En la tradición de Jabad, Seudat Mashíaj de Ajarón Shel Pesaj no es simplemente una comida más de Yom Tov, sino un momento de profunda conexión con la Gueulá. Nuestros Rebes enseñaron que, en estas horas finales de Pesaj, ilumina ya una chispa de la redención futura. Por eso, participamos de manera concreta y física: comiendo matzá y bebiendo cuatro copas de vino. No es solo un símbolo, sino una vivencia real que nos impregna de emuná —fe viva— en la llegada del Mashíaj y en la inminente Gueulá.
En el año 5726(1966), Reb Avraham Popack estaba internado en estado crítico, y los médicos habían programado una operación para el día después de Pesaj. En el farbrenguen de Ajarón Shel Pesaj, el Rebe le entregó a su hijo, Reb Shmuel Aizik Popack, algunos trozos de matzá para que se los llevara.
Al día siguiente, tras comer la matzá, la operación fue cancelada y, de manera sorprendente, comenzó a recuperarse.
En ese mismo farbrenguen, el Rebe habló sobre la importancia de beber las cuatro copas, preguntando a varios presentes si habían cumplido con su “cuota”. Entre ellos estaba un joven, Avraham Moshe Daitch. El Rebe le preguntó varias veces si había bebido las cuatro copas, hasta que finalmente lo hizo, lo cual causó gran satisfacción al Rebe.
Poco después, en Shavuot, el padre del joven, Reb Shalom Yeshaya Daitch, sufrió un grave ataque cardíaco. Informaron al Rebe, quien le dio una brajá para una pronta recuperación. Para Yud-Beis Tamuz, ya estaba lo suficientemente bien como para participar del farbrenguen. Al acercarse al Rebe con una botella de mashke y decirle: “Baruj Hashem, me recuperé”, el Rebe respondió: “No te recuperaste ahora, sino en Ajarón Shel Pesaj, cuando tu hijo bebió las cuatro copas…”.
Esta historia nos permite vislumbrar hasta qué punto estas acciones —aparentemente simples— tienen un alcance profundo y real.
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En otra ocasión, el Rebe relató que su suegro, el Rebe Yosef Itzjok Schneersohn, en Ajarón Shel Pesaj, indicaba bailar el “baile de Mashíaj”. Este baile, explicó el Rebe, puede entenderse de dos maneras: como una preparación para la llegada del Mashíaj, o como un baile en el que el propio Mashíaj ya participa.
Y concluyó: si depende de nosotros, elegimos la segunda interpretación —la mejor—: que el Mashíaj baila con nosotros.
Luego, el Rebe indicó entonar el nigún “Nye Zhuritsye Kjloptsi” (“No se preocupen, amigos”) y bailar el “baile de Mashíaj”, teniendo en mente ambas ideas a la vez.
Así, la Seudat Mashíaj no queda como un concepto abstracto o lejano, sino como algo que vivimos, comemos, bebemos y hasta bailamos. Y de allí nos llevamos una certeza fortalecida: que la Gueulá no es solo una creencia, sino una realidad que ya comienza a revelarse —y que, con nuestras acciones, podemos traer de manera inmediata ממש.
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