilla y modesta conquistaban el corazón de todos: adultos, adolescentes y niños por igual.
Se destacaba por su dedicación al estudio y por sus extraordinarias cualidades personales. Estudiaba hasta altas horas de la noche, ayudaba a sus compañeros con sus estudios y rezaba con una sinceridad y una melodiosa voz que inspiraban incluso a los adultos.
Avreimi no era simplemente un joven que cumplía mitzvot. Vivía para ellas.
Desde muy joven demostró una gran capacidad de liderazgo e incluso una notable visión de futuro. Organizó, por ejemplo, la recaudación del maamad [el dinero que los jasidim acostumbran entregar al Rebe para sus gastos personales y sus necesidades particulares] en su ieshivá.
Cuando el Rebe llamó a los jóvenes mayores de 13 años a comenzar a colocarse también los tefilín de Rabenu Tam, además de los de Rashi, Avreimi organizó un fondo para ayudar a los alumnos que no podían permitirse comprar un par, cuyo precio era elevado.
El llamado del Rebe a acercar a otros judíos no era para Avreimi una actividad ocasional. Era su forma de vida.
Todos los viernes viajaba junto a otros alumnos a Manhattan para invitar a judíos a colocarse tefilín y cumplir otras mitzvot.
En una de esas ocasiones conoció a un hombre con quien comenzó a colocarse [de forma regular, todos los viernes] los tefilín.
Un día, el hombre le contó que su esposa había dado a luz a una niña.
—¿Ya tiene un nombre judío? —le preguntó Avreimi.
El hombre todavía no se lo había puesto.
Avremi insistió con cariño y logró convencerlo de que le diera a su hija un nombre judío.
La noche anterior a la ceremonia, Avreimi recordó que debía llamar al padre para recordarle que al día siguiente fuera al Shul.
El teléfono de la ieshivá no funcionaba, así que salió del edificio de la Ieshivá Oholei Torá y caminó hasta una cabina telefónica ubicada en la esquina de Montgomery Street.
Logró comunicarse con el padre de la bebé y, con su habitual entusiasmo, insistió en que al día siguiente por la mañana se acercara a 770 para darle a su hija un nombre judío durante la lectura de la Torá, en presencia del Rebe.
Mientras todavía se encontraba hablando con él por teléfono, tres delincuentes se acercaron y lo apuñalaron brutalmente, sin piedad, por la única razón de ser judío. Más tarde, ellos mismos admitirían que habían salido con la intención de matar a un judío.
A pesar de las graves heridas, Avreimi logró regresar caminando hasta la ieshivá.
Pidió un vaso de agua.
Y recitó la brajá:
“Shehakol niyá bidvaró”.
Poco después, su pura y santa alma regresó a su Creador.
Tenía apenas 17 años.
Miles de judíos asistieron a su funeral, encabezado por el propio Rebe.
Avreimi fue sepultado junto a su abuelo, el gran jasid Harav Eliahu Simpson, de bendita memoria, muy cerca del lugar de descanso del Rebe Anterior [el Ohel].
Pero la historia no termina allí.
Los amigos de Avreimi se ocuparon de que aquella pequeña niña recibiera el nombre judío que él había ayudado a elegir.
Pesha.
El nombre fue anunciado durante una lectura de la Torá en 770, en presencia del Rebe.
Tras la tragedia, y bajo la guía del Rebe, el rabino Eli y la señora Lea Lipsker establecieron un fondo en memoria de Avreimi para ayudar a niños de familias con dificultades económicas a asistir a campamentos de verano. El fondo recibió el nombre de Keren Avrohom Eliezer.
Y cada verano, desde entonces, numerosos niños pueden disfrutar de una experiencia que, de otro modo, sus familias no podrían permitirse.
Mientras tanto, Pesha crecía.
Cuando tenía un año, su familia se mudó a Florida. Aunque en su hogar la observancia del judaísmo era limitada, desde muy pequeña sentía que había algo más.
Sus padres la llamaban Pamela, el nombre que utilizó durante toda su infancia y juventud. Aunque tenía un nombre judío —Pesha—, ella no lo sabía y nunca lo utilizaba.
En cuarto grado les pidió a sus padres que la inscribieran en una escuela hebrea.
A los dieciséis años, su padre falleció de cáncer.
Durante su enfermedad, el rabino Yosef Biston, el Sheliaj de Jabad de la zona y amigo de su padre, lo visitaba, lo fortalecía y lo ayudaba a colocarse los tefilín.
Además, durante la enfermedad, el rabino Biston llevó en dos oportunidades a sus padres ante el Rebe para recibir su bendición.
Años más tarde, Pamela comenzó a asistir a clases de Torá y a los rezos de Shabat.
Poco a poco, comenzó a cuidar el Shabat y a vivir una vida cada vez más conectada con el judaísmo.
Al enterarse de que había un Beit Jabad a poca distancia de su hogar, comenzó a asistir allí regularmente y encontró una cálida familia que la recibió.
Con el tiempo, su camino la llevó a hacer teshuvá.
Se casó con un joven israelí y juntos se establecieron en Rejovot, Israel, donde formaron un hogar de Torá y mitzvot.
Cuando llegó el momento de su boda, le pidió al rabino Yosef Biston, quien había estado muy cerca de su padre, que oficiara la ceremonia. Fue entonces cuando el rabino le preguntó cuál era su nombre judío.
Pamela no sabía siquiera que tenía uno.
—Tu nombre es Pesha —le respondió.
Y entonces le contó la historia.
La historia del joven que, 32 años antes, había salido de su ieshivá para llamar al padre de una bebé y convencerlo de llevarla al 770 para darle un nombre judío.
La historia de Avrohom Eliezer Goldman.
En el primer aniversario de su boda, la madre de Pesha la sorprendió con un regalo muy especial: un retrato enmarcado del Rebe, junto con varios dólares que sus padres habían recibido de él.
Entonces Pesha descubrió algo más.
Durante la enfermedad de su padre, el rabino Biston había llevado a sus padres ante el Rebe para recibir sus bendiciones.
De pronto, todo cobró sentido.
Aquel amor por el judaísmo que había sentido desde niña.
Aquel deseo de acercarse a la Torá.
Aquel camino que la había llevado a hacer teshuvá.
Quizás todo había comenzado mucho antes de que ella pudiera recordarlo.
Quizás había comenzado con las bendiciones del Rebe.
Y con los esfuerzos de un joven de 17 años que había decidido que una niña judía debía tener un nombre judío.
Durante años, Pesha soñó con encontrar a la familia de Avreimi.
Finalmente, en el 2009, 32 años después de la tragedia, reunió el valor para hacer una llamada telefónica.
Una llamada tan difícil como emocionante.
—Llamo por su hijo, que fue asesinado hace treinta años...
La Sra. Goldman comprendió inmediatamente.
—¡Tú debes ser aquella pequeña niña!
—Sí —respondió Pesha—. Quiero que sepan que hoy soy una baalat teshuvá, vivo en Eretz Israel y estoy criando una familia dedicada a la Torá y las mitzvot.
Y agregó:
—Todo esto comenzó gracias a los esfuerzos de su hijo.
Pesha le contó que durante toda su infancia había preguntado a sus padres por el origen de aquel nombre tan particular, un nombre que ninguno de sus hermanos tenía.
Al conocer finalmente la historia de su nombre, sintió un profundo deseo de aprender más sobre su herencia y su fe judía.
Un año después, Pesha viajó a Crown Heights para conocer personalmente a los padres y familiares de Avreimi.
También compartió su extraordinaria historia durante la cena anual de recaudación de fondos del Keren Avrohom Eliezer.
Luego acompañó a la Sra. Goldman a visitar la tumba de Avreimi, cerca del Ohel.
Durante toda su vida había sido conocida como Pamela.
Pero ahora, al descubrir la historia del nombre que Avremi había ayudado a darle y comprender el significado que tenía en su propia vida, tomó una decisión: dejaría de utilizar el nombre Pamela y comenzaría a llamarse únicamente Pesha.
Pesha: el nombre que Avreimi había ayudado a darle.
Ese mismo año nació su cuarto hijo.
En memoria de aquel joven que había dedicado su vida a ayudar a otros judíos, decidió llamarlo:
Avraham Eliezer.
Inmediatamente después del brit milá llamó a la Sra. Goldman para compartir con ella la emocionante noticia.
Hoy Pesha tiene cinco hijos, todos varones, educados en instituciones de Jabad.
Sus hijos crecen con amor por la Torá, por Jasidut y por las mitzvot.
Sus dos hijos mayores ya son Bajurim de Ieshivá, concurren diariamente a la mikve y cumplen las mitzvot con entusiasmo.
Y cada viernes por la tarde salen a ofrecer la mitzvá de tefilín a los judíos que encuentran por la calle.
Tal como hacía Avreimi.
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Ninguno de nosotros puede comprender por qué una vida tan luminosa fue interrumpida tan joven.
Pero sí podemos ver sus frutos.
Avreimi salió aquella noche para hacer una llamada.
Logró comunicarse con el padre de la nena y consiguió convencerlo de que al día siguiente llevara a su hija al 770 para darle un nombre judío.
Luego, mientras todavía se encontraba en aquella llamada, fue atacado y asesinado.
Pero aquella conversación no terminó allí.
Llegó a una niña que recibió un nombre judío.
Llegó a una mujer que encontró su camino de regreso a la Torá.
Llegó a una familia que hoy vive en Israel.
Llegó a cinco niños que crecen en instituciones de Jabad.
Llegó a un niño que lleva el mismo nombre que él.
Y continúa llegando, cada viernes por la tarde, a los judíos que reciben la invitación de ponerse tefilín.
Avreimi tenía 17 años cuando su vida terminó.
Pero la misión que llevó a cabo durante aquella última llamada continúa hasta el día de hoy.
Porque cuando un judío ayuda a otro judío a acercarse a una mitzvá, nunca podemos saber hasta dónde llegará ese acto.
A veces, una mitzvá puede continuar dando frutos durante décadas.
A veces, una pequeña acción puede cambiar una vida.
Y a veces, la luz de un joven jasid puede seguir brillando mucho después de que él ya no está aquí.
Avrohom Eliezer Goldman, הי״ד.*
Su vida fue corta.
Pero su misión continúa.
Fuente: Collive, con detalles compilados de otras fuentes.
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