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martes, 21 de julio de 2026

Jinuj a la próxima generación - Farbrenguens en casa

De un Farbrenguen Iud Beis Tamuz con Reb Sholom Avtzon 

Mientras que el enfoque principal de un farbrenguen de Iud Beis Tamuz es la entrega absoluta (mesirut néfesh) del Rebe Anterior por cada aspecto del judaísmo, y especialmente en todo lo relacionado con la educación de niños judíos, también es un momento para prestar atención a los cientos —y quizás miles— de jasidim que no solo pusieron sus vidas en peligro, sino que muchos de ellos pagaron un precio muy alto. Algunos fueron encarcelados, otros enviados al exilio, y hubo quienes incluso entregaron su vida por cumplir la misión que el Rebe Anterior les había encomendado.

Aquellos jasidim conocían muy bien la gran posibilidad de lo que podía ocurrirles, pero eso no alteró en absoluto su decisión. También sabían que una condena a prisión o al exilio, en muchos casos, no era más que una sentencia de muerte encubierta, ya que muchos no lograban sobrevivir a las durísimas condiciones. Quienes sí sobrevivieron lo hicieron únicamente gracias a la inmensa bondad de Hashem.

Uno de esos jasidim que pasó muchos años en las cárceles soviéticas fue Reb Shmuel (Mule) Mochkin, el hijo mayor del mashpía Rab Peretz Mochkin.

En cierta ocasión, unos amigos del hijo de Reb Mule fueron a visitarlo a su casa. Uno de ellos le preguntó con asombro:

—¿Cómo pudo vivir de esa manera, con semejante mesirut néfesh en la Rusia soviética? ¡Preso, y en Siberia!

Reb Mule respondió:

—Lo que nosotros hicimos no tenía nada de extraordinario. Estoy completamente seguro de que si cualquiera de ustedes hubiera vivido en las mismas circunstancias que nosotros, también habría actuado con el mismo mesirut néfesh. Ninguno de nosotros hizo algo excepcional.

El muchacho, desconcertado, replicó:

—¿Está diciendo que no hay ninguna diferencia entre su generación y la nuestra? 

Reb Mule respondió:

—Sí, en realidad, noto una gran diferencia. Nosotros crecimos con una pasión y un ardiente deseo por participar en un jasídishe farbrenguen, especialmente cuando era en una fecha especial en Lubavitch ('Yoma Depagra'). En los niños y jóvenes de hoy no veo esa pasión.

Ese comentario me recordó algo que escuché de Rab Shlomo Galperin. Poco antes de que el Rebe Anterior abandonara Rusia, un josid le preguntó:

—¿Qué puedo y debo hacer para transmitir a mis hijos una impresión profunda, para que crezcan comportándose como verdaderos jasidim?

El Rebe le respondió:

—Procura que los farbrenguens se realicen en tu casa, y que ellos sean conscientes de ello.

Puede que en el momento no sintamos que hayamos obtenido algo especial de un farbrenguen. Sin embargo, con el paso de los años, cada uno podrá ver con claridad los enormes beneficios que un farbrenguen produce.

*

En este contexto, resulta oportuno recordar tres consejos que solía dar el secretario principal y mano derecha del Rebe, Rab Jaim Mordejai Aizik Jadakov, a los jóvenes jatanim que estaban por formar un nuevo hogar judío.

El primero era: comprar una mesa de comedor sólida y resistente. ¿La razón? Que pudiera soportar los farbrenguens que se realizarían en esa casa. En un verdadero jasídishe farbrenguen, cuando el calor espiritual iba en aumento, no era raro que los participantes golpearan con fuerza la mesa al cantar un Nigun o incluso se subieran sobre ella para bailar. La mesa debía estar preparada para ello.

El segundo consejo era que, cuando terminara de estudiar por la noche —ya fuera Jumash, Rambam, Guemara o Likutei Sijot—, no devolviera el libro al estante. Que lo dejara apoyado sobre la mesa. Así, cuando los hijos se levantaran por la mañana para ir al jeider o a la escuela, lo primero que vean sea un sefer sobre la mesa. Sin necesidad de discursos, esa imagen les transmitiría qué es lo verdaderamente importante en un hogar judío.

Y el tercer consejo era tener siempre en la casa un sidur con un señalador colocado en la página del Kidush del Shabat de día, dejándolo al alcance de la Baleboste (la mujer de la casa). De esa manera, mientras el esposo prolongaba su Tefilá con avodá y concentración, ella podía tener el Sidur listo para hacer Kidush a los niños sin demoras. También ese detalle educa: los hijos crecen viendo que la vida del hogar gira naturalmente en torno al Davenen, la Torá, el Shabat y los farbrenguens.

No son grandes discursos ni enseñanzas teóricas. Son pequeños actos cotidianos que van moldeando el ambiente del hogar. Porque, al igual que ocurre con un farbrenguen, quizás en el momento no siempre percibamos su efecto; pero con el paso de los años, los frutos de esa atmósfera se hacen visibles en toda una generación de hijos y nietos.

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