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martes, 1 de septiembre de 2026

15 de Elul - 129 años de Tomjei Tmimim



Durante los años más duros del régimen soviético, cuando estudiar Torá estaba prohibido y podía significar un verdadero peligro, un grupo de jóvenes jasidim se encontraban en Samarkand (Uzbekistán).

No tenían un edificio de yeshivá. No tenían aulas, dormitorios ni una institución organizada. Estudiaban clandestinamente, en casas particulares, tratando de mantener un seder de estudio de Torá y Jasidut a pesar de todas las dificultades.

Entre aquellos jóvenes estaba Reb Hilel Zaltzman quien años más tarde dejó por escrito sus memorias de aquellos tiempos.

En una oportunidad llegó a Samarcand Reb Mendel Futerfas.

Al encontrarse con Hilel, Reb Mendel comenzó a preguntar:

—¿Qué pasa con la yeshivá?

Reb Hilel no entendía la pregunta.

—¿Qué yeshivá? —respondió—. ¿De qué está hablando?

Reb Mendel volvió a preguntar:

—¿Qué pasa con la yeshivá?

Hilel le explicó que no había ninguna yeshivá allí. Eran simplemente unos pocos jóvenes que se habían reunido para estudiar.

Entonces Reb Mendel le dijo:

—¿Qué pensás? ¿Que una yeshive significa necesariamente un edificio, cientos de alumnos y todas las instalaciones? Si hay unos cuantos bojurim que estudian con un seder de Tomjei Tmimim [Nigle y Jasidut], ¡eso es una yeshivá!

Para Reb Mendel, la definición era muy sencilla.

Tomjei Tmimim no era un edificio. No dependía de cuántos alumnos hubiera, ni de dónde estuvieran, ni de las condiciones materiales.

Si había un grupo de jóvenes que estudiaba como un Tomim, con el seder de Nigle y Jasidut y con el espíritu de Tomjei Tmimim, allí estaba la yeshivá.

Y hay un detalle muy especial sobre el propio Reb Hilel.

Años después, en Simjat Torá, acostumbraba recibir la séptima hakafá, la hakafá de Tomjei Tmimim. Y al llegar ese momento, decía con gran emoción:
“Tomjei Tmimim, Hoshía Na!”

Su pensamiento estaba en ese momento en todos los bojurim que, como él mismo había hecho, seguían estudiando clandestinamente en distintos lugares de la Unión Soviética, luchando para mantener viva la llama de la Torá y del jasidut.

Así, aquel mismo Hillel que una vez había preguntado:
“¿Qué yeshivá?”
había llegado a comprender profundamente qué era Tomjei Tmimim.

Porque una yeshivá puede tener un edificio, aulas y cientos de alumnos. Pero Tomjei Tmimim es mucho más que eso.
Tomjei Tmimim es una forma de vida.

Es un seder de estudio. Es Jasidut. Es avodá. Es la decisión de que la Torá y el jasidut no sean solamente algo que uno estudia, sino algo que transforma quién es.

Y por eso, incluso en una casa escondida de Samarcand, bajo el régimen soviético, R' Mendel pudo mirar a unos pocos jóvenes y decir:

“Esto es Tomjei Tmimim.”


Fuente: "Samarkand", R' Hilel Zaltzman.

*

Quizás esa es la enseñanza más profunda de esta historia.

Tomjei Tmimim no está limitada a un edificio, a una ciudad ni siquiera a los años de yeshivá.
Un bojer puede encontrarse en Lubavitch, en Samarkand o en cualquier otro lugar del mundo. Si tiene un seder fijo de Nigle y Jasidut, si estudia cada día y vive de acuerdo con lo que aprende, es un Tomim con todas las letras.

Y esto no termina cuando uno deja la yeshivá. Puede llegar el momento en que el bajur se case, maneje un negocio, tenga una profesión, una familia y múltiples responsabilidades. Pero si, en medio de todo eso, cada día encuentra el tiempo para sentarse a estudiar Nigle y Jasidut, manteniendo el seder que recibió de Tomjei Tmimim, tiene el mismo derecho y el mismo mérito de llamarse Tomim.

Porque “Tomim” no es solamente el que estudió en Tomjei Tmimim; es el que lleva a Tomjei Tmimim consigo durante toda su vida.

Eso fue lo que R' Mendel Futerfas le enseñó a R' Hilel Zaltzman en Samarkand. Donde hay un Tomim, allí está Tomjei Tmimim.


©JasidiNews

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