El rostro del médico era grave. Volvió a revisar una y otra vez la historia clínica y examinó las imágenes.
—No habrá otra alternativa. Tarde o temprano tendrás que someterte a un trasplante —sentenció—. Y es mejor hacerlo cuanto antes, antes de que tu estado de salud empeore.
Las palabras del médico llenaron de angustia al hombre que estaba sentado frente a él. Un miedo paralizante recorrió todo su cuerpo. De ser una persona sana pasó a convertirse en un 'candidato a trasplante', y de repente se vio inmerso en un nuevo mundo de términos médicos que estaban destinados a afectar toda su vida.
Eran los primeros días del mes de Elul, pero para él ya eran Iamim Noraim... Su estado de salud obligó a acelerar todos los procedimientos. Se sometió a una serie exhaustiva de estudios y, pocos días después, recibió la noticia de que había sido colocado en un lugar privilegiado de la lista de espera y que, probablemente, el trasplante se realizaría inmediatamente después de Simjat Torá.
La noticia le dio esperanza, pero al mismo tiempo lo llenó de temor. Los médicos le explicaron no solo las posibilidades de éxito, sino también los riesgos, y esos pensamientos perturbaban su tranquilidad. Sentía con enorme intensidad el significado de las palabras que pronunciamos en los Iamim Noraim: "Quién vivirá y quién morirá..."
Como jasid del Rebe de Gur, el Pnei Menajem, Rab Pinjas-Menajem Alter, fue a pedirle consejo y recibir su Broje. Con las piernas temblorosas entró en su habitación y le contó todo lo que había sucedido y lo que los médicos le habían dicho.
El Rebe se interesó por los detalles y quiso saber quiénes eran los médicos que lo habían examinado y quién sería el médico encargado de realizar el trasplante.
—Gracias a Di-s, me adelantaron y ahora estoy al principio de la lista. Beezrat Hashem, el trasplante se realizará después de Simjat Torá —dijo el jasid.
El Rebe lo miró con ojos llenos de ternura y afecto paternal.
—Un nuevo año está por comenzar. ¿Por qué tienes que preocuparte por el mañana? Con la ayuda de Hashem te recuperarás y no necesitarás ningún trasplante —le dijo.
El jasid quedó boquiabierto de asombro. Cuando salió de la habitación era un hombre diferente. Sus pasos se volvieron ligeros y, con cada uno de ellos, se desprendían de él las pesadas cargas de tensión y angustia que llevaba consigo.
—¡El Rebe me dijo que no necesitaré un trasplante! —les anunció a sus familiares con la voz entrecortada por la alegría.
Volvió a ser el hombre que había sido y se entregó a la Avodá espiritual de los días de Elul y de las Slijot, preparándose para el inminente Rosh Hashaná.
Pasó los días de Rosh Hashaná junto a miles de jasidim en el beit midrash del Rebe, en una elevación espiritual indescriptible. Sus plegarias brotaban de su corazón, pero no desde el miedo y la tensión, sino desde un lugar de alegría, fe y confianza.
Al finalizar el Iom Tev, pasó junto con la multitud de jasidim frente al Rebe para recibir su bendición de despedida.
—¿Debo cancelar el turno para realizar el trasplante? —preguntó.
—¡Por supuesto! —respondió el Rebe categóricamente.
La respuesta contundente disipó los últimos vestigios de duda que todavía anidaban en su corazón.
Con el corazón rebosante de alegría, llamó a la clínica de trasplantes y anunció que cancelaba el turno. La empleada que atendió el teléfono le explicó las consecuencias de la decisión que estaba tomando, pero el jasid se mantuvo firme y confirmó que renunciaba al turno.
Pasó los Diez Días de Teshuvá y Yom Kipur como si todo el asunto del trasplante hubiera sido un sueño lejano que se había desvanecido. Los días transcurrieron para él con una elevación espiritual que nunca había experimentado. Durante Sucot bailó en Simjat Beit Hashoevá junto a miles de jasidim.
Y entonces llegó Simjat Torá.
Estaba en el beit midrash del Rebe, esperando que este entrara al salón. El Rebe lo vio y le dijo:
—Ahora que estás sano, ¡puedes alegrarte con la Torá con mucha más fuerza y entusiasmo!
Las palabras del Rebe volvieron a encender su alma. En Simjat Torá, el día en que se suponía que debía estar lleno de tensión, preparándose para el trasplante que se avecinaba, ahora bailaba con el rollo de la Torá con el entusiasmo de un joven, empapado de sudor por la alegría de la mitzvá.
Al finalizar todo el Jag volvió a abrirse paso entre la multitud de jasidim para recibir del Rebe su bendición de despedida.
—Tendrás que someterte al trasplante —le anunció el Rebe.
El jasid quedó atónito, pero el Rebe lo tranquilizó:
—No te preocupes. Todo saldrá bien y te recuperarás rápidamente.
El jasid lo miró con los ojos muy abiertos, sin lograr comprender el sentido de aquellas palabras.
—Vi la enorme tensión en la que estabas sumido y quise levantar tu ánimo y regalarte unas semanas de tranquilidad y serenidad —explicó el Rebe.
El jasid seguía inmóvil, como clavado en el lugar.
—Pero ¿qué pasará con el turno? ¡Si yo lo cancelé! —murmuró.
—Llama y averigua si el turno todavía está disponible —respondió el Rebe, y le dio su bendición.
A la mañana siguiente, el jasid llamó a la clínica de trasplantes.
—Su turno sigue vigente —le respondieron.
Y, efectivamente, se sometió al trasplante, que resultó exitoso.
Inmediatamente después de recuperarse, fue a contarle al Rebe sobre el éxito de la operación.
—Desde el Cielo estaba decretado que debías someterte a la operación —le dijo el Pnei Menajem—, pero no estaba decretado que tuvieras que sufrir esa angustia. Por eso hice que el mes de las festividades transcurriera para ti con tranquilidad y alegría. Cuando llamaste para cancelar el turno, yo llamé al médico y le pedí que lo mantuviera vigente....
Fuente: "Pnei Menajem", tomo II. Sijat Hashavua #1862
*
A veces no podemos cambiar lo que está destinado a suceder, pero sí podemos cambiar la manera en que lo vivimos. El Rebe le enseñó que, incluso cuando el desenlace ya estaba decidido, la angustia no tenía por qué formar parte del camino.
Eso es un Rebe: ver el dolor que hay detrás de las palabras y saber cómo aliviarlo.
©JasidiNews
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