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lunes, 12 de enero de 2026

24 de Tevet - El rayo que cayó sobre la posada vacía

🕯️ Yortzait (Yom Hilula) del Alter Rebe (Baal Hatania)


Una historia sobre el poder de la Emuná en los Tzadikim

“Aquí pasaremos la noche”, anunció el Maguid de Mezritch a los discípulos que lo acompañaban en su viaje.
La comitiva se detuvo junto a una posada de camino, propiedad de un judío, y pidió hospedarse allí durante la noche.

El dueño de la posada, un judío iere Shamaim (temeroso del Cielo), recibió a los Tzadikím con gran alegría y profundo honor. Agradeció a Hashem por el mérito que le había tocado: hospedar bajo su techo a justos y distinguidos como el Maguid de Mezritch y varios de sus más grandes discípulos.

De inmediato, el hombre se apresuró a preparar para sus huéspedes una mesa abundante con todo lo bueno, y dispuso camas para todos los miembros del grupo.
Después de que los invitados saciaron su corazón con la seudá, el dueño de la posada se acercó al Maguid y le pidió permiso para conversar con él.

El Maguid accedió, y el hombre comenzó diciendo:
“Desde hace mucho tiempo arde en mí el deseo de acudir al Rebe y pedirle consejo. Estuve a punto de emprender el viaje a Mezritch, y he aquí que el Rebe, con su propia presencia, llegó a mi casa. Por lo tanto, le ruego, Rebe, que me conceda su sabia orientación”.

Cuando el Maguid escuchó los detalles de la consulta, señaló con su dedo hacia un joven avrej de su séquito, el más joven de sus discípulos, Rabí Shneur Zalman de Liadí, y dijo al hombre:
“Por favor, ve hacia él y pídele su consejo”.
Y agregó el Maguid una frase extraordinaria:
"הוּא חָכָם נִפְלָא, בְקִרְבוֹ שׁוֹכֶנֶת נִשְׁמַת הרמב"ן, וְיִזְכֶּה לְבֵן כָּמוֹנִי, וכדבריו כֵּן תַּעֲשֶׂה."
“Es un sabio maravilloso y en su interior mora el alma del Rambán; y él merecerá un hijo como yo. Conforme a sus palabras, así harás”.

El dueño de la posada fue e hizo tal como el Tzadik le había indicado. Se acercó a Rabí Shneur Zalman y comenzó a contarle lo que llevaba en su corazón:

Durante muchos años, su sustento había provenido con holgura de aquella posada. Muchos huéspedes la frecuentaban; él los alojaba, les proveía hospedaje y comidas, y recibía un buen pago. Baruj Hashem, hasta entonces la posada había provisto ampliamente para las necesidades de su familia.
Sin embargo, últimamente los costos se habían disparado: el alquiler fue aumentado de manera abrupta y, además, se le impuso un impuesto pesado sobre sus ganancias, por lo que ya no podía sostenerse adecuadamente de ese lugar.

A raíz de ello —agregó el hombre— se le ocurrió una idea: abandonar esa posada, cuyo alquiler se había encarecido, y trasladarse a otra posada que se encontraba del otro lado del río y que en ese momento estaba desocupada. Sus costos eran más bajos y le permitirían un margen de ganancia mayor.

Rabí Shneur Zalman escuchó atentamente, reflexionó un momento y expresó su acuerdo con la idea del traslado. Incluso añadió que ello sería para bien, conforme al dicho de nuestros Sabios: 
"מְשַׁנֶּה מָקוֹם מְשַׁנֶּה מַזַּל, לְטוֹבָה וְלִבְרָכָה"
“Quien cambia de lugar, cambia su Mazal — para bien y para bendición”.

El dueño de la posada se alegró al oír estas palabras, y Rabí Shneur Zalman se retiró a su habitación.

Amaneció. Rabí Shneur Zalman se encontraba en su cuarto, dedicado a su estudio de Torá y a su servicio espiritual.
Cuando salió de la habitación, se sorprendió al ver al dueño de la posada de pie en la entrada, como si estuviera esperándolo. Al mirar a su alrededor, notó que la posada estaba completamente vacía: no había allí ninguna persona, tampoco estaban los muebles ni los utensilios que antes ocupaban el lugar.

El dueño de la posada percibió su asombro y explicó:
“Cierta vez aprendí una interpretación de las palabras de nuestros Sabios en el Pirke Avot: 
וְנֶהֱנִים מִמֶּנּוּ עֵצָה
‘y se benefician de su consejo’, que inmediatamente después de recibir un consejo de un tzadik se debe cumplir sin demorarse ni siquiera un instante. Por eso, apenas recibí tu consejo anoche, comencé a empacar todas mis pertenencias y trasladé todo el contenido de esta posada a la otra, que se encuentra del otro lado del río”.

Agregó también que el Maguid y los demás discípulos ya habían cruzado el río y lo estaban esperando allí, para que también Rabí Shneur Zalman se les uniera.

El dueño de la posada y Rabí Shneur Zalman salieron del lugar y subieron a una barca para cruzar a la otra orilla del río.

Mientras se encontraban sentados en la barca, de repente un relámpago cegador iluminó el cielo, seguido por un trueno ensordecedor. El rayo cayó de forma directa sobre la posada que habían abandonado apenas unos minutos antes. A causa del impacto, se desató un incendio feroz que envolvió la casa en llamas. En pocos minutos, el fuego consumió por completo la posada y no dejó de ella más que un montón ennegrecido.

Todos quedaron sobrecogidos ante el Ruaj Hakodesh de Rabí Shneur Zalman, y ante la fe ardiente en los Tzadikím del dueño de la posada, quien cumplió de inmediato el consejo que recibió, y gracias a ello su propiedad fue salvada del incendio.

Aquel judío, el dueño de la posada, mereció una longevidad extraordinaria. En su vejez se enteró de que Rabí Shneur Zalman —es decir, el Admur HaZakén, autor del Tania y del Shulján Aruj, y fundador de jasidut Jabad— había partido de este mundo, y que su hijo, Rabí DovBer, ocupaba su lugar en la ciudad de Lubavitch.

Aún resonaban en sus oídos las palabras del Maguid de Mezritch, quien había dicho acerca de su discípulo, el Admur HaZakén: “y merecerá un hijo como yo”. Decidió entonces emprender el viaje para ver el rostro del hijo del Rebe.

Al entrar en la habitación de Rabí DovBer, el “Admur HaEmtzaí”, el hombre quedó atónito al ver que el semblante de su rostro se asemejaba notablemente al del Maguid de Mezritch. Además, sabía que el joven Rebe se llamaba DovBer, tal como el Maguid.
Una emoción inmensa lo invadió al contemplar la asombrosa semejanza entre el Maguid y el hijo de su discípulo, hasta que cayó al suelo desmayado.

Esta historia fue relatada por el nieto del Admur HaZakén, el Tzemaj Tzedek, a sus hijos, para que aprendieran del comportamiento de aquel sencillo posadero qué significa obedecer verdaderamente el consejo de los Tzadikim y de los Rebeim.

***

La fe simple y genuina en los tzadikím no se expresa en palabras, sino en la prontitud con la que se cumplen sus consejos e indicaciones.


Fuente: “Migdal Oz”
©JasidiNews 
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