A comienzos de la semana pasada fue el 15 de Shevat (Rosh Hashaná de los árboles), y, inevitablemente, cuando se habla del 15 de Shevat se menciona el versículo: “Porque el hombre es como el árbol del campo”, del cual se aprende una enseñanza.
La semana pasada escuché una hermosa historia relacionada con este concepto de boca de Rev Sholom Avtzon, quien la oyó directamente de Rev Zalman Yudkin ע"ה, según se la había contado Rev Moshe Rubin.
Uno de los aspectos que Rev Zalman me relató fue una conversación muy breve —un intercambio sencillo— que tuvo con su padre. Y dijo Rev Zalman que aquello le dio en su momento, y continúa dándole hasta hoy, la fuerza para permanecer un yhudi frum y jasid.
Comenzó señalando que los comunistas eran realmente expertos en moldear la perspectiva de las personas. Perfeccionaron ese arte hasta tal punto que, incluso hoy —más de cincuenta años después de que, con la ayuda de Hashem, pude salir de Rusia—, tristemente debo decir que aquellos pensamientos y filosofías heréticas que sembraron con tanto cuidado y grabaron en nuestras mentes impresionables todavía afloran. Incluso pueden aparecer mientras estoy rezando una Amidá (Shemone Esré).
Entonces surge la pregunta: si ellos fueron capaces de implantarlo con tanta fuerza, ¿cómo tuve yo la fortaleza y la capacidad de levantarme una y otra vez —cuando era un niño, luego adolescente y finalmente adulto en la Rusia comunista— y continuar viviendo ahora, en el mundo libre, como un josid?
Todo se debe a un episodio que recuerdo con absoluta claridad, ocurrido cuando era un niño pequeño.
Era pleno invierno, un invierno helado y severo. Para nuestra sorpresa, mi padre abrió la ventana, permitiendo que el aire gélido entrara en la casa, mientras retiraba la nieve y el hielo congelado del marco.
Todos estábamos confundidos. Luego de cerrar la ventana, mi padre me llamó y me dijo:
—Zalmen, ahora que la ventana está despejada y ya no hay nieve ni escarcha que bloqueen tu visión, ¿puedes ver los árboles afuera?
—Sí —respondí.
—Zalmen, ¿hay hojas creciendo en ellos? —preguntó mi padre.
—No, no crece nada.
—Entonces, alguien que mirara el árbol ahora pensaría que está muerto —continuó mi padre—. Pero, Zalmen, ¿cuál es la diferencia entre este “árbol muerto” y un animal muerto?
Sin esperar mi respuesta, contestó él mismo:
—Cuando un animal, un ave o un pez mueren, caen y ese es el final. Sin embargo, cuando un árbol “muere”, como este árbol que perdió sus hojas hace algunos meses y permanecerá así por muchos meses más, podríamos concluir que murió. Después de todo, está congelado, sin movimiento ni señal visible de vida. Pero dentro de varios meses comenzará a brotar un pequeño retoño que luego florecerá. Entonces verás que el árbol no murió; simplemente estaba en estado de letargo, como algunos animales que hibernan durante el invierno. Cuando ya no están dominados ni congelados por el frío, despiertan y viven una vida vibrante, demostrando que en realidad nunca estuvieron “muertos”.
Mi padre continuó:
—Zalmen, nosotros somos comparados a ese árbol. Sí, debemos ser cuidadosos, porque esas personas malvadas tienen el poder y la capacidad de dañarnos. Por eso, ante ellos no mostramos ninguna señal de que cumplimos silenciosamente las Mitzves de Hashem. Pero recuerda: la primavera llegará. Tal vez tu primavera llegue dentro de muchos años, cuando, con la ayuda de Hashem, puedas abandonar este país y su dominio. Hasta entonces, recuerda que eres un judío vivo y vibrante.
Concluyó Rev Zalmen: ese pensamiento me dio la fuerza para mantenerme firme, tomando cada día como un día más en el que debía ocultar mi esencia interior y verdadera: que estoy orgulloso de ser un judío que sirve a Hashem lo mejor que puede.
Una enseñanza sencilla que podemos extraer es que nunca debemos desistir de un talmid (alumno), un javer (amigo) o un compañero, ya sea actual o antiguo. Puede parecer que está “congelado” —frío o indiferente—, pero cuando un soplo de calidez llegue a él, especialmente si proviene de alguien con quien tuvo cercanía, se descongelará y se entibiará. Y entonces podremos maravillarnos ante las hermosas flores que brotarán de su vitalidad interior.
No hay comentarios:
Publicar un comentario