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miércoles, 26 de enero de 2022

Al Frierdiker Rebe no le gustó el ejemplo y le hizo una "leve" corrección - Historia inspiradora


Durante la década de 1940, el Rebe Anterior, Rabi Yosef Itzjak Schneersohn, de bendita memoria, enviaba periódicamente emisarios a visitar las comunidades judías por todo Estados Unidos, con el objetivo de hacerles llegar la alegría y la calidez que brinda el judaísmo a todo aquel con quien se encontrasen.


Reb Shmuel Levitin


Una misión particular le fue encomendada a Reb Shmuel Levitin, una ilustre figura rabínica, que anteriormente había servido en la ciudad lituana de Rakshik. Debía viajar de Nueva York a Chicago (donde yo vivía en aquel entonces), para pasar unos días con la comunidad judía, inspirándolos como solo él podía hacerlo.

Durante su visita, en medio de conferencias y Farbrenguens, Reb Shmuel le pidió al rabino Perlstein, el rabino de la sinagoga Tzemaj Tzedek, concertar una cita con el Sr. Charles (Yejezkel) Lissner, un destacado empresario y miembro de su congregación, a quien el Rebe le había dado instrucciones específicas que le dé una visita. El Rebe le había explicado que el antepasado del Sr. Lissner, Arke de Liozna, había sido un devoto jasid del primer Rebe de Jabad, pero cuando el Sr. Lissner llegó a los Estados Unidos de niño, se fue "americanizando" un poco. El Rebe, por lo tanto, deseaba que Reb Shmuel lo visitara, con la esperanza de que la visita de semejante Josid, y la inspiración jasídica, le brindaran un despertar espiritual más que necesario.


Charles y Jenni Lissner


Aunque no fue fácil concertar una cita, se confirmó una reunión en la oficina central del Sr. Lissner. Reb Shmuel se dirigió allí, junto con el rabino Perlstein y varios otros rabinos locales. Yo también estaba entre la delegación.

El Sr. Lissner nos recibió con sincera calidez y, durante el transcurso de la conversación íntima y animada que siguió, Reb Shmuel recordó su relación personal con el abuelo del Sr. Lissner. El Sr. Lissner también habló con nostalgia sobre los hogares de sus padres y abuelos, donde las costumbres y prácticas jasídicas habían sido parte de la vida diaria, y donde el Shabat y las festividades eran ocasiones verdaderamente alegres.

Cuando la reunión llegó a su fin, Reb Shmuel se levantó para irse, momento en el cual el Sr. Lissner sacó su chequera y preguntó a quién debía hacer su cheque pagadero.

“Mi querido amigo”, le dijo el emisario, “no vine a solicitarle una contribución financiera y confío en que no se ofenderá si me niego a aceptar su dinero.”

Esto lo dejó desconcertado al Sr. Lissner. “¡Seguramente un venerable emisario del Lubavitcher Rebe no vino desde Nueva York para hacerme una visita 'de sociales', o simplemente para tomar una bebida fría en mi casa!” comentó.

“Déjeme explicárselo”, intervino el rabino Perlstein. “Seguramente sabe usted que un Sefer Torá se escribe siguiendo reglas muy estrictas y detalladas, por un Sofer, con una pluma y un tipo específico de tinta negra en un tipo particular de pergamino. A veces sucede, particularmente cuando el rollo de Torá no se usa durante un largo período de tiempo, que una letra se borra y la Torá ya no es Kasher. Cada comunidad solía emplear un verificador de Sifrei Torá, cuya función era revisar regularmente la Torá. Si encontraba una letra faltante o descolorida, la llenaba con su pluma y tinta, haciendo que la Torá fuera kosher nuevamente.

El rabino continuó: “El Rebe nos ha enseñado que cada judío es un Sefer Torá, repleto de letras y palabras, que el judío escribe y expresa en su conducta diaria, al cuidar el Shabat, el Kashrut, la pureza familiar judía y criando a los niños con un estilo de vida de Torá y Mitzvot. Ocasionalmente, una de estas 'letras' se borra o se descolora, por lo que el Rebe nos envía (como sus 'examinadores') para refrescar aquellas letras descoloridas y asegurarse de que cada uno de nosotros sea un Sefer Torá perfectamente Kasher."

Cuando se despidió de los rabinos, era evidente que el Sr. Lissner estaba profundamente conmovido.

Cuando Reb Shmuel regresó a Nueva York, le dio al Rebe un informe completo de su viaje a Chicago, incluyendo la visita al Sr. Lissner.

El Rebe hizo silencio por un momento y luego señaló: “De hecho, es una explicación interesante, pero estrictamente hablando, la analogía no es correcta (ni cierta) en todos los aspectos. Es cierto que un judío es un Sefer Torá. Sin embargo, existen dos modos de escritura. Existe el método de escribir con pluma y tinta, y existe el método de grabado. Los Diez Mandamientos fueron grabados en piedra.

¿Cuál es la diferencia entre estos dos métodos?

Escribir con pluma o lapicera implica aplicar tinta al papel o pergamino. La tinta y el pergamino son entidades separadas, hábilmente fusionadas por el escritor. Sin embargo, debido a que son entidades separadas, es posible que la tinta se desvanezca o se borre. Por otro lado, el grabado consiste en formar letras y palabras dentro de la misma piedra. Nada se superpone al material; el material y las letras son uno y el mismo. Tales letras no pueden borrarse, ni se pueden descolorar. Mientras exista el material, las letras están ahí. Aunque una decoloración o borrado no puede ocurrir, existe la posibilidad de que se acumule polvo y suciedad y cubra las letras grabadas. Si esto sucediera, todo lo que se necesita es limpiar ese polvo y la suciedad, y las letras volverán a revelarse con su nitidez original."

“Un judío es un Sefer Torá, pero no uno escrito”, concluyó el Rebe. “Más bien, como los Diez Mandamientos, la escritura está grabada. No tienes que 'reescribir' a un yehudi; todo lo que tienes que hacer es ayudarlo a quitar el polvo y la suciedad de sus influencias del entorno que han cubierto temporal y superficialmente su verdadero ser, der pintele Id [la chispa judía grabada en cada alma]. Por eso el corazón siempre está despierto; siempre receptivo.”


Adaptado de un relato de Rab Yosef Wineberg, impreso en "Di Yiddishe Heim."

domingo, 23 de enero de 2022

¡Te llamó tu amiga! - Historia en primera persona con la Rebetzn Jaya Mushka

Mis abuelos estaban muy emocionados. Luego de graduarme de la escuela en Londres, me estaba yendo al extranjero para estudiar en el seminario Beis Rivka en Nueva York. Mi prima mayor, Leah Jaffe, había ido a un seminario en París, pero yo sería la primera de mi familia en ir a Nueva York.

No es que fuera mi primer viaje a Nueva York. Había estado muchas veces, generalmente con mis abuelos, Reb Zalman y Rosalyn Jaffe de Manchester. Ellos tenían una relación muy especial, personal y cercana con el Rebe, y en aquel entonces también con la Rebetzin. Si se trataba del Rebe, se podría decir que mi abuelo no tenía filtro; le escribía al Rebe todas las semanas y simplemente compartía todo con él. Cuando averiguó qué tipo de flores le gustaban a la Rebetzin, le enviaba un ramo cada Shavuot y, desde 1963, comenzaron a visitarla cada vez que venían a Nueva York.

Eventualmente, sus nietos se sumaron: algunos de mis primeros recuerdos abarcan estas visitas a la Rebetzin: esas "mariposas" que sentía en el estómago cuando caminábamos por President Street y nos acercábamos a la casa del Rebe: entrar a la casa, ver los adornitos que diferentes personas o comunidades le habían enviado como regalo. Viniendo de Inglaterra, sentía que iba a visitar a la Reina. No era muy elegante (ostentosa/extravagante) ni exagerada, pero había un verdadero sentido de elegancia en la Rebetzin, y era acogedor y pacífico allí.

Mi abuelo nos hacía cantar para la Rebetzin, y también dábamos vuelta por la sala, compartíamos lo que habíamos estado estudiando en la escuela o las cosas que habíamos estado haciendo. Siempre estuvo muy interesada en escuchar sobre nuestra participación en actividades que el Rebe promovía. "¡Oh, eso es maravilloso!" decía, y nos daba caramelos envueltos en papel de aluminio.

A veces, salíamos para que mis abuelos pudieran pasar un tiempo a solas con la Rebetzin. Al fin y al cabo, estas eran sus visitas: eran un gran privilegio para nosotros, pero eran mis abuelos quienes mantenían la conversación. Fue solo una vez que estaba en el seminario que recibí una invitación propia.

Era 1984, y ya había estado en Nueva York durante aproximadamente un mes cuando mis abuelos vinieron de visita y me llevaron, junto con un grupo de sus otros nietos, a la Rebetzin. “Jaya se va a quedar aquí”, le dijeron con orgullo, “Ella irá al seminario Beis Rivka.”

“Muy bien”, dijo entusiasmada la Rebetzin, asintiendo con la cabeza. "Mantengámonos en contacto." Me parecía que solo estaba siendo cortés (al decirme así), pero luego, mientras salíamos, la Rebetzin se volvió hacia mí.

“Vas a estar viviendo por aquí”, dijo, “así que debes saber, cuentas con una amiga en el barrio. Obtendrás mi número de tus abuelos y puedes ponerte en contacto.”

Esas palabras sonaron increíbles, pero en ese momento estaba muy nerviosa. ¿Mi amiga del barrio? ¿Qué significa eso? Pasó más o menos una semana antes de que llamara y un asistente me dijo que la Rebetzin no estaba disponible. Una parte de mí se sintió aliviada, porque todo era bastante estresante. Dejé un mensaje y dije que llamaría en otro momento.

Después de intentarlo una o dos veces más con el mismo resultado, no me sentía cómoda llamando de nuevo. En lugar de eso, escribí una carta, solo diciendo lo que estaba pasando conmigo, cómo iban mis clases, mis otros trabajos, etc. Supuse que no era necesario molestar a la Rebetzin.

Alrededor de esa época, mi prima Lea se estaba por casar. Ella era la primera de mis primas en casarse, pero a pesar de lo emocionante que era, no pude viajar a Manchester para la boda; viajar era mucho más caro en esos días y no lo hacíamos tan a menudo. Solo tenía a mis conocidos en Nueva York para celebrar.

Sintiéndome algo excluida, llamé a mis parientes en Inglaterra, y el día antes de la boda, hablé con mis abuelos para desearles Mazel Tov.

"¿Dónde estabas?!" preguntó mi abuelo.

“Aquí, en Nueva York”, respondí, preguntándome por qué estaba preguntando.

“Te cuento,”, replicó, “la Rebetzin ha estado tratando de comunicarse contigo.”

"¿Ella qué? ¿Que quería?!" Pensé que era un malentendido porque me sonaba tan irreal. ¿Cómo podría estar tratando de comunicarse conmigo antes de tener mi número? Solo después de hacer un poco de trabajo de detective, descubrí que la Rebetzin había llamado a mi escuela, solo para que la secretaria, que no reconoció su voz, me dijera que llamar a las alumnas por teléfono estaba en contra de la política de Beit Rivkah.

“No lo sé, pero hablamos con ella y dijo que había estado tratando de comunicarse contigo.”

Me sugirió que le enviara otra carta y que incluyera el número de teléfono de mi apartamento junto con las horas en las que solía estar allí.

Seguí su consejo, pero simplemente no entendía. ¿Por qué la Rebetzin querría contactarme?

El día siguiente era viernes que, como le dije a la Rebetzin, era el mejor día para contactarme. Todavía dudando de que realmente llamara, le advertí a las otras siete chicas de mi apartamento; éramos un grupo de compañeras de domitorio algo alocadas y, a veces, contestábamos el teléfono de forma divertida... así que tenían que estar atentas.

Cierto día, tuve que salir al almacén, a Kahn's Superette para comprar algo para Shabat. En el camino de regreso, mi amiga viene corriendo por la calle Eastern Parkway, sin aliento. "¡Ella te llamó!"

"Estás bromeando."

“Ella también te dejó un mensaje: ‘Por favor, dígale que la Sra. Schneerson de President Street llamó, y si puede, por favor, que me devuelva la llamada.”

Volví corriendo al apartamento, recuperé el aliento y marqué el número. Después del primer timbre, la Rebetzin misma contestó al teléfono.

Dije hola, tuvimos un pequeño intercambio de palabras y luego le dije: "Entiendo que la Rebetzin me llamó y le devuelvo la llamada."

"Sí", dijo ella. “Pensé que con el casamiento de tu prima, probablemente te estarás sintiendo un poco sola y añorando tu hogar, y solo quería llamarte para comunicarme contigo.” Ese fue el punto esencial de la conversación: Que mi amiga del barrio estaba pensando en mí.

Llamé de nuevo más tarde y coordinamos una cita para visitarla. Mi madre, la Sra. Hindy Lew, vendría a Nueva York para Janucá y le pregunté si ella también podía acompañarme. “Es tu visita”, la recuerdo diciéndome en un tono de voz casi cantado, “It’s up to you,” ("como tú digas") Terminamos teniendo una visita muy agradable.

Continué manteniendo una relación con la Rebetzin durante mi tiempo en el seminario. Y, cuantos más años pasaron desde esa primera llamada, más la aprecio; la forma en que la Rebetzin había pensado con anticipación que probablemente apreciaría una llamada; y la forma en que me localizó para decir que alguien estaba pensando en mí y expresando su simpatía conmigo. Hacer todo eso por una chica de diecisiete años era increíble. Mi reacción inicial había sido, ¿qué querrá la Rebetzin de mí? ¿Qué puedo hacer por ella? No pensé ni por un segundo que solo se trataba de estar ahí por mí.



La Sra. Jaya Posner vive en Rancho Mirage, California, donde se desempeña como Shlujá (emisaria de Jabad). Fue entrevistada para MY ENCOUNTER de JEM en febrero del 2016.

Video: El médico del Rebe - Dr. Seligzon

La curación viene del Cielo. Pero como todo en este mundo, lo Divino debe canalizarse a través del orden natural. Presentamos al Dr. Avrohom Aba Seligson, un jasid devoto que también se desempeñó como médico personal del Rebe y la Rebetzin.

La gente venía de todas partes para buscar consejo y bendición del Rebe con respecto a asuntos médicos, y se sabía que el Rebe remitía a muchos de ellos al Dr. Seligson. De hecho, muchas de las historias más milagrosas sobre el Rebe se basaron en el aporte del médico de confianza del Rebe.






lunes, 17 de enero de 2022

El árbol de testigo



La rueda de la fortuna había dado un brusco giro para un judío que alguna vez había sido muy rico y que vivía en la ciudad marroquí de Rabat. Se vio obligado a abandonar su hogar y vagar de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, en busca de una oportunidad comercial adecuada que le permitiera mantener a la gran familia extendida que había llegado a depender de él. Su fe en Aquel que todo lo provee era fuerte, pero aun así, forjar un Keli (recipiente) para la bendición del Todopoderoso le estaba resultando difícil.

Finalmente, tras varios intentos fallidos, logró amasar una importante cantidad de dinero. Ahora podía volver a casa.

En el camino, pasó por el pueblo de Sali, que no está lejos de Rabat. Como ya era bastante tarde del viernes, pensó que sería mejor quedarse en Sali para Shabat. Allí vivía un buen amigo de su juventud a quien no había visto en muchos años, y sabía que encontraría una cálida bienvenida en su casa.

De hecho, tan pronto como su amigo lo vio, insistió en que su invitado sorpresa se quedara para Shabat. El cansado viajero aceptó felizmente la invitación. Antes de encender las velas, le dio su bolsa de dinero a su anfitrión para que la guardara, para no tener que preocuparse por ella durante el Día de Descanso.

El sábado por la noche, el viajero estaba ansioso por seguir viaje y volver a casa. Inmediatamente después de Havdalá, le pidió a su amigo que le devolviera su bolsa de dinero.

"¿De qué estás hablando?" negó a su anfitrión. "Nunca me dejaste dinero."

El invitado atónito no podía creer lo que escuchaba. Casi se desmaya. Cuando recuperó el sentido, le rogó a su (antiguo) amigo que le devolviera el dinero por el que había trabajado tanto y que era fundamental para la supervivencia de su familia.

El anfitrión explotó. "¡Cómo te atreves!" le gritó. "¿No te da vergüenza? ¡Dormiste en mi casa, comiste en mi mesa y ahora te atreves a lanzarme estas falsas acusaciones!"

Al ver la indignación 'justa' en el rostro de su anfitrión, el hombre se dio cuenta de que no había posibilidad de que este confabulador admitiera lo que había hecho y devolviera el dinero voluntariamente. Decidió que era mejor ir de inmediato a hacer un reclamo en Beit Din (tribunal rabínico).

El rabino de Sali en ese momento era el famoso Or HaJaim, Rab Jaim Ibn Atar. Los dos hombres fueron a su casa. Rabí Jaim escuchó atentamente a ambos lados. Luego se dirigió al anfitrión: "Este judío reclama el dinero que dice que te depositó en Erev Shabat. ¿Qué dices al respecto?"

"Nunca sucedió", respondió el hombre con soltura. "Lo está inventando y me está calumniando."

Rabí Jaim se volvió hacia el desafortunado invitado. "¿Tal vez había un testigo en el momento en que dices que le entregaste tu dinero?"

El hombre abatido ahora se sentía aún peor. "No, no hubo testigos allí. Justo antes de Shabat nos sentamos bajo un árbol. Fue entonces cuando saqué mi billetera del bolsillo y se la di para que me la guardara hasta el sábado por la noche."

"¿Debajo de un árbol? ¡Muy bien!" exclamó el Or HaJaim entusiasmado. "¡Regresa y cítalo a a ese árbol para que sirva de testigo en tu nombre!"

El viajero se sorprendió cuando escuchó lo que el rabino quería que hiciera, pero siendo muy consciente de la reputación del Or HaJaim como hacedor de milagros, se puso de pie y salió de la casa, sin cuestionar las instrucciones del gran rabino.

Después de apenas unos breves minutos, el Or HaJaim comentó, casualmente, que seguro que el hombre ya habrá llegado al árbol.

"¿Qué dice, rabino?" respondió el otro hombre espontáneamente. "Aquel árbol está bastante lejos de aquí."

Con una mirada dura directamente a los ojos del hombre, el Or HaJaim declaró: "¡Devuélvele su dinero a ese pobre judío inocente, ahora mismo!" Al ver la sorpresa en el rostro del hombre, el rabino se acarició su barba y agregó: "Si no recibiste el dinero debajo de ese árbol, ¿cómo es que sabes dónde está el árbol?!"

El hombre quedó pálido. Sin decir una palabra más, devolvió rápidamente el dinero que le había sido confiado.

Después de que finalmente llegó a casa, el comerciante utilizó la mayor parte de sus ahorros ganados con tanto esfuerzo para inversiones sabias, y con la ayuda de Di-s volvió a ser rico como antes.


Fuente: Adaptado por Yerajmiel Tilles de "Ejye Vaasaper" pag. 145-6 para ascentofsafed.com

domingo, 16 de enero de 2022

Video: Los Hijos de los Héroes

Bar Mitzvá masivo para hijos de soldados caídos de Tzahal


Después de la Guerra de los Seis Días, mientras Israel celebraba su increíble victoria, cientos de niños israelíes habían quedado destrozados, llorando la muerte de sus padres que habían caído en la batalla.

En respuesta, el Rebe movilizó a sus seguidores, instándolos a brindar atención y consuelo a las familias huérfanas.

Crecer sin un padre es difícil, y el Rebe quería que esa carga fuera más fácil para los hijos de los héroes que desinteresadamente  habían sacrificado sus vidas para proteger la Tierra Santa y al pueblo judío.







miércoles, 12 de enero de 2022

Maamar Bati Legani 5742 en español

Maamar Bati Legani 5742 

lunes, 10 de enero de 2022

MAJSHABÁ MOELET - Historia con el Frierdiker Rebe



Nací en Moscú, Rusia, durante la era soviética, cuando ser un judío observante implicaba un gran desafío. Sin embargo, mis padres, Mordejai Dov y Jaya Sara Teleshevsky, perseveraron.

Cuando se acercaba el momento de inscribirme en un jardín de infantes, a mi padre ni siquiera se le pasó por la cabeza la idea de anotarme en una escuela no judía. Por supuesto, no había ninguna escuela judía de ningún tipo; estaban prohibidas e ilegales. Pero asistir a una escuela del gobierno comunista significaba transgredir el Shabat, y Di-s libre de hacer tal cosa. Sin embargo, ¿cuántas veces, semana tras semana, podría ausentarme en Shabat fingiendo estar enfermo? ¿Cuántas veces antes de que las autoridades escolares se dieran cuenta y mis padres fueran penalizados por practicar el judaísmo?

Sin saber qué hacer, mi padre quiso ponerse en contacto con el Rebe, pero todo el correo estaba censurado y cualquier sospecha de disensión de las políticas gubernamentales podría llevarlo a Siberia. Entonces, en lugar de eso, mi padre encontró a alguien que estaba huyendo del país y le pidió que se pusiera en contacto con el Rebe en Latvia (Letonia). (Durante ese tiempo, a fines de la década de 1920 y principios de 1930, el Rebe vivía en Riga después de ser liberado de la prisión soviética por el delito de promover la observancia de la Torá, y se lo podía localizar allí).

“Quiero que me des tu palabra”, le dijo mi padre al hombre, “que si ves al Rebe, le digas que no quiero que mis hijos vayan a una escuela no judía. Quiero que sigan siendo judíos."

El hombre se lo prometió y se dieron la mano. Y, de hecho, hizo lo que le pidió mi padre porque poco tiempo después mi padre recibió un mensaje del Rebe. No sé cómo se las arregló para enviarlo, pero el mensaje decía que mi padre debía ir a las autoridades y decirles que quería irse de Rusia.

Mi padre entró en pánico, porque pensó que si hacía tal cosa, terminaría en el próximo tren a Siberia. Pero cuando el Rebe te dice que hagas algo, un jasid debe hacer a un costado sus miedos. Entonces mi padre se dirigió a la oficina del gobierno y les dijo: "Quiero irme de Rusia."

"¿Qué? ¿Estas loco?" fue la respuesta. "¡Vete a tu casa!"

Mi padre se sintió muy aliviado de que el funcionario le dijera "a casa" y no "Siberia"... pero todavía se enfrentaba al mismo dilema: qué hacer con mi educación.

Encontró a otro hombre dispuesto a llevarle un mensaje al Rebe, pero la respuesta fue la misma: "Ve a las autoridades y diles que quieres salir de Rusia."

Mi padre volvió a solicitar su pedido y así siguió hasta que, en el séptimo intento, ¡finalmente le dieron los papeles de salida! Cuando los recibió, ni siquiera quería pisar su casa; simplemente le envió un mensaje a mi madre para que vinieran directamente a la estación de tren, con mi hermano y conmigo.

Ahora, tengo que decir que las mujeres tienen más confianza y fe en Di-s que los hombres. La prueba es mi madre, quien, la primera vez que ella escuchó lo que dijo el Rebe, inmediatamente fue y empacó dos valijas para estar lista para partir. Por eso, tan pronto como recibió la noticia, nos agarró a todos nosotros junto con las valijas, dejando todo lo demás atrás, y salió corriendo.

En 1932, después de que llegamos a Riga, mi padre asistió a un farbrenguen del Rebe en en el cual Rebe habló sobre el poder del pensamiento. Esta charla está impresa en la primera página del Likutei Diburim, donde cita al Rebe diciendo: “El pensamiento tiene un efecto… Hace una diferencia práctica. Solo pensar en alguien de una manera positiva y profunda, esto mismo hace y genera algo."

Al escuchar esto, mi padre le preguntó al Rebe: "¿Y qué recibe de esto la persona en quien se piensa?"

"Se beneficia enormemente", respondió el Rebe.

Luego hizo una pausa y después de un rato agregó: "¿Dónde estuviste el último Sucot?" Mi padre entendió que el Rebe había estado pensando en él en ese entonces y que esos pensamientos nos sacaron de Rusia.

Al principio, tanto mi hermano como yo estábamos inscritos en escuelas judías en Riga, pero llegó un momento en que el Rebe envió a mi padre a Finlandia, donde la comunidad judía necesitaba sus aptitudes como Jazan y Shoijet. Sin embargo, después de que llegáramos allí, descubrimos que no había escuelas adecuadas para nosotros, por lo que mi padre le preguntó al Rebe qué hacer. "Envíalos de regreso a Riga", fue la respuesta del Rebe, y tuvimos que regresar allí para vivir con personas que aceptaron acogernos. Afortunadamente, nuestros abuelos también estaban en Riga.
Jana (derecha) junto a
su hermano y madre en Riga

Mientras todavía asistíamos a la escuela en Riga, una noche tuve un sueño en el que escuché a alguien, que luego llegué a creer que debía ser el Rebe, hablándome y diciéndome que mis papeles vencen y que tenía que irme a casa. Después de tener este sueño tres noches seguidas, me di cuenta de que era importante y se lo conté a mis abuelos. Dijeron que era hora de que mi hermano y yo nos fuéramos. Así que abordamos un tren para Estonia y luego un barco para Finlandia, sorprendiendo a nuestros padres cuando aparecimos en su puerta.

La semana siguiente, esto fue en julio de 1941, Hitler invadió Riga y mis abuelos, junto con otros 60.000 judíos que vivían allí, fueron asesinados por los nazis.

Pienso que debido a que mi padre nos había enviado a Riga siguiendo las instrucciones del Rebe, el Rebe no descansaría hasta sacarnos de allí a salvo. Siento que le debo mi vida, y no ha habido nada que el Rebe me haya pedido que haga después que no haría.

Permanecimos en familia en Finlandia hasta 1946, cuando el Rebe ayudó a llevarnos a Nueva York, donde había trasladado su sede. Una vez que estuvimos en los Estados Unidos, el Rebe me ayudó a encontrar un candidato compatible para matrimonio. Me envió a enseñar en una pequeña escuela en Buffalo, Nueva York, y cuando conocí a mi esposo Aharon allí, el Rebe me dio su consejo y Brajá para casarme con él.

Después de un tiempo, fuimos nombrados Shlujim del Rebe, sirviendo en varios lugares de Nueva York y Massachusetts. Al final, terminamos en Filadelfia, donde abrimos un Beit Jabad, y mi esposo dirigió una escuela judía hasta su prematuro fallecimiento en 1977. Durante nuestras tres décadas de servicio, ambos estuvimos igualmente dedicados al Rebe; no nos movíamos ni un centímetro. sin su conocimiento y aprobación. Y esto nos ha servido de mucho.

La Sra. Jana Popack y su difunto esposo, el rabino Aharon Popack, sirvieron como Shlujim de Jabad durante tres décadas, desde 1948 hasta 1977, la mayor parte de ese tiempo en Filadelfia, Pensilvania. Fue entrevistada en abril de 2012.